sábado, marzo 7, 2026

Extorsionados, el testimonio del miedo en el Sur de Quito

Santiago (nombre protegido), un comerciante del Sur de Quito, devela los mecanismos violentos de las bandas de extorsionadores y la situación de precariedad e impotencia de los pobladores más pobres de la capital.

Por: Paúl Mena

Ciudadela Ibarra es un barrio popular del extremo sur de Quito. Su arteria principal es la avenida Martha Bucaram, un hervidero de comercio. Está llena de locales de todo tipo: micromercados, bazares, tercenas, restaurantes… Y también puestos informales sobre las veredas. Uno de estos negocios pertenece a Santiago. Así lo llamaremos para proteger su identidad, pues vive bajo la amenaza de los extorsionadores.

Santiago vende ropa. Trabaja en esto desde que era niño. Es un negocio que heredó de sus padres. Él ha pasado por todas las vicisitudes que un comerciante informal puede enfrentar. La más común es lidiar con los policías metropolitanos que suelen pasar con sus motos levantando los puestos y llevándose la mercadería. También tuvo que soportar la pandemia, meses sin vender porque la gente permanecía encerrada en sus casas. Pero nada le ha provocado tanto temor como la amenaza de los vacunadores. Hablé con Santiago hace pocas semanas.

Lo conocí porque estaba haciendo un reportaje para una cadena televisiva extranjera. Para ese trabajo hablé con varios comerciantes extorsionados, pero ninguno se atrevió a dar un testimonio grabado y es algo muy comprensible. Con esos diálogos entendí que la extorsión es un delito muy sofisticado, mediante el cual los delincuentes tienen muy controladas a sus víctimas. Por lo general, antes de exigirles el dinero les muestran que conocen a los miembros de su familia, los lugares que frecuentan, cómo es su día a día. Y usan esa información para amedrentarlos. Esto hace que los extorsionados se sientan vigilados constantemente y entran en una condición psicológica compleja. Por ello, prefieren no hablar de eso con ningún extraño. Santiago se atrevió a hacerlo, pero me citó en un lugar lejano a su barrio. No quería que nadie lo viera conversando con un periodista y peor frente a una cámara. Este es Santiago:

«Netamente en las vacunas se inició hace dos años después de la pandemia. En la pandemia fue que nosotros salimos golpeados. No podíamos salir a trabajar uno y el otro era perseguidos de los municipales y lo otro es que no podíamos salir a la calle porque salían a destruccionar (sic), a coger con las motos, a atracarnos. Entonces, no podíamos Si no había un grupo no podíamos caminar en la calle libremente. Entonces, desde esa desde desde ese entonces ya hay extorsionadores (…) Hay momentos que se asoman con armas con armas cortopunzantes como cuchillo, machete y a veces que viene con la pistola directo dice, «Bueno, sabe que esto esto es un asalto o esto dame tanto que tengo.» y se van. (…) Amenazan, dicen que voy a matar, voy a volver, ahí está tu familia, yo te conozco, pero si nosotros volvemos es eh asustar huirnos. Entonces, hay gente que han huido y hay gente que realmente tenemos el único sustento y el otro tenemos el único lugar donde estamos, entonces no podemos abandonar, tenemos que aguantar ese sitio».

«Salir a pelear, salir a defender también, entonces, si es que no son del sector ya no vuelven. No vuelven, pero si es que son del sector ya tienen identificados quiénes somos, regresan a seguir extorsionando.»

Hay comerciantes que no pueden cubrir el monto de la vacuna y prefieren cerrar sus negocios y huir. El valor de las extorsiones no es el mismo para todos. Cuando los vacunadores se acercan a las víctimas, les muestran que ya han hecho un cálculo de cuánto venden diariamente y cuánta ganancia tienen. Este es un mecanismo para mostrar el nivel de vigilancia que tienen sobre sus víctimas y también para fijar el monto de la extorsión.

