A bordo del taxiruta camino a Ambato, Yanera Constante revisó su celular, estaba cansada y con un hambre atroz, no tuvo tiempo ni para almorzar en Quito. Abrió su Quipux y vio la notificación a las seis de la tarde: su partida de trabajo había sido suprimida. Su mundo se cayó, y lo primero en lo que pensó fue en Giovanna.
Siete días antes, 24 de julio de 2025, el gobierno ecuatoriano había anunciado un plan de optimización del Estado, que incluyó la fusión de ministerios y la desvinculación de 5.000 funcionarios públicos. Uno de ellos fue Yanera.
—Al ver esa notificación perdí todas las ganas de alimentarme y desde ahí comenzó otro sufrimiento, otro dolor adicional al que llevo por 15 años buscando a mi Giovannita.
El día de su despido, Yanera llegó a Quito temprano, entró a la Universidad Andina Simón Bolívar y subió al aula O-42 del cuarto piso para el foro Diálogo por la memoria y la justicia ante las desapariciones en Ecuador: competencias y desafíos de la normativa. Entró al aula, saludó con otros familiares de personas desaparecidas que esperaban a los representantes de Fiscalía y del Ministerio del Interior y se sentó. Tenía puesto un buzo blanco, lo estiró de las puntas hacia abajo para que se vea el rostro impreso de cuando Giovanna tenía 19 años y cómo sería ahora que cumplió 34. En el buzo se lee: Desaparecida en Ambato, desde el 4 de diciembre de 2010. ¡Hasta encontrarte Giovanna!
«Que no cuentan con el presupuesto para la búsqueda de personas desaparecidas», reconoció el representante de la Fiscalía sentado en la misma fila que Yanera. «Que varias exhumaciones se han realizado con el apoyo de los propios familiares. Que no hay una actuación unívoca en los fiscales que asumen casos de desaparecidos», dijo.
La representante del Ministerio del Interior continúo con su presentación de diapositivas:
«Que hay un vacío legal en la normativa. Que están unificando las estadísticas. Que están trabajando en la prevención de desapariciones. Que están reuniéndose con los familiares».
Cada palabra, cada dato, cada cifra, cada justificación no lograba responder la única pregunta de los familiares ¿Dónde están sus seres queridos?

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Con el Decreto Ejecutivo N°60, el presidente Daniel Noboa formalizó la reestructuración y estableció la reducción del número de ministerios de 20 a 14, así como la disminución de 9 secretarías a 3. Ese mismo día, la portavoz de Carondelet, Carolina Jaramillo, en rueda de prensa, anunció el despido de 5000 funcionarios bajo criterios de eficiencia. “Tiene que ver con la eficiencia, el Gobierno nacional se ha planteado tener un Estado eficiente que brinde servicios públicos de calidad”, dijo desde el podio en el palacio presidencial. La medida no afectaría a médicos, enfermeras, maestros, policías y militares, se anunció oficialmente.
Yanera algo escucho, pero nunca imaginó que la despedirían.
—He tenido en mis evaluaciones siempre una calificación de excelencia. Siempre he estado con un promedio de 93 a 97 puntos sobre 100— dice, buscando entre sus papeles un oficio del IESS:
De mis consideraciones:
En atención al memorando N° IESS- (…) de fecha 26 de marzo de 2025, en relación al asunto “SERVIDORES QUE OBTUVIERON EXCELENTE EVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO 2024 PARA EL EFECTO MULTIPLICADOR, donde realiza el siguiente requerimiento: (…) Una vez revisada su evaluación de desempeño, que corresponde a la escala de EXCELENTE, solicitó (…)
Con esa evaluación, Yanera capacitó a diez compañeros de trabajo como parte del efecto multiplicador, mientras cumplía sus funciones como oficinista en la Coordinación de Afiliación y Control Técnico de la Dirección Provincial del IESS de Tungurahua, donde trabajó junto a dos compañeros atendiendo de 30 a 40 trámites diarios, que se repartían de forma equitativa.
Fue en el 2007 cuando Yanera ingresó a trabajar en la Dirección Provincial. 137 personas participaron en el concurso de méritos y oposición para entrar. Yanera recuerda que estaba en séptimo semestre de la carrera de Contabilidad y Auditoría en la Universidad Técnica de Ambato cuando postuló a la vacante de oficinista. El requisito era ser bachiller. Dio las pruebas y ganó el concurso externo.
—Este trabajo me lo gané yo— dice Yanera alzando la voz. —No me lo dio ningún presidente ni ningún político—.
Aunque se graduó de ingeniera en Contabilidad y Auditoría y estudió una maestría en Gestión de Proyectos, nunca ejerció. En el IESS trabajó en diversas áreas desde el Centro de Atención Universal, la Coordinación de Cartera y Coactiva hasta en la Coordinación de Afiliación y Control Técnico. Ahora está coordinación cuenta con una sola persona, dos partidas fueron eliminadas. El argumento: duplicidad de funciones.
