El pueblito se llama Fiba Jaki, en castellano sería Hoja Blanca. Se ubica en el cantón Eloy Alfaro, en el norte de la provincia de Esmeraldas. Es una comunidad chachi a la que se llega por un camino que no alcanza siquiera a ser de tercer orden. Está a tres horas de Las Golondrinas, población famosa por haber sido centro logístico de madereras, como Botrosa, que depredaron el bosque del Chocó y, al mismo tiempo, ser cuna de resistencia de organizaciones campesinas que lucharon por protegerlo. Botrosa salió de la zona; muy poco queda del bosque primario y organizaciones internacionales están comprando estas tierras para conservarlas como zonas privadas de protección ambiental.
Una escuela de ensueño
En Fiba Jaki está una escuela, hoy tiene unos 350 estudiantes, según nos cuenta Jefferson Tapuy, actual rector encargado de esta institución. Se creó hace más de cuarenta años y se ha convertido en la Unidad Educativa Comunitaria Intercultural Bilingüe Fiba Jaki. Un nombre rimbombante que no pasa desapercibido en redes sociales, como en Facebook, en donde se encuentran bonitas fotografías, o en Google Maps, que nos proporciona su ubicación exacta. Todo está cartografiado con exactitud, es la herencia de las madereras y de las organizaciones ambientalistas.


La escuela se convirtió en una unidad de educación básica y luego se complementó con el bachillerato en agroecología. Un 90% de estudiantes pertenece a la nacionalidad Chachi, un pequeño porcentaje lo componen hispanohablantes manabas cuyos abuelos se asentaron en los alrededores de la comunidad, atraídos por el boom maderero. Asisten también tres estudiantes afrodescendientes y dos kichwas.
Jefferson Tapuy nos cuenta que hasta el año pasado se ofertó el bachillerato en ciencias, pero, “no es un tipo de profesionalización que permita salir del subdesarrollo en esta comunidad. Viendo esa situación, hicimos lo posible en cambiar a bachillerato agroecológico. Desde este año ya lo ofertamos porque se vio la necesidad de aprender cosas de la naturaleza, aprender de los cultivos, de acuerdo con cómo manejaban nuestros ancestros en la nacionalidad chachi, y combinando con la cultura occidental para aprovechar mejor nuestras tierras, porque acá lo que tenemos es terreno y más terreno”.
En el gobierno de Rafael Correa se dotó de una nueva estructura a esta unidad educativa, se la construyó conforme a su visión de escuela del milenio y bajo su objetivo de homogenizar la educación, alejándose de la realidad social de la zona, su cosmovisión y, sobre todo, sin considerar las condiciones climáticas de un bosque húmedo tropical.
En la construcción de la nueva Unidad Educativa Fiba Jaki primó la planificación centralizada y citadina, se la hizo con estructuras prefabricadas de metal y se amplió su cobertura zonal. Decenas de estudiantes de varios kilómetros a la redonda se inscribieron atraídos por la nueva edificación. Algunos de los estudiantes empezaron a caminar más de una hora y otros compraron motocicletas en las que viajaban hasta cuatro personas en cada una. Chicos y chicas adolescentes se convirtieron en motociclistas de campo traviesa con el fin de llegar a la unidad educativa.
Pero, como dice el refrán popular, la alegría del pobre dura poco.
La vida empieza a podrirse

