La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) advirtió al continente que el crimen organizado y la impunidad ante las agresiones de todo tipo amenazan al periodismo ecuatoriano. Con fuerza, exigió al Estado garantizar la seguridad y frenar presiones institucionales.
Recogió casos de acoso y hostigamiento que han nacido de las entrañas del propio Gobierno de Daniel Noboa, como los ocurridos a Gisella Bayona, diario Expreso y Hernán Higuera. Hay una decena de periodistas exiliados por el crimen organizado y la inseguridad.
La SIP pidió, revelando internacionalmente malas prácticas estatales, que se garantice un acceso no discriminatorio a las fuentes oficiales y que los organismos estatales dejen de interferir en decisiones editoriales.
Por eso es impensable que el presidente Daniel Noboa y Julio José Neira, el superministro y mano derecha del Mandatario, no sepan el peligroso juego que han iniciado contra los medios de comunicación. Sus ironías, burlas y acusaciones son parte de un libreto que ya se conoce.
Es impensable que no sepan que el país ya vio ese tipo de ataques a los medios en la época del correísmo, cuando ese régimen autoritario y en varios aspectos e instituciones radicalmente corrupto, aplastó a periodistas y medios de comunicación de todos los tamaños y tendencias.
Es impensable que Daniel Noboa y J.J. Neira desconozcan que el atacar al periodismo y a la prensa no era el fin en ese entonces. El fin era limitar la libertad de expresión a todas las voces críticas y, especialmente, silenciar las ideas y las denuncias de casos de corrupción en contra de ese régimen. Pero también a las voces de la sociedad civil y de la política que eran fuentes de información de la prensa.
Es impensable que Noboa y Neira no sepan que el correísmo avanzó en ese propósito, pero las mayores organizaciones de defensa de la libertad de expresión del mundo, como la misma SIP, lo señalaron como un régimen autoritario y perseguidor de las ideas.
Es impensable de que ambos no se hayan enterado que los alfiles correístas que eran los verdugos de los medios hacían más de lo que les pedían por ese subidón que da el poder. Y que muchos terminaron fuera del país luego de huir por procesos penales abiertos, precisamente, por los abusos cometidos, entre ellos silenciar a la prensa para hacer sus pillerías.
Es impensable que Daniel Noboa y J.J. Neira, con el enorme poder que tienen en sus manos, quieran repetir un abusivo libreto que, al final, falla. Siempre falla. Que parece muy efectivo en un inicio, pero que con el tiempo solo es un torpe tropezón que suele venir acompañado del señalamiento de abusos a los derechos humanos y de delitos que jamás se van de sus historias.
Es impensable que los dos quieran a los medios de rodillas cuando el propio presidente Daniel Noboa se comprometió a respetar, con su firma, las declaraciones de Salta y de Chapultepec, con las que se protege al periodismo, los medios y la libertad de expresión. Incluso, envió un mensaje a la misma SIP comprometiéndose a respetar al periodismo libre.
Es impensable que nazca el ataque desde Carondelet, a menos que quieran repetir la historia, pero de lado y lado, conseguir la sumisión de algunos -nunca es de todos- con golpes y persecuciones a periodistas como lo hizo el correísmo. Pero también los señalamientos internacionales por autoritarios y el descubrimiento de los verdaderos motivos para intentrar acabar con la libertad de expresión.
El presidente Daniel Noboa puede tomar el exhorto de la SIP y proteger totalmente al periodismo y la libertad de expresión.