—El despido fue a dedo, sin hacer un análisis técnico porque nosotros de la Coordinación de Afiliación solo somos tres funcionarios, de los tres suprimen a dos de nombramiento y solo queda una persona. Humanamente es imposible que una persona pueda cumplir con el trabajo— dice Yanera, sosteniendo en sus manos una carpeta con certificados de sus evaluaciones, oficios de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas (Asfadec) dirigidos al Ministerio del Trabajo y al Ministerio de Gobierno, que absorbió al Ministerio de la Mujer y Derechos Humanos. También un oficio a la Dirección Nacional del IESS solicitando que se revea esta decisión, tomando en cuenta su derecho al debido proceso y al trabajo garantizado en la Constitución y su derecho a no ser revictimizada, estigmatizada y discriminada, amparada en la Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas.
—He trabajado 18 años y el Estado doblemente me sigue matando en vida, ahora al quitarme la dignidad de mi trabajo, al quitarme mis recursos para seguir en esta lucha por encontrar a mi hija porque cada viaje que se hace a Quito, las marchas, los plantones para exigir respuestas a escala nacional e internacional los cubro.
Yanera no ha tomado vacaciones. Cada día que salió a un plantón, a la fiscalía, a la caravana de las madres buscadoras buscando una pista, un rastro, una huella se descontó de sus vacaciones.
Yanera la llamó una, dos, tres, cuatro, cinco y muchas veces más, tantas que dejó de contar y Giovanna no contestó. En la noche la buscaron en el cine, en salas de diversión y en las morgues, pero tampoco la encontraron.
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Parece que nos mira con sus ojos color café. Esa mirada que ha dejado el portarretratos familiar y desde hace 15 años recorre casi todas las provincias del país. Esa mirada profunda de Giovanna, esa mirada capturada en una foto que reposa sobre la mesa de Yanera, pero también en los afiches del Ministerio del Interior con la palabra: desaparecida, Giovanna Paulina Pérez Constante.
Giovanna, única hermana de Denisse. Hija de Yanera y Mauro. Abanderada de la escuela Santo Domingo de Guzmán. Amante de los deportes extremos, mujer segura. Valiente.
Fue un viernes, 3 de diciembre del 2010. Giovanna cursaba el tercer semestre de la carrera de Administración de Negocios en la Universidad Técnica de Ambato. Pidió permiso para ir a una fiesta de cumpleaños. Su mejor amiga y su prima también irían a la reunión de amigos. Esa tarde fue la primera vez que vio a Andrés L., principal sospechoso de la desaparición de Giovanna. Los dos intercambiaron sus números de celular.
El sábado 4 de diciembre, Andrés se puso en contacto con Giovanna. Ella estaba camino a la Unidad Educativa Rodríguez Albornoz, donde estudiaba su hermana Denisse.
—En horas de la tarde Giovannita se comunicó conmigo y me contó que le invitaron al cine, un chico que había conocido el día anterior en una reunión de amigos. Después de esa conversación no volví a hablar con mi hija— dijo Yanera en su testimonio publicado en la revista Línea de Fuego.
Yanera le llamó una, dos, tres, cuatro, cinco y muchas veces más que dejó de contar y Giovanna no contestó. En la noche la buscaron en el cine, en salas de diversión y en las morgues, pero tampoco la encontraron.
Intentaron presentar la denuncia por desaparición el sábado mismo, pero los policías no la receptaron: debe esperar 48 horas, le dijeron, aunque las primeras 24 horas son decisivas en la búsqueda de una persona desaparecida. El lunes finalmente aceptaron la denuncia.
—Nos asignaron un agente para iniciar las investigaciones, pero el principal sospechoso suspendió su línea telefónica, cerró su cuenta de Facebook, incluso dicen que se despidió de su enamorada y le ha dicho que va a regresar después de cuatro años—. Dice Yanera que esta información la obtuvo después de varias investigaciones que ha impulsado la propia familia.
Yanera descubrió que el sábado 4 de diciembre, Andrés llamó a Giovanna en la mañana a las 10:45, a las 5:31 de la tarde y finalmente a las 5:38. Además, le escribió 15 mensajes de texto desde las 8:15 de la mañana y el último a las 5:39 de la tarde.
La Fiscalía de Soluciones Rápidas llamó a Andrés a rendir su versión libre y voluntaria por dos ocasiones, pero él no acudió a ninguna. Ocho días después de la desaparición de Giovanna, la familia de Andrés reportó que él había desaparecido. La última vez que lo vieron fue en la sala de su casa.
Yanera descubrió en el 2018 que, durante los primeros ocho años de investigación del caso, la familia de Andrés conoció mediante los funcionarios judiciales todos los actos administrativos que se hacían para encontrarlo.