V

También te puede interesar

Robos y extorsiones aumentan en Quito

«Y bueno, si en el momento se le ha pedido las vacunas, por ejemplo, tienes que darme cien, doscientos dólares, tiene que darme esta semana y punto. Entonces, en este caso, yo nosotros hemos salido, ¿no? Salir a pelear, salir a defender también, entonces y si es que no son del sector, ya no vuelven. No vuelven, pero si es que son del sector ya tienen identificado quiénes somos, regresan a seguir extorsionando (…). A unos unos locales que habían entrado había pedido como quinientos dólares tiene que darme mensuales. Lo que hicieron ese rato lo habían pagado y se habían, le alzaron el negocio, se fueron. Se fueron alzando el negocio. (…) La ganancia que de nosotros tenemos no es un fijo que podemos decirles. Hay días que llueve todo el día no tenemos ganancia. Eso es una pérdida total. Por eso es que muchos comerciantes se han retirado, ¿por qué? Porque no hay un una ganancia absoluto, no hay un ingreso para la familia. Entonces, toca retirarnos. Entonces, por eso es que de van se asoman en uno o dos meses en el sector ve que la cosa está serio, se retiran. Y los más machos hemos aguantado en la avenida Marta Bucaram».

La llegada de los extorsionadores al barrio ha mermado la economía de los comerciantes no solo por el pago de las vacunas, sino también porque su presencia ha impuesto temor en los transeúntes. Esto ha reducido la actividad comercial en la zona. Cuando empieza a anochecer, la gente prefiere permanecer en casa, por miedo a los delincuentes. Por ello, los vendedores han tenido que reducir sus horarios de atención y, con ello, sus ingresos.

Militares en operativos en barrios al sur de Quito. Foto: Archivo PlanV

«Más antes de la pandemia funcionaban los negocios, por ejemplo, los sábados y domingos casi hasta las once de la noche. Era transitoria que todos llegaban, ahora no, ahora funcionan. Sábado y domingo quedamos hasta ocho y media de la noche y ahí todos tenemos que alzar a abandonar las calles porque ya no ya no existe el comercio por este tipo de de desorden de la ciudad. Pero es porque ya empiezan a salir estas personas Claro, exactamente. Ya se comienza a salir, ya tenemos miedo, ya comienzan a rondar. O sea, si uno comienzan a ir, tenemos que irnos todos. Si es que unos aguantamos, aguantamos un pocos minutos más, pero no podemos aguantarnos como las otras veces tranquilamente quedarnos hasta las diez u once de la noche. (…) Hay gente que, por ejemplo, de tarde en horas pico, que es desde a partir de las seis de la tarde hasta de cinco de la tarde hasta las siete, en las dos horas van en los buses, arrancan, meten para dentro, cogen los celulares. Y así las mochilas, los carros. No, y ahora ya no pueden parquear, por ejemplo, más antes esa al altas de las noches iban eran por los carros. Buscar la mercadería, bajaban del caso de su carro, compraban, pero ahora ya no pueden, ¿por qué? Porque están se van a asaltar a los carros».

«El valor de las extorsiones no es el mismo para todos. Cuando los vacunadores se acercan a las víctimas, les muestran que ya han hecho un cálculo de cuánto venden diariamente y cuánta ganancia tienen».

Santiago no ha puesto una denuncia por las presiones que recibe de los extorsionadores, en parte porque no confía en las autoridades y en parte porque tiene temor de que los delincuentes se enteren que él ha denunciado. En cambio, ha optado por resistir sin pagar la vacuna uniéndose a otros comerciantes de la zona para enfrentar a los delincuentes. Y esto le ha traído consecuencias.

«A mí me asaltaron. Querían matarme, yo tuve que zafar y bueno, escaparme, ¿no? Al al al escapar y ellos eh tanto como haga en vocabularios que ellos amenazaron, también nosotros paramos de amenazar esas personas ya nunca volvieron, vinieron otras personas. Entonces, de ahí llegaron la policía, la policía dice, «No, pues que tiene que poner la denuncia.» De esos causas nosotros lo pediríamos que la el Ministerio del de del gobierno de que hagan un un seguimiento, que coordinen en mejores condiciones, que nos que cuiden a la ciudadanía».

