sábado, mayo 9, 2026

Brasil: el gobierno Michel Temer vive en la cuerda floja

La clase política brasileña intenta frenar la acción de la justicia, pues si no se pone freno a la Fiscalía todos serán salpicados. Estas afirmaciones salen de conversaciones entre políticos opositores a Dilma Rouseff y que son parte del gabinete o aliados del mandatario interino, Temer.

Por: Infolatam

El futuro del gobierno de Michel Temer parece que va a ser el de vivir permanentemente en la cuerda floja. Con la corrupción sobrevolando en torno a sus ministros y al propio mandatario, la economía en crisis  y su futuro político en el aire, dependiendo de la decisión del Senado sobre el juicio político a Dilma Rousseff.

La renuncia del ministro Romero Jucá hace dos semanas es solo un ejemplo de lo que puede ser el devenir de este gobierno.

El anuncio de la dimisión de Jucá tuvo lugar cuando el diario Folha de Sao Paulo difundió una grabación de 75 minutos obtenida por la Fiscalía General de la República en marzo pasado, en la cual Jucá prometió al empresario Sergio Machado “estancar la sangría de las investigaciones de la Policía Federal una vez que el gobierno interino tomase posesión”.

De este modo, Jucá habría prometido trabar la investigación de la conocida operación Lava Jato o Petrolão que lleva a cabo por la Policía Federal de Brasil.

Nuevos terremotos en ciernes

La salida de Jucá ha causado un terremoto pero con seguridad vendrán más en las próximas semanas y meses:

En primer lugar porque entre sus principales colaboradores hay otros políticos investigados por la justicia como Geddel Vieira Lima, un ejecutivo de un gran banco público que ocupa la Jefatura de la Secretaría de Gobierno.

Además, Henrique Alves, que ocupa la cartera de Turismo, José Serra, de Exteriores, y Bruno Araujo, de Ciudades (ambos del PSDB); Ricardo Barros, del Partido Progresista y titular de Sanidad y Mendonça Filho, de Educación y Cultura, así como Raul Jungmann, ministro de Defensa del PPS, aparecen citados en las investigaciones del Caso Lava Jato.


Michel Temer también ha sido señalado por testigos protegidos en el escándalo que mantiene en vilo al Brasil. Foto EFE

En segundo lugar, sobre el propio Temer sobrevuela las sospechas de corrupción.

El presidente ha sido implicado por testigos en el caso Lava Jato así como por un senador que llegó a un acuerdo de colaboración con los investigadores.

Sin embargo, no ha sido acusado de delitos hasta el momento. En sus primeras palabras a la nación, prometió apoyar la investigación de Lava Jato.

El presidente interino se refirió a las graves corruptelas en la estatal Petrobras, y aseguró en su discurso de toma de posesión que “es una referencia y, por tanto, debe tener la protección necesaria contra cualquier intento por debilitarla”.

Para Temer, “la moral pública será permanentemente buscada por los diversos métodos de control e investigación” que tiene el país, para que el que deseó “orden y progreso”, la frase escrita en la bandera nacional que “no podría ser hoy más actual”.

En tercer lugar, Temer encabeza una coalición heterogénea y poco cohesionada que le va a pasar factura por cada iniciativa que trate de aprobar. Además en el gobierno también hay serias diferencias.

El ministro Henrique Meirelles aseguró la semana pasada que necesitaba imponer un nuevo tributo: la Contribución Provisoria al Movimiento Financiero (CPMF), impuesto muy impopular para el empresariado brasileño, especialmente el del poderoso Estado de Sao Paulo.

Toda la gestión de Temer va a estar marcada por la crisis económica, las duras medidas de ajuste y por un creciente malestar que sindicatos y el PT no dudarán en alimentar.

Su colega de la secretaría General de la Presidencia, Geddel Vieira Lima, rechazó esa alternativa: “Este no es el momento para recrear el impuesto (CPMF). Pero claro, ésta es una posición personal. Si fuera finalmente propuesto, deja de ser una convicción individual y pasa a ser una postura de gobierno. Entonces hay dos alternativas: o me voy (del gobierno) o defiendo la aprobación de ese gravamen”.

En cuarto lugar, la situación de Temer a corto plazo es de gran provisionalidad. El 12 de mayo el Senado brasileño aprobó el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff por incurrir en un presunto crimen de responsabilidad sobre el cual no se han presentado pruebas.

Ahora la mandataria, que aún vive en la residencia presidencial, el Palacio de la Alvorada, está separada de su cargo por un período de 180 días.

Durante ese periodo analizarán el proceso de juicio a través de las pruebas que supuestamente vinculan a la jefa de Estado con pedaladas fiscales.

La comisión especial, integrada por 21 senadores, definirá un calendario de trabajo en el que serán escuchados los testimonios de la parte acusadora y de la defensa para la elaboración de un informe final con las conclusiones del caso. Rousseff tendría un lapso de 20 días después de ser notificada para presentar su defensa.

Y en quinto lugar, toda la gestión de Temer va a estar marcada por la crisis económica, las duras medidas de ajuste y por un creciente malestar que sindicatos y el PT no dudarán en alimentar.

De hecho, centenares de brasileños protestaron contra el presidente interino, Michel Temer, tras el primer escándalo que sacudió su Gobierno, once días después de que Dilma Rousseff fuera apartada de la jefatura del Estado.

En Sao Paulo se produjo la manifestación más numerosa, con centenares de personas, en la céntrica Avenida Paulista, donde los asistentes corearon “fuera Temer”.

