miércoles, octubre 28, 2026

Navi Pillay, Premio Nobel: una vida dedicada a los derechos humanos y la justicia internacional

La jurista Premio Nobel de la Paz, 2026, ha estado a la altura de los tiempos, defendiendo el orden jurídico global, demostrando que la ley internacional no es una abstracción, sino una herramienta para lograr la paz.

Por: María del Carmen González Cabal

Con gran alegría se ha recibido la designación del Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista de origen indio Navi Pillay, nacida en 1941 en un barrio pobre de Durban, Sudáfrica, formada como abogada en la Universidad de Natal, quien vivió en carne propia la discriminación y el oprobio del apartheid. Durante cincuenta años, Pillay tuvo una labor muy destacada en la rendición de cuentas de los crímenes atroces que violan los derechos humanos y en el combate a la impunidad. Entre otros cargos, fue jueza de la Corte Penal Internacional (2003-2008), alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2008-2014) y jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia, designada en 2019 para el caso de Gambia contra Myanmar.

La historia de vida de la nueva laureada es digna de ser resaltada, puesto que desde niña supo condenar la injusticia y poner todo su mejor esfuerzo para estudiar, ser abogada y defender las causas más difíciles en materia de los derechos humanos. En 1967 abrió su propio despacho y ejerció como abogada para defender a los presos políticos opuestos al apartheid, inclusive a aquellos recluidos en Robben Island, donde estaba encarcelado el líder Nelson Mandela.

Pillay ha ocupado altos cargos como jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica y en 1995 fue nombrada jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), que presidió entre 1999 y 2003. Con sede en Arusha, Tanzania, el tribunal tenía competencia para juzgar el genocidio y otras graves violaciones del derecho internacional humanitario cometidas en Ruanda, así como determinados crímenes cometidos por ciudadanos ruandeses en países vecinos, durante 1994.

El Premio Nobel de la Paz ha adquirido un significado más profundo y, lejos de ser solamente un reconocimiento de logros muy destacados, es también un símbolo de resistencia moral, un recordatorio del deber ser.

La jueza Navi Pillay desempeñó un papel destacado en el desarrollo de la jurisprudencia que reconoció que la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir actos de genocidio cuando existe la intención específica de destruir a un grupo protegido. El referido Tribunal concluyó con sentencias contra los crímenes cometidos por las autoridades de Ruanda en los países vecinos, tales como genocidio, crímenes de lesa humanidad, violaciones a los Convenios de Ginebra y del Protocolo Adicional II.

Los 62 criminales de la élite del régimen de Ruanda que cometieron los mencionados crímenes están cumpliendo sus sentencias de cadena perpetua en cárceles de Benín o Senegal. Sin embargo, no hubo reparaciones económicas para las víctimas sobrevivientes. Eso se debe a que el TPIR no contemplaba dichas reparaciones económicas, como ocurre actualmente con las víctimas de los casos juzgados en la Corte Penal Internacional.

En su calidad de presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado e Israel, el 28 de octubre de 2025, la Dra. Pillay presentó ante la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas las conclusiones de una investigación que determinó que el Estado de Israel había cometido actos de genocidio contra la población palestina en Gaza. El informe es muy amplio y establece responsables directos de este crimen.

Si bien el Premio Nobel de la Paz 2026 es un justo reconocimiento a la sacrificada y valiente labor de la destacada jurista Navi Pillay en favor de la paz y de los derechos humanos, también constituye un espaldarazo a la rendición de cuentas ante la justicia internacional, en una época de tantos conflictos geopolíticos, de abuso de poder, de violación de los principios fundamentales del derecho internacional, de falta de cooperación entre las naciones, de combate manifiesto a las instituciones internacionales, en particular a la Corte Penal Internacional.

Con esas referencias, el Premio Nobel de la Paz ha adquirido un significado más profundo y, lejos de ser solamente un reconocimiento de logros muy destacados, es también un símbolo de resistencia moral, un recordatorio del deber ser, que llama a la reflexión de la comunidad internacional, que debe avocarse a la estructuración de un nuevo sistema internacional, que no puede quedar al arbitrio de los más fuertes, sino que tiene que estar basado en reglas, para conseguir la paz, la seguridad, el desarrollo de las naciones y la defensa de los derechos humanos.

Navi Pillay ha estado a la altura de los tiempos, defendiendo el orden jurídico global, demostrando que la ley internacional no es una abstracción, sino una herramienta para lograr la paz. Se trata de un triunfo colectivo para quienes sufren el embate de la fuerza bruta y la impunidad. Por ello, la Dra. Pillay ha dedicado este galardón a los sobrevivientes de los crímenes internacionales y a todas las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

*Embajadora del Ecuador (SP)

 

María del Carmen González Cabal

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