Hay que darle las gracias a Lucio Gutiérrez por su desparpajo. Su propuesta de armar una chapuza electoral con toda la fauna política ecuatoriana desnuda por completo la verdadera naturaleza de la política nacional. Una combinación tóxica de candidez, hipocresía y oportunismo pretende salvar al país de la inoperancia del actual gobierno.
¿Qué puede juntar al partido Socialcristiano, a Sociedad Patriótica y a la Revolución Ciudadana en un pacto para las próximas elecciones? En primer lugar, la aspiración de conservar o acceder a la teta del Estado. De lado quedarían las inquinas personales, las descalificaciones mutuas, las posturas ideológicas (si las hay). Parafraseando al célebre rey francés Enrique IV, protestante de cepa que inmortalizó su decisión de convertirse al catolicismo con la frase París bien vale una misa, con el único propósito de ser coronado, acá podríamos decir que Carondelet bien vale una orgía.
Pero hay otros elementos que no por secundarios carecen de importancia. Las tres tiendas políticas en mención son devotas de una de las peores aberraciones de la política: el control de la justicia. Hace cuatro décadas León Febres Cordero inauguró —e instituyó— esta práctica como la opción más efectiva para ejercer el poder por fuera del Ejecutivo. Siguiendo sus pasos, Lucio Gutiérrez optó por una maniobra, la Pichicorte, que no le funcionó por burda. Luego de un tiempo, Rafael Correa no ocultó sus pretensiones con el anuncio de que iba a meterle mano a la justicia con la consulta de 2011.
Los pactos contra natura, aunque sean en apariencia, son parte de la historia nacional. Únicamente se necesita activar las teclas de las coincidencias entre distintos para que se produzcan. El pacto mordoré de 1968, que juntó a velasquistas, cefepistas y liberales con el propósito de allanar el camino del Profeta a la presidencia, quedó glorificado desde la ironía cromática. Y funcionó hasta que los compadres empezaron a sacarse los ojos.
¿Qué teclas en común tienen gutierristas, correístas y socialcristianos? El caudillismo autoritario, la relativización de las leyes, el nepotismo, una ausencia total de ética, casos de corrupción por montones… Suficientes ingredientes como para que un pacto de la envergadura que propone Lucio Gutiérrez cuaje. Y todo bajo la seductora consigna de que hay que sacar del poder a Noboa.
Todavía está por verse si la iniciativa prospera. Ante la suspensión del registro electoral del correísmo, las condiciones lucen favorables, sobre todo por la cantidad de candidatos locales que aspiran a llegar a un carguito público. El rato de los ratos, ni las admoniciones atronadoras del líder prófugo servirán para frenar los amarres. Y ahí aparecerán los partidos de alquiler, indispensables para estos chanchullos.
Abril 9, 2026