La falta de denuncias hace que la extorsión sea un delito difícil de medir. No es como los homicidios, por ejemplo, que se puede cuantificar por el número de cadáveres con signos de violencia. La única forma de medir los casos de extorsión es a través de las denuncias. Pero al ser un delito que incuba tanto temor en las víctimas, la mayoría de casos queda en el silencio. Incluso, cuando un grupo delincuencial llega a tener total control en una zona e impone vacunas a la mayoría o a todos los habitantes, lo más probable es que ninguno de ellos se atreva a denunciar. Así que el número de denuncias, si bien puede dar una idea de cómo ha evolucionado este delito, no da una fotografía fidedigna del verdadero nivel de incidencia.

Las cifras de la Fiscalía General del Estado son un reflejo del testimonio de Santiago. Estas muestran que las denuncias de extorsión se dispararon dos años después de la pandemia. Las cifras fueron incrementando exponencialmente año a año, así. Pongan atención:

En 2020, hubo 2.080 denuncias a nivel nacional.

En 2021, subieron a  2.800

En 2022, subieron a 8.400

En 2023, subieron a 21.800

Y en 2024, alcanzaron el récord histórico de 23.100 denuncias.

El crecimiento es abrumador. En los últimos cinco años, las denuncias pasaron de 2.000 a 23.000 anuales.

Allanan una empresa ubicada en el sector La Carolina, en el norte de Quito, desde donde se estaría cometiendo el delito de extorsión mediante el uso de medios tecnológicos para exigir –ilegalmente– dinero a las víctimas. Fotos: Fiscalía General del Estado
La Policía Nacional difundió imágenes de los 40 detenidos en el caso conocido como Call Center de la extorsión, en Quito, este jueves 26 de junio de 2025. Foto: Policía Nacional

Y la situación tampoco va bien en este año aunque se ha evidenciado una reducción importante de denuncias. En los cinco primeros meses, la Fiscalía recibió 6.400 denuncias. Esto es más del doble de lo registrado en todo el año 2021.

Tomando en cuenta solo las denuncias planteadas entre enero y mayo de cada año, resulta que este 2025 es el segundo año con más denuncias. Está solo por debajo de la cifra récord alcanzada el año pasado, que tuvo 12.200 denuncias, casi el doble que el presente año.

Este portal analizó las denuncias del 2025 para conocer en qué cantones del país existe mayor nivel de denuncias con respecto al número de habitantes. La localidad con mayor tasa de denuncias de extorsión es Las Naves, en Bolívar. Es el único cantón de la Sierra que está entre los diez con mayor tasa.

En este top 10 están cuatro cantones de El Oro: Arenillas, Santa Rosa, Machala y El Guabo. También están dos cantones de Los Ríos: Montalvo y Buena Fe.  Completan la lista Esmeraldas, La Libertad (en Santa Elena) y Lomas de Sargentillo (en Guayas).

La extorsión es tan lucrativa que es apetecida no solo por bandas nacionales, sino que se ha convertido en un delito transnacional. Diario El Universo reportó la semana pasada sobre una red de vacunadores que ha logrado controlar La Aurora, una parroquia de Daule. Según el informe, los comerciantes reciben llamadas y mensajes por Whatsapp desde números telefónicos de Chile, Colombia y Venezuela,  vociferando amenazas y exigiendo vacunas de entre 3.000 y 20.000 dólares. Asimismo, la Policía informó la semana pasada sobre la detención de 17 presuntos extorsionadores, entre nacionales y extranjeros, que exigían pagos a comerciantes de Machala mediante transferencias a cuentas bancarias domiciliadas en Venezuela.

Tomando en cuenta solo las denuncias planteadas entre enero y mayo de cada año, resulta que este 2025 es el segundo año con más denuncias. Está solo por debajo de la cifra récord alcanzada el año pasado, que tuvo 12.200 denuncias, casi el doble que el presente año.

El testimonio de Santiago también da luz sobre la participación de extranjeros. Esto fue lo que me respondió cuando le pregunté qué bandas acechan en su barrio, si son los Lobos, los Choneros o alguna otra agrupación señalada como terrorista por el gobierno nacional:

«Sí les rondan también pero nosotros como más tenemos de identificado es los venezolanos que andan haciendo esto. Son extranjeros. Dicen que nosotros somos de tal banda, tal banda, tal banda, son ellos porque porque nosotros netamente conocemos por el acento que es colombiano o que es el venezolano por presuntamente que andan ahí. (…) yo no les puedo, por ejemplo, decirles, «Ellos son de tal banda, tal banda.» ¿Por qué? Porque son ahí mismo, están entre ellos juntos y estar juntos en el sector no podemos eh no puedo decirles que puedo decirte, o sea, mal, no puedo identificar de que este es de de choneros, este es de lobo, no, o sea, no puedo decirles, porque están juntos ahí. Entonces, ahí en territorios que ellos pelean, que hemos visto, por ejemplo, vienen de otras bandas, comienzan, ahí amanece muerto. Ahí amanece muerto, así que casualmente, si pasa alguna transeúnte, algún compañero del comercio o a la vez de comunidad que pasan, se muere ya es la mala suerte que pasa, pero ahí hay siempre siempre muerte, ahí hay siempre asaltos, ahí hay siempre el destrucción y ahí hay y sin número de cosas en en en la Avenida Marta Bucaram».

Para hacer frente a las extorsiones, la Policía Nacional creó en marzo del año pasado una unidad especializada a la que llamó Fuerza Investigativa Contra la Extorsión, FICE. Y hace pocos días, el Ministerio del Interior abrió un canal para que la ciudadanía pueda denunciar este delito. Se trata de un formulario disponible en el sitio web del Ministerio.

Más allá de medidas reactivas, Santiago exige que la fuerza pública trabaje en la prevención, con presencia de uniformados en su barrio fortaleciendo la convivencia entre vecinos.

«El pedido nuestro sería al presidente de la República que se haga una una convivencia con la comunidad buscar las estrategias de la Policía Nacional, que suelte a los militares que pasan de gana en los destacamentos del del Ecuador. Esa policía, eh los militares nos puede favorecer a todos. Si vienen los militares, si pasan por lo menos ese día, no hay nadie. Estamos tranquilos, están pasando, estamos seguros, pero si ya una vez que pasan la los militares, si llegan a policía. Ya la policía ya no hace nada. Ya no hace nada. Eso le digo, conversan con ellos, yo no sé qué conversan y se fueron uno para arriba y otro para abajo y se acabó el problema. Lo que diga es al gobierno nacional que se haga una estrategia de comunidad, unas estrategias no para que coordinen a la policía, sino que para que cuiden a la ciudadanía que nosotros necesitamos como pueblos ecuatorianos y en todos los lugares».

La extorsión debe ser el delito que genera hoy el mayor descontrol en el país.  Diariamente participamos de videos en redes sociales que dan cuenta de asesinatos de comerciantes en sus espacios de trabajo, sea su local, propio o arrendado, sea en la calle, sea un puesto móvil.

Son hechos dramáticos que hacen hoy de nosotros la imagen mas oscura y tenebrosa de la violencia en América Latina.El escenario es que el asesinato de inocentes, el amedrentamiento que en muchos casos desemboca en la migración interna, genera un camino sin salida para estas víctimas.El otro camino es la muerte o el rendirse ante los grupos de vacunadores y pagarles para sobrevivir.

El Estado primero debe romper el subregistro de casos, actuar en los territorios en los que mas actuan estos grupos y buscar reducir las cifras. No suena esperanzador porque las espirales de violencia no suelen detenerse, pero no queremos pensar el momento en que estos grupos no tengan a quién amedrentar, porque todo estará perdido.

*Especial para Plan V. Paúl Mena Mena es periodista de investigación, ganador de un Pulitzer y otros premios nacionales e internacionales de periodismo.

Este reportaje se trasmitió originalmente en Radio Sucesos. Este reportaje se produjo para el podcast Tenemos que hablar, un segmento del programa País al revés, que conducen Juan Carlos Calderón, Paúl Mena y Christian Zurita. Publicado con autorización del autor

Paúl Mena

Más Historias

Más historias