miércoles, abril 15, 2026
Ideas
Alexis Oviedo

Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Sueños enterrados 

Los niños de las Malvinas no eligieron ese camino violento y difícil de la delincuencia organizada y, sin embargo, encontraron la muerte como cualquier joven sicario.

Mente sana en cuerpo sano es el refrán que él quizá escuchó de su entrenador, o quizás esa frase la dijo su padre o su tío. Quizás no la escucho nunca, pero él escogió la vía de un cuerpo sano moldeado por el deporte. Jugando al fútbol, el deporte de sus amores soñó con jugar en las grandes ligas, como Moisés Caicedo, el niño Moi. Era bueno en ello, ganó varias medallas con su equipo y soñó, ¿por qué no?, en que sería rico y famoso. Rico para comprar una casa a su madre, para salir del barrio pobrísimo, tal como salió Maradona. 

Su hermano menor tal vez escuchó que el estudio era la vía de la superación. Alguien le dijo que la educación permite subir en la escala socioeconómica y que desde la educación se podría salir de la pobreza. O tal vez no… Lo cierto es que él asumió que siendo buen estudiante tendría una profesión que le posibilitaría tener un buen empleo y también dar una casa a su madre… Antes que su hermano mayor. Tal vez no sabía que la educación y el tener un título no son suficientes, en un país donde decenas de miles de titulados no tienen un trabajo. Nadie le dijo que para emplearse son necesarios el capital social, las palancas y los contactos. Pero él eligió ser buen estudiante.  

Probablemente fueron sus padres o sus abuelos, o el sermón del cura de su parroquia el que le convenció que debe vivirse según la Ley de Dios. Por ello escogió ir a la iglesia y participar en las actividades de catequesis, en el comedor, en el coro, en los cánticos rituales.  Probablemente alguien le dijo que seguir el camino recto que muestra el Nuevo Testamento no solo da la vida eterna, sino que se vive bien en esta mundana haciendo el bien al prójimo. Probablemente ya escogió vivir una vida piadosa, pacífica y de servicio. Probablemente, aún no…  

El más pequeño, a lo mejor, no sabía qué hacer con su futuro y mirando a sus tres amigos seguía su ejemplo y les acompañaba a jugar fútbol, se esforzaba en ser buen estudiante, era un buen hijo… 

Los cuatro muchachos que no llegaron a su casa en las Malvinas esa noche de diciembre del 2024 eligieron uno de los caminos que la sociedad, la escuela y la iglesia pregonan para los niños y adolescentes: deporte, estudio, ser un buen cristiano, tener buenas costumbres … Cumplían de la mejor manera el mandato de la hegemonía y de la axiología dominantes. Eran la semilla de buenos ciudadanos que aportarían a la sociedad. Lejos estaban del otro lado, de ese que prefiere las drogas, el alcohol y el desenfreno. No eligieron, como centenas de compatriotas suyos de la misma edad, abandonar la escuela para vincularse a un grupo de delincuencia organizada. No escogieron suplantar la misa del domingo por los rituales de tiros al aire en derroche de joyas y música estridente.  

Los niños de las Malvinas no eligieron ese camino violento y difícil de la delincuencia organizada y, sin embargo, encontraron la muerte como cualquier joven sicario, como cualquier soldado raso de las decenas de pandillas temibles que siguen campeando en el país. Cuatro inocentes fueron asesinados por las fuerzas del orden, por aquellos que desde la estructura estatal tienen el monopolio de la fuerza y que según rezan sus eslóganes están para cuidar y proteger a los que cumplen la Ley. Los cuatro niños de las Malvinas fueron asesinados, porque vivir en un barrio pobre y tener la piel oscura les hace automáticamente sospechosos. Sus crímenes siguen impunes y parece que así seguirán.  

Son daños colaterales, dirían los cínicos que creen en las estadísticas. No se puede manchar el nombre de una institución por errores de sus miembros, dicen los cínicos. A cuatro chicos buenos, de esos que los políticos se llenan la boca diciendo que son el futuro de la patria les robaron la existencia en el marco de un decreto firmado por alguien electo para cuidarnos. Con su muerte millones de sueños se fueron al garete. Este país no tendrá un excelente futbolista, ni un buen profesional. Este Ecuador, que tanto lo necesita, perdió a un hombre ético y un chiquillo solidario. Los sueños de los cuatro de Guayaquil, como se les llama, quedaron enterrados entre cenizas, en la más macabra de las tumbas.  

 

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