Construida la escuela, los gobiernos se olvidaron de ella y no asignaron presupuestos para mantenimiento de la estructura: ni el Ministerio de Educación, ni la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe, ni la Secretaría de Educación Intercultural Bilingüe y la Etnoeducación; nadie consideró que las estructuras metálicas no son eternas.
Primero fue el óxido el que se fue apoderando de la Fiba Jaki, luego las paredes se abrieron y empezó a brotar espuma, algo así como unas esporas de fibra amarillenta que volaban con el viento.
“En estos momentos, esa infraestructura ya no está apta para continuar en modo presencial allá, porque esa espuma causa picazón, repercute en la piel de los niños, incluso en nosotros los docentes; también causa ardor en los pulmones y ni hablar de épocas lluviosas que es cuando las aulas se convierten en piscinas con agua tóxica. Desde las primeras horas de la mañana nos tocaba limpiar y a pesar de que se deje bien limpio, las lluvias aumentaban el óxido, se generaba mal olor y más esporas volaban a la piel, produciendo úlceras. Esa misma podredumbre empezó a colmar también las baterías sanitarias”, afirma el rector encargado.
Ni las autoridades de Borbón, ni las de Ibarra, ni las de Quito atienden los justos pedidos de la Unidad Educativa Fiba Jaki. «A las autoridades solo las vemos en tiempos de campañas políticas, pero luego no recibimos apoyo”, afirma Jefferson Tapuy, rector de la Unidad Educativa.
Tapuy asegura haber puesto en conocimiento de esta situación a todas las autoridades. “Tengo puesto oficios a la Secretaría de Educación Intercultural Bilingüe, a la Coordinación Zonal de Educación y a la Dirección Distrital Eloy Alfaro; incluso a la Federación de Centros Chachis y al presidente actual de la Federación que estaba como coordinador distrital de educación bilingüe. Sin embargo, el apoyo recibido ha sido prácticamente nulo. Yo no sé si de pronto por falta de voluntad o porque estamos en una zona de difícil acceso”, dice Tapuy.
Tampoco tienen presupuesto en el Municipio de Eloy Alfaro, ni en la junta parroquial de Santo Domingo de Canandé, a donde pertenece Fiba Jaki, pues aseguran que no pueden invertir directamente en la educación.
“He viajado a la ciudad de Quito, a Ibarra y a Borbón, donde está el distrito, y lamentablemente no me han escuchado. A las autoridades solo las vemos en tiempos de campañas políticas, pero luego no recibimos apoyo”, afirma Tapuy.
A inicios de este año, las familias de Fiba Jaki, cansados de que no tener respuestas de las autoridades, decidieron abandonar las instalaciones de la escuela del milenio.
Con uniformes impecables y sueños rotos
Los estudiantes de la U.E. Fiba Jaki acuden a clases muy bien uniformados, los chicos llevan camisa blanca y corbata, con un pantalón azul obscuro y zapatos negros. Igual las chicas se muestran elegantes, tienen blusa blanca con corbatín y falda azul. Lucen impecables sobre el piso de tierra y bajo un plástico negro que no los protege de las inclemencias del tiempo, pues la comunidad decidió trasladar las clases presenciales a las inmediaciones de la cancha comunitaria, para eso improvisaron unas aulas con plástico y caña.
No hay agua, no hay infraestructura sanitaria, no tienen material didáctico ni pizarrones; solo los pupitres de plástico han resistido al deterioro y cuando llueve, que es durante gran parte del año, todo se convierte en un lodazal; aun así, chicos y chicas mantienen impecables sus uniformes pues “la identidad cuenta mucho, es importante, es orgullo de ser de la Fiba Jaki”, afirma el rector encargado. También todo el personal docente está uniformado.

Un profesor confundido y una estudiante optimista
La llegada del nuevo profesor coincidió con nuestra visita. Es su primer día en la Fiba Jaki y se lo ve confundido. Pregunta cómo puede conectarse a internet porque desea hacer una llamada. “A mí me dijeron que venía a la escuela del milenio”, murmura mientras mira todo. El rector le dice que vaya a la sala de profesores para que le den una clave de conexión a internet satelital, indicándole una estructura similar a las aulas, pero con un piso alto, que hace las veces de rectorado y sala de profesores. También le informa que tiene asignada una de las tres viviendas construidas por la comunidad para los profesores y que en el transcurso de la semana le proporcionarán el uniforme. El nuevo profesor se aleja moviendo la cabeza de lado a lado.

«Somos docentes y nuestro compromiso es con los estudiantes, no podemos abandonar por más duro que sea, no podemos suspender la presencialidad, porque aquí vienen caminando más de una hora y debemos responder a ese esfuerzo, debemos ver mil maneras de seguir laborando para continuar con el proceso, que es un derecho fundamental de los niños que no podemos olvidar”, dice Jefferson Tapuy.
Cuenta que reiteradamente las autoridades han ofrecido intervenir, dicen que ya han elevado el informe, que ya está el presupuesto y todo está en el proceso de compras públicas, pero ya van tres años con estas promesas. Tapuy tiene confianza que esta vez sea verdad: “Hace una semana nos informaron que está en ese proceso de compras públicas, entonces estamos en la espera, a ver si hoy nos dicen de verdad”, dice, pero no se lo ve convencido.
La que sí está optimista es Ana Lizeth B. “Voy a ser bachiller agroecológica de la Fiba Jaki y voy a ser una ingeniera agroecológica manaba”, afirma con orgullo y está convencida de que las autoridades van a responder. “Somos de una comunidad lejana y nos han dejado solos, nos sentimos abandonados de todos los organismos posibles, incluso de nuestra propia organización, pero yo sé que ya nos van a responder”, afirma Ana Lizeth y nos pide que “ayudemos a hacer bulla para que vengan pronto”.
