lunes, marzo 16, 2026

Así es un operativo militar por el sur de Quito

Un equipo de PlanV acompañó al Ejército por un operativo en los barrios populares del sur de la capital. En un juego del gato y el ratón, se vuelve imposible controlar todo el territorio. La estrategia del Estado choca con cientos de amenazas y atentados que se siguen produciendo en el país.

Manuel Novik

Por: Manuel Novik

En el cuartel Eplicachima del Ejército, al sur de Quito, un equipo de combate se prepara para realizar un operativo. Los equipos hacen al menos un turno al día. Luego del rancho, como se le conoce al almuerzo en el argot militar, una veintena de soldados traza las coordenadas para patrullar varios barrios de la zona.

El equipo de combate se alista para salir del cuartel Eplicachima. Se entregó a la prensa cascos y chalecos antibalas. 

Los soldados piden que se mantenga el anonimato de sus nombres. El oficial a cargo dirige la formación, “vamos a registrar personal sospechoso, armas blancas, ya saben los procesos que debemos cumplir. En el sector nos dividiremos por trinomios”, dice.

Un capitán explica que la dinámica de los Operativos de Control de Armas, Municiones y Explosivos (CAMEX) ha cambiado desde el día 1 del conflicto armado. Al inicio, los escuadrones militares se asentaban en las calles y hacían retenes para revisar las motos y vehículos. Ahora, salen en busca de objetivos sospechosos, tratando de tomarlos por sorpresa.

En coordinación con el ECU911 han logrado determinar lo que llaman los “puntos rojos” de la ciudad. Algunas de las zonas más peligrosas en Quito son San Roque, en el Centro Histórico o La Bota, al norte de Quito.

Pero esta unidad del Ejército está centrada en la parte sur, y hace al menos 12 operativos diarios en esta área. Hay otras unidades que cubren el Centro, el Norte, y las zonas rurales, que según los soldados también son zonas sensibles.

Desde el inicio del conflicto armado, el Ejército y la Policía han realizado a nivel nacional más de 23 mil operativos, con 2174 detenidos, 158 procesados por terrerorismo y 5 “terroristas abatidos”. La fuerza pública también ha efectuado 61 operaciones contra grupos terroristas, según el último reporte del Gobierno.

Actualmente, todas las funciones militares están centradas en el conflicto interno declarado por el Gobierno. Además de vigilar las calles, deben cuidar sus propias infraestructuras. Algunos soldados comentan que en el Coca, en la Amazonía, han habido intentos recientes de tomarse las instalaciones militares y el armamento que contienen, algo que no ha sido confirmado oficialmente por las Fuerzas Armadas.

El equipo al que acompañamos se moviliza  en tres camionetas de los Bomberos capitalinos y un camión verde oliva del Ejército que lleva al resto de uniformados. La falta de transporte en las filas militares es evidente, por ello son los Bomberos quienes ayudan con los vehículos en esa tarde.

El convoy recorre a toda velocidad el corredor de la Ecovía hacia el sur de la ciudad. Un oficial dialoga con los equipos periodísticos, está algo confundido con la declaratoria del conflicto armado interno. “A nosotros nos han enseñado que en una guerra el objetivo es matar. Yo estuve en la guerra contra Perú en 1995. El que ganaba era el que mataba más soldados. El objetivo era eliminar al enemigo. Pero ahora no es así, solo debemos desarmar y en muchos casos dejar en libertad a quienes aprehendemos”, dice.

Tras un breve paso por Ciudad Jardín y Divino Niño, donde no hay movimiento, el convoy toma rumbo a Caupicho. Este barrio popular está inundado de locales, restaurantes y puestos de comida ambulante. Los militares se dividen en grupos e invaden las arterias del sector urbano.

A lo lejos, se divisa como un grupo de adolescentes compran alcohol en una licorería de barrio. Junto a ellos está un individuo en una moto. Los militares se dirigen hacia ellos y ven que todos intentan darse a la fuga. La motocicleta huye, pero los jóvenes no.