Otro grupo de varias decenas de personas protestó haciendo una serenata frente a la residencia particular de Temer en Sao Paulo, a pesar de que el jefe de Estado en ejercicio se encuentra en Brasilia.

La suegra de Temer, Norma Tadeschi, salió al balcón de la residencia y pidió a los manifestantes que interrumpieran el acto para no molestar al hijo menor de Temer, Michel, de 7 años, alegando que el menor está enfermo, pero el grupo ignoró esa petición y continuó entonando sus canciones de protesta, según informaron medios locales.

En Río de Janeiro se escucharon cacerolazos en varios barrios mientras un informativo de televisión de gran audiencia relataba el caso que llevó hoy al ministro de Planificación, Romero Jucá, a apartarse del cargo

Son cinco los motivos por los que el gobierno de Michel Temer se encuentra recostado en un tembladeral y cualquiera de esos sismos, o la combinación de varios, puede dar con el ejecutivo en el suelo.

Las filtraciones de Juca y la clase política corrupta

Un alud de filtraciones de grabaciones comprometedoras puso hoy contra las cuerdas a varios dirigentes del partido liderado por el presidente interino de Brasil, Michel Temer, en cuyas conversaciones abordan formas de detener las investigaciones contra la corrupción.

Las grabaciones comenzaron a ser publicadas por la prensa el lunes, y ese mismo día le costaron el cargo al ministro de Planificación, Romero Jucá, pero las filtraciones prosiguieron toda la semana y llegaron a su auge este sábado con la divulgación de horas y horas de conversaciones.

Las conversaciones al parecer fueron grabadas y filtradas por el exsenador Sergio Machado, expresidente de Transpetro, una subsidiaria de la estatal Petrobras. Machado es uno de los acusados de los millonarios desvíos en la petrolera estatal y llegó a un acuerdo con la Justicia para denunciar a sus cómplices a cambio de la reducción de sus condenas.

En las diferentes grabaciones, divulgadas a cuenta gotas, Machado conversa con varios de sus correligionarios en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), entre los cuales están el exmandatario brasileño José Sarney y el presidente del Senado, Renán Calheiros.


En las conversaciones los dirigentes del ahora partido oficialista sobre iniciativas que pueden frenar las investigaciones sobre las corruptelas en la petrolera estatal Petrobras, de la que fueron desviados cerca de 2.000 millones de dólares en los últimos diez años. Foto: EFE

En las conversaciones los dirigentes del ahora partido oficialista hablansobre iniciativas que pueden frenar las investigaciones sobre las corruptelas en la petrolera estatal Petrobras, de la que fueron desviados cerca de 2.000 millones de dólares en los últimos diez años.

El mayor escándalo de corrupción en los últimos años en Brasil ya ha mandado a la cárcel a decenas de ejecutivos de importantes empresas constructoras y tiene bajo su mira a más de un centenar de políticos, incluyendo a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, ambos del PMDB.

El PMDB, la mayor fuerza política de Brasil y liderada por el ahora presidente interino del país, es uno de los partidos con más dirigentes salpicados por el escándalo.

La primera de las filtraciones, divulgada el lunes, obligó al ministro de Planificación, Romero Jucá, quien ejerce como presidente interino del PMDB, a renunciar en la que fue la primera crisis del nuevo Gobierno desde que Temer asumió la Presidencia el 12 de mayo para sustituir a Dilma Rousseff, suspendida del cargo mientras el Senado la somete a un juicio político destituyente.

Sarney aseguró en un diálogo que ningún político, ni los de la oposición, se salvará de ser manchado si las investigaciones prosiguen.

Machado, que al parecer ya estaba recogiendo pruebas que lo respaldaran en su acuerdo de delación con la Fiscalía, conversa con sus interlocutores sobre iniciativas que puedan ayudarlo a escapar de las acusaciones en su contra y a detener las investigaciones.

Jucá renunció tras haber propuesto en una conversación un pacto de políticos con la Corte Suprema para limitar el número de investigados por el escándalo de Petrobras.

Sarney aseguró en un diálogo que ningún político, ni los de la oposición, se salvará de ser manchado si las investigaciones prosiguen. Y Calheiros propone un proyecto de ley para impedir que las personas detenidas firmen acuerdos de delación con la Fiscalía.

Pero las grabaciones también muestran a los dirigentes del PMDB discutiendo sobre el proceso que puede costarle el cargo a Rousseff, por lo que la presidente suspendida ha alegado que los diálogos son la demostración de que fue víctima de un “golpe” planeado por los políticos que quieren frenar el combate a la corrupción.

En una conversación entre Machado y Sarney ambos concluyen que la única solución es la salida de la presidenta Rousseff.

En el mismo diálogo ambos sugieren que el escándalo también salpicará a la oposición y a la propia Rousseff, que supuestamente admitió que su campaña pudo haber recibido donaciones ilegales de empresas que se beneficiaron de los desvíos de Petrobras.

En otra conversación, Jucá revela que la principal formación de oposición, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), inicialmente se resistió a la posibilidad de que Temer asumiera la Presidencia pero que terminó aceptándolo ante algunas concesiones prometidas por el PMDB.

Una de las características comunes en los diálogos son las fuertes críticas a la Justicia y a la Fiscalía por sus avances en las investigaciones sin ningún freno y la discusión de posibles interlocutores que pueden ser usados para intentar un posible acceso a algunos de los magistrados de la Corte Suprema.

Infolatam

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