Aníbal Quijano, uno de los sociólogos latinoamericanos más relevantes, desarrolló el concepto de colonialidad del ser para referirse a un doble y simultaneo proceso: la desconfiguración de la comunidad colonizada a nivel de su identidad y dignidad por parte de colonizadores hasta vaciar su ser y suplantarlo con otros elementos, cruzados por un autorreconocimiento de inferioridad y aceptación más o menos inconsciente del poder y saber universal y categórico de lo euroamericano. Para Quijano, sobre esta base se reproducen y perpetúan las relaciones coloniales y neocoloniales entre el norte y el sur globales.
Pues bien, el 20 de enero, luego de su posesión como presidente de EE.UU., una periodista preguntó a Trump sobre América Latina, a lo cual él respondió desde una postura claramente supremacista: “Nosotros no los necesitamos. Ellos nos necesitan. Todos nos necesitan”. Esta prepotencia no es novedad. José Pablo Freinmann, del diario Pagina 12 de Argentina, publicó el 3 de septiembre del 2006 el siguiente testimonio: “En 1969, en Viña del Mar, el canciller chileno Gabriel Valdés expuso los intereses de los países de América Latina. Estaba ahí Henry Kissinger, quien le dijo: «Usted acaba de pronunciar un discurso raro. Viene a hablar aquí de América Latina cuando eso no es importante. Nada importante podría venir del Sur. La historia jamás ha tenido lugar en el Sur (…) Lo que suceda en el Sur no es importante (…) América Latina puede hundirse en el mar que nada nuevo ni importante pasaría en el mundo».
Históricamente el afán de inferiorizar pueblos es la estrategia usual de colonizadores para justificar su intromisión “civilizatoria” y crear condiciones para saquear recursos naturales de sus territorios. América Latina sufrió este embate desde su primigenia invasión por españoles y portugueses desde 1492 y luego de su independencia por el neocolonialismo estadounidense. El rol impuesto fue el de abastecer de materias primas al centro global industrializado, perpetuando el modelo primario exportador, sustento de nuestro mal desarrollo y sustento del hiperdesarrollo, obesidad y trastorno desenfrenado por depredar del norte.
La definición a latinoamericanos sin visa como criminales, delincuentes, animales… y expatriación con esposas sólo nos recuerda las prácticas nazis contra los judíos.
Hoy, el mundo enfrenta una crisis sin precedentes en la historia humana, la crisis ecosocial. Es el calentamiento global la expresión más evidente de los desajustes ecosistémicos que vivimos con eventos extremos que hacen noticia día a día en diferentes puntos del planeta. La crisis social deviene de modelos de maldesarrollo y exclusión en los países del sur global. Neoliberalismo, corrupción, extractivismo y en muchos casos los eventos climáticos contribuyen en una espiral de pobreza para millones de personas. La migración masiva de estos sectores hacia EE.UU. y países de Europa occidental es a su vez la expresión más notoria de esta crisis.
En este contexto de inestabilidad sistémica, crecen a nivel político las corrientes extremas, racistas y de un neofascismo recalcitrante. Es el caso de EE.UU. con el retorno de Trump al poder, que bajo el lema de make America great again irrumpe sobre el anhelo de paz y estabilidad en las relaciones internacionales al ejercer amenazas territoriales y comerciales sobre países como México, Panamá, Canadá, Dinamarca y China y sobre la mayoría de países latinoamericanos con expulsiones masivas de sus ciudadanos desde ese país.

El desprecio que el gobierno trumptiano tiene para América Latina es indignante. La definición indiscriminada de ciudadanos latinoamericanos sin la visa estadounidense como criminales, delincuentes, animales y otros aberrantes calificativos y peor su detención y expatriación con cadenas y esposados sólo nos recuerda las prácticas nazis contra judíos en Europa en la Segunda Guerra Mundial.
He aquí es cuando se expresa la colonialidad del ser, pues los gobiernos de nuestros países a excepción de Colombia, Honduras y Brasil que han marcado sus desacuerdos, el resto considera que Trump hace lo correcto y se pronuncian melosamente para conseguir rasguños de esa administración. En esta posición se puede constatar miles de gentes de América Latina que lo aplauden en redes sociales y sobre todo los medios de comunicación. Por ejemplo, el 27 de enero la BBC titulaba en su noticiero virtual: “Coopera por tu bien: por qué el choque con Petro es un mensaje de Trump para todos los líderes mundiales” a propósito de las amenazas del presidente del norte a Colombia sobre aranceles y eliminación de visas y la réplica de Petro a dichas insinuaciones.
Las alarmas se encienden mucho más cuando vemos a Elon Musk asesorando a la neonazi alemana, Alice Weiden, quien ya estrenó su discurso de invasión migratoria.
Cuando los megamillonarios de las tecnologías informáticas aparecen junto a Trump, sólo nos queda la imagen del estratega comunicacional Joseph Goebbels junto a Hitler. El rol es el mismo, conectar en los cerebros de millones de personas discursos funcionales al poder fascista y convertirlos en verdades categóricas. Las alarmas se encienden mucho más cuando en estos mismos días vemos a Elon Musk asesorando a la ultraderechista y neonazi alemana Alice Weiden, quien ya estrenó su discurso de invasión migratoria y de expulsión inmediata a los delincuentes (migrantes) sin papeles.

Todo hecho significativo en la historia tiene impactos que mueven relaciones y perspectivas en los países y sociedades. Las políticas estadounidenses afectarán a muchas personas, quizá millones, pero desde las lecciones que debemos operar, resaltan al menos tres: 1. Valorizar nuestra identidad como pueblo latinoamericano, fortaleciendo las raíces y la diversidad en contraposición a las arremetidas supremacistas del norte ario y anglosajón. 2. Promover una verdadera unidad latinoamericana por encima de mezquinos intereses de las oligarquías nacionales que históricamente negaron la integración para mantener sus parcelas de poder y 3. Romper con el modelo primario exportador, diversificando la producción en base a la capacidad nacional y en perspectiva del mercado interno y múltiples mercados internacionales.
Estas opciones nos darán aliento para contribuir a paliar la crisis nacional, regional y global, tanto en lo ambiental como en lo humano.
