Es cierto que no hay camino, sino que lo hacemos mientras caminamos. Porque lo primero es el permanecer siempre dispuestos a ir hacia adelante, cambiando siempre de lugar. El movimiento es el tiempo que no se detiene. El pasado es la historia que provee de sentido al hoy y al mañana.
Somos historia. Por ende, no es dable tratar de echar tierra sobre lo de ayer para decidirse por un futuro que no existe. Sin historia, tan solo nos queda un presente volátil, que se escapa como agua entre los dedos. Si no se piensa y se actúa históricamente, no seremos constructores de nuestro destino.
A veces los discursos políticos se olvidan de la historia. Como si cada vez pretendiesen comenzar de la nada, como si antes no hubiese habido un gran acontecer, aunque hubiese sido ominoso. Estas actitudes constituyen una pesada rémora que entorpecerá el desarrollo político del nuevo gobierno. Gobernar mirando tan solo el futuro sin analizar el pasado inmediato es tan necio como querer repetir lo ya vivido.
Con el actual gobierno, el país ha dado inicio a un nuevo período histórico de la democracia. Sin embargo, para tener el éxito que todos deseamos, se debería mirar con serenidad y verdad el pasado que se recibe como herencia irrenunciable. La política no es más que otra forma de escribir la historia. Muy cierto que no hay camino, sino que se lo hace al andar. Pero es preciso echar una profunda y crítica mirada sobre lo que ya pasó. Si no se lo hace, la ingenuidad nos agostará más temprano que tarde.
La década del correato no es un cuento histórico y nada más, como tampoco los cinco años de Moreno. Son quince años que el presidente Lasso debe tener muy presentes para organizar su política y su administración.
Con el actual gobierno, el país ha dado inicio a un nuevo período histórico de la democracia. Sin embargo, para tener el éxito que todos deseamos, se debería mirar con serenidad y verdad el pasado que se recibe como herencia irrenunciable.
Existen innumerables leyes, regulaciones y más que proceden del correísmo y que no constituyen un mito. Todo lo contrario, el correato estuvo muy presente en el gobierno de Moreno y seguirá muy activo en el actual régimen. Porque existen normas, principios, regulaciones, leyes que impuso Correa y que no han sido derogados o por lo menos modificados.
Por ejemplo, la justicia del país opera desde las perspectivas correístas. Primero, porque él metió ambas manos en la justicia para que todo el sistema judicial funcione de conformidad a sus deseos, sus aspiraciones, sus expectativas de futuro, