martes, agosto 11, 2026

La Odisea de Christopher Nolan, un caballo de tres patas          

No es que sea una mala película, es que el gran Nolan se alejó del poema de Homero para entregarnos su versión hollywoodense. Lo que se ha filmado bajo su experto ojo, es la adaptación de la extraordinaria obra homérica, repleta de prodigiosas aventuras, y lo ha hecho para el mundo de hoy.

 

Por: Betty Aguirre-Maier

La Odisea de Christopher Nolan es un espectáculo fílmico árido, vacío de emociones, cuya extraordinaria producción no fue suficiente. Su película se asemeja al caballo de tres patas —porque una la tiene levantada— imposible de sostenerse y al que hay que arrastrar desde la playa con enorme esfuerzo. Las cuatro ruedas bajo sus patas, como siempre nos lo hemos imaginado, habrían permitido verlo en todo su esplendor y lograr con ello una entrada triunfal a Troya. Así también, el pobre Odiseo y sus soldados esperarían tranquilos en sus entrañas, en lugar de experimentar terribles golpes. Y no es que sea una mala película, es que el gran Nolan se alejó del poema de Homero para entregarnos su versión hollywoodense. Lo que se ha filmado bajo su experto ojo, es la adaptación de la extraordinaria obra homérica, repleta de prodigiosas aventuras, y lo ha hecho para el mundo de hoy.

Odiseo, aunque preferiría llamarlo Ulises, porque ese es su nombre, podría ser cualquier hombre que viaja en el Metro de Nueva York o que vaga por las calles de Buenos Aires o Palestina. Matt Damon interpreta a un personaje sin una gota de humor, astucia, candor o sensualidad. El Odiseo de Nolan es un hombre malhumorado, serio, que no ríe, que no engaña, que no reflexiona, y que no enamora. El hombre simple, como ha titulado Emily Wilson, traductora de la obra, a su artículo sobre la película de Nolan, de tres horas (innecesarias), contraría al poema de Cavafi, Ithaca, que empieza así:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

En la película, lo que vemos es a un Odiseo amargado, en constante lucha, siempre agobiado y con la sola idea de volver a Penelope y a su hijo Telémaco. Nolan nos abstiene de momentos extraordinarios que nos harían soñar y sonreír como cuando leemos a Homero. Por ejemplo, él director deja fuera de su versión la llegada de Odiseo a la isla de Esqueria, el hogar de la princesa Nausica, hija de la reina Arete y del rey Alcínoo, y su extraordinaria hospitalidad, lo que los griegos llamaron la xenia, la Ley de Zeus. En este episodio, Odiseo, sentado frente al rey y su corte, relata una gran parte de sus aventuras. Es el gran narrador que les ha traído historias fantásticas; a cambio los feacios le entregan un barco para que siga su viaje. Pero en la película no hay cabida para escenas como éstas, porque, digamos en Nueva York, nadie te abriría las puertas de su casa para alimentarte y darte unas monedas para que continúes el viaje. Al evitar mencionar escenas esenciales a la historia, Nolan también está hablando, indirectamente, de los prejuicios impuestos a otros pueblos, “los pueblos del Mar”, de bárbaros que no se conducen con los valores y la cultura de la civilización griega. Aquí hay mucha tela para cortar, pero ese sería otro artículo.

El gran Nolan se alejó del poema de Homero para entregarnos su versión hollywoodense: un espectáculo fílmico árido y vacío de emociones.

Otro evento ausente en la película del que Nolan y del que Wilson también habla en su artículo y con cuya opinión estoy de acuerdo, es el episodio de Polifemo, él ciclope. El pobre monstruo de Nolan no habla, no cocina, no vive, es solamente la imagen de un ser devorador con la mirada perdida como el del cuadro de Goya, “Saturno devorando a sus hijos”. Nolan nos deja sin esa maravillosa escena cargada de un punzante humor cuando Polifemo le dice a Odiseo que su nombre es “Nadie” con lo cual, al momento de ser cegado y clamar por ayuda, los otros cíclopes se quedan tranquilos pues “Nadie” le ha hecho daño. Como dice Wilson: “Al gigante tuerto y gruñón de Nolan se le trata como a una “cosa”; apenas habla, no se emborracha y no tiene vecinos ni una oveja favorita”. Conmueve su dolor y su decepción de haber sido engañado y lastimado por extraños, así lo veamos devorándolos con frialdad absoluta.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría! –
a puertos nunca vistos antes.
 

En la primera versión infantil de La Odisea que leí en la escuela, no había escenas eróticas o románticas, pero sí las hay en la robusta versión de Homero. Mientras miraba la película en una sala IMAX con atronador sonido que hasta el piso vibra cuando Odiseo se enfrenta a los peligros, me preguntaba en donde están esos instantes de Odiseo con la bella ninfa Calipso con quien vive siete años. En la película, la relación que mantienen es puramente dolorosa. Nolan desperdicia la belleza de la actriz Charlize Theron. Según Homero, la relación es compleja, pero el guerrero y la ninfa son amantes y su permanencia en la isla, a pesar de su nostalgia, se debe a los cuidados amorosos que ella le otorga. La inolvidable noche de pasión entre Calipso y Odiseo antes de partir hacía Ítaca, se queda en las páginas de la obra. De igual manera sucede con Cirse, interpretada por Samantha Morton, quien nos recuerda a una bruja malvada y no a la hechicera que habita la isla de Eea. Como dice Wilson, “es una especie de Baba Yaga en una cabaña al estilo de Hansel y Gretel”. La escena de la transformación de los cerdos nos recuerda más a una violenta cirugía plástica que a un hechizo. De Cirse no sabemos nada, es un personaje más, femenino, que solamente aparece para darle sentido al viaje de Odiseo. Según Homero, Odiseo permanece un año junto a Cirse, son amantes, él disfruta su estadía y finalmente se marcha.

En la película, Odiseo lleva con él una minúscula estatua de Penelope que le ayuda a recordar que debe volver a Ítaca. En el poema de Homero, Penelope es mucho más que la esposa fiel de Odiseo y su relación entre la pareja es el eje emocional de la historia. Aunque pasan 20 años separados, su amor sobrevive. Homero la presenta como una mujer inteligente, astuta, prudente, fuerte y capaz de gobernar el hogar durante veinte años en ausencia de su esposo. Cuando Odiseo finalmente regresa, Penelope lo somete a dos pruebas sabiendo que podría no ser su amado. La primera prueba es tensar su arco y la segunda es amatoria, es la escena de la cama en el árbol cuando Penelope ordena a sus sirvientes:

—Preparen la cama de Ulises fuera de la habitación.

Pero Odiseo responde lo que ha de finalmente calmar el corazón de su amada:

—¿Quién ha movido mi cama? Eso es imposible, a menos que un dios lo haya hecho.

Si Nolan la hubiese tomado en cuenta, esta escena —esencial para el final de la aventura-— nos habría quedado en la retina la entrañable imagen del robusto olivo que Odiseo decidió utilizar como el pilar central del dormitorio. En el poema de Homero, Odiseo talla el tronco y, alrededor de este construye la habitación matrimonial. Después fabrica la cama directamente sobre ese tronco, decorándola con oro, plata y marfil.

Nolan despoja a figuras como Calipso o Circe de su complejidad mítica para reducirlas a roles planos, desperdiciando el talento de actrices como Charlize Theron

El elemento de lo cotidiano está ausente en la película, como las pruebas de Penelope, o como la sopa que prepara la princesa Nausica mientras le dice a Odiseo que quiere enamorarse y casarse con alguien como él, o la de Polifemo jugando con su oveja favorita. Nolan las evita y nos devuelve la imagen que captura su lente, la de un mundo en el que hay poco tiempo para el goce, en el que hemos perdido el gusto de lo simple, lo lento, lo humano.

Benny Safdie como el rey Agamenón luciendo su imponente casco negro en la adaptación épica La Odisea, dirigida por Christopher Nolan. Universal Pictures

Las contradicciones morales son evidentes de la mano de Nolan como lo anota Wilson en su artículo. En la película, masacrar personas mediante el engaño, la tecnología y las armas se presenta como algo negativo cuando los griegos matan a los troyanos que han violado la xenia pero como algo positivo cuando Odiseo mata a los pretendientes, que también han violado dicha norma de hospitalidad. Toda acción violenta de Odiseo y sus hombres es positiva y está justificada, a diferencia de las acciones de aquellos pueblos en tierras extranjeras. Es positivo robar y herir al cíclope, comer el ganado del Sol, etc. Lo observamos en la escena de la llegada de Odiseo a Ítaca. Nolan deposita en este episodio una enorme carga de violencia y aniquilación de los 108 pretendientes que asedian a Penelope. Ahí una contradicción, es positivo cuando Odiseo masacra a estos hombres por preservar su riqueza, su reino, pero no cuando Agamenon hace lo mismo. La masacre de los pretendientes es una escena larguísima de venganza y muerte, over and over, bastante aburrida y que deja la sensación abrumadora y dolorosa de las guerras que vive el Mundo, aunque mucho peores.

En su artículo, Wilson menciona otro problema ético que encuentra en la película de Nolan. La película rodada en el territorio ocupado del Sahara Occidental, en el que habita el pueblo saharaui, normalizando así la violencia que su gente sufre. Quiero ir más allá, pienso que haber filmado la película en esta región de impresionante belleza como telón de fondo, es la representación misma de los territorios ocupados por potencias poderosas, a los que primero se los deja en ruinas y luego se los coloniza. Nolan es un experto cineasta, culto, con una gran trayectoria, por lo tanto, no es ajeno a la historia de esta región asfixiada por el colonialismo. La intención de filmarla ahí es algo que Nolan deja a nuestra interpretación. Quizá por ello, a lo largo de la película, Odiseo recuerda el asalto a Troya con ese caballo imposible de imaginar y a esos troyanos sin rostro de máscaras adustas, quitándoles así todo rastro de humanidad, como se ha hecho con el pueblo saharaui que ha quedado dividido y no reconocido.

Para quien no ha leído La Odisea, seguramente la película de Nolan es extraordinaria, y para quienes lo hemos hecho, también lo es por su impecable producción. Todos celebramos que un texto fundamental y “fundacional” de la civilización Occidental, sea devuelto a la conversación, a la curiosidad. Las editoriales y librerías están haciendo su agosto. Eso en estos tiempos es un logro y es necesario, hay que volver a la lectura. Como dice Wilson y estoy de acuerdo, quizás la película convenza a algunos administradores universitarios de no recortar sus departamentos de literatura, idiomas e historia. Lo que no es loable, es la fría, y nada profunda interpretación de Nolan a un texto que seguramente lo leyó con emoción cuando asistía a sus clases de Filología Inglesa en el University College de Londres.

A pesar de sus fallas, es un logro que la película devuelva un texto fundamental a la conversación y reactive el interés por la lectura de los clásicos

Dejar a Odiseo como un simple caudillo cuya violencia se justifica a través de la imagen de un hombre de nobles propósitos, sin cuestionar la agresión ni las muertes, es distinta a la propuesta de Homero en la obra, ya que a lo largo y al final de la aventura, Odiseo carga con la culpa del dolor causado. La película no deja ninguna enseñanza sobre los horrores de la guerra y sus víctimas; como dice Wilson: “No aporta nada convincente sobre el tiempo, la memoria, la historia, la guerra o la relación entre el glorioso regreso de un guerrero y las vidas de su familia, adversarios, compañeros de armas, amigos y vecinos. Carece de profundidad psicológica, emocional, política y ética.”. Lamentablemente, su extraordinaria producción, impecable actuación e impresionante fotografía no fue suficiente, pues pudo haberse alzado triunfante en la pantalla si no fuera porque le falta esa pata que hace cojear al caballo que los troyanos arrastran por la arena. 

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.”

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Artículo de Emily Wilson.

https://www.lrb.co.uk/the-paper/v48/n14/emily-wilson/an-uncomplicated-man

 

 

Betty Aguirre-Maier

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