Luego de un cacheo los jóvenes respiran, pues no llevan ni armas ni sustancias prohibidas. Pero no se salvan del garrotazo y un discurso. “En lugar de estar tomando, vayan a sus casas. Estamos en Estado de Excepción. Desaparezcan de aquí”, dicen los soldados, aunque estos hechos ocurren en la tarde, antes del toque de queda.

Los soldados inspeccionan todas las pertenencias de los sujetos que se cachea.

Durante el recorrido por la avenida principal del barrio varios ciudadanos aplauden y expresan su apoyo. Los niños saludan y chocan la mano a los soldados. Otros miran con asombro y desconfianza el despliegue militar.

Dos niños saludaron a cada soldado del equipo de combate durante el operativo en Caupicho.

Los soldados comentan que muchos de sus compañeros fueron enviados a Esmeraldas, Guayaquil, Quevedo y otras zonas. Pregunto a uno de ellos si le gustaría ir a esas zonas. “El soldado ni se presta ni se niega”, me dice, sobre un dicho popular entre ellos. “Yo estuve hace unos meses en Quevedo”, asegura, “allá damos apoyó a los camiones de las empresas que pasan por la ciudad. Hacemos un corredor para que puedan pasar sin ser asaltados”, cuenta.

El operativo continúa en su ruta a Nueva Aurora, otra zona del sur de Quito llena de comercios. La instrucción es hacer un barrido por toda la calle comercial. Algunos soldados portan un fusil Heckler Koch de fabricación alemana. Estas armas tienen un alcance de 300 metros. Otros usan una pistola Pietro Beretta, de calibre 9mm, aunque con un alcance efectivo de 50 metros.

Los soldados conversan con los vecinos para conocer las dinámicas del barrio e investigar sobre comportamientos irregulares.

Aunque hoy no será un día para desenfundar las armas. Los vecinos alertan que ante la llegada de la fuerza pública los ladrones de la zona huyeron rápidamente hacia la montaña. Los soldados dicen que no hay motocicletas que permitan seguirlos, y en ese convoy no hay policías.

En el final de la avenida los soldados conversan con los vecinos y sacan información. Una de sus estrategias es tener a la ciudadanía de su lado para que puedan informarles sobre posibles altercados. A lo lejos, a unos 200 metros, se ve a dos hombres vestidos con calentador deportivo viendo directamente a los soldados. Tres uniformados van hacia ellos, inmediatamente los hombres desaparecen.

El equipo de más de veinte soldados sube al camión. En un parque con varios adolescentes una chica alerta a los uniformados que hay un asaltante. Es otro hombre jovén de chaqueta azul que ante la presencia militar camina intentando disimular calma. Pero antes de desaparecer entre las casas se le ve correr a toda velocidad. Los militares salen en persecución.

Luego de varios minutos lo pierden de vista. El jovén se metió por un terreno baldío lleno de césped que llegaba hasta las rodillas. En el medio salen algunos vecinos de sus mediaguas y dirigen a los militares hacia donde creen que el sospechoso huyó.

Cuatro sujetos fueron aprehendidos momentaneamente por los soldados. Tras revisar sus pertenencias se los dejó en libertad. 

Finalmente aprehenden al sospechoso. Además, encuentran a otros tres que estaban escondidos entre los matorrales. No encuentran armas ni drogas, por lo que dejan ir a los sujetos, no sin antes propinarles un par de garrotazos por resitirse y huir del cacheo.

En los operativos a nivel nacional se han decomisado 829 armas de fuego, 956 armas blancas, 537 explosivos y 24367 municiones.

El equipo cumplió con un nuevo operativo CAMEX y ahora se dispone a retornar al cuartel a descansar. Mañana la jornada será igual. Los operativos se mantendrán al menos durante los 60 días del Estado de Excepción.

La presencia militar en las calles es una nueva normalidad que, aseguran los militares, ha disuadido la delincuencia. Sin embargo, esa presencia no podrá prolongarse indefinidamente.

Manuel Novik

Manuel Novik

Más Historias

Más historias