Que huyó piensa Yanera. Y que lo hizo con el apoyo de la familia que se ha ido de apoco a vivir fuera del país.
La investigación de Giovanna suma más de 50 expedientes con 100 hojas cada uno, sin embargo, para Yanera el número no representa efectividad, muchas pericias se hicieron tardías como el allanamiento a la casa o la recuperación de la computadora que se hizo tres años después de la desaparición de Giovanna.
—Logramos recuperar esa computadora, pero ya había sido manipulada, ya no se pudo sacar ninguna información.
Pero no solo fue tardía la diligencia. Yanera descubrió en el 2018 que, durante los primeros ocho años de investigación del caso, la familia de Andrés conoció mediante los funcionarios judiciales todos los actos administrativos que se hacían para buscarlo.
—Ellos siempre estuvieron un paso adelante. Conocían de cada una de las actividades que íbamos hacer para encontrar a Giovanna. Esto fue denunciado al Consejo de la Judicatura, pero no pasó nada los fiscales y secretarios siguen en sus trabajos.
Ese mismo año, Yanera decidió demandar al Estado ecuatoriano por su falta de respuestas ante la CIDH, que admitió el caso y en su informe de admisibilidad de 2022 le recordó al Estado ecuatoriano: “su obligación de impulsar una investigación de oficio en los casos de desaparición de personas, como un deber jurídico propio, y no pueden reposar esta carga en la iniciativa de los familiares”.
Ahora, el caso está en la fase de análisis de fondo en la CIDH, mientras en la Fiscalía la investigación está en manos del fiscal número 12 y agente policial 14.
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No puede dormir bien. Tampoco come adecuadamente. Sale a correr un día a la semana o hace bicicleta, lo que en algo ayuda a mantener la mente ocupada. Estas semanas, Yanera está redactando oficios, cartas y organizando la información que debe entregar al IESS ante su notificación de despido. Analiza presentar una acción de protección.
Le faltan tres años para jubilarse. Ha empezado a ofrecer sus servicios como asesora en trámites del IESS en Facebook y a enviar hojas de vida, pero sus ánimos decaen cuando dice que va a los 57 años de edad y es muy difícil que la contraten, mientras espera una respuesta del Estado y continúa con la búsqueda de su hija, de su Giovannita.
El sábado 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, la vi en el Centro Cultural Metropolitano de Quito en el develamiento de una bandera colectiva en memoria de las personas desaparecidas, un Proyecto de Extramuros junto a Asfadec. Llegó a denunciar que Giovanna continúa desaparecida, que el caso sigue en investigación previa y que ahora se siente “más indefensa, me siento más destruida psicológicamente porque es una traba más que me pone el Estado para poder continuar en esta lucha. Me he endeudado para poder estar en marchas, caravanas y lo he hecho porque he tenido la garantía de mi trabajo, ahora no lo tengo. No sé qué va a pasar conmigo”.

A su lado está Wilson Murillo, quien viajó seis horas para llegar a Quito, para gritar que su hijo Wilson junto a Manuel Cedeño, Cristian Rendón, Jofre Chichanda y José Caluña fueron desaparecidos el 24 de julio de 2025, en Manabí cuando volvían de una capacitación. ¿Dónde están? Al otro lado, Luis Sigcho, con el megáfono en mano dice, por enésima vez, que es necesario que el Estado dote de presupuesto a la Fiscalía y Policía para capacitar a los fiscales y agentes para que busquen a los desaparecidos. Don Luis busca a su hijo Luis Daniel desaparecido desde el 4 de octubre de 2008.
Los dos son compañeros de lucha en Asfadec, organización que acompaña a familiares de personas desaparecidas y localizadas sin vida. Gritan sus nombres y exigen respuestas al Estado por todos los desaparecidos. En su último reporte Asfadec informó que el fenómeno de la desaparición en el país está incrementando. Cada día desaparecen 20 personas aproximadamente. Esta situación no es nueva.
Solo en 2020, el Ministerio del Interior informó que 227 personas desaparecieron, esta cifra casi se cuadriplicó en 2024 registrando 838 personas desaparecidas. Si sumamos las desapariciones registradas durante los últimos cuatro años han desaparecido 2.749 personas en Ecuador y solo de enero a julio de 2025 se han registrado 4.237 denuncias de desaparición y de ellas 697 personas continúan desaparecidas, 697 vidas truncadas, 697 familias incompletas.
Cuando la bandera de casi cinco metros se despliega por la fachada del Centro Cultural Metropolitano de Quito Yanera, junto a otros familiares, levanta la mirada. Ahí están los rostros de sus hijos, hijas, madres, hermanas, hermanos, padres, amigas desaparecidas. Ahí está Giovanna con su mirada profunda y su cabello ondulado que llega hasta los hombros. Su rostro en blanco y negro se ilumina con unas hojas bordadas. Abajo un mensaje: Si mi corazón no te olvida, que el Estado tampoco lo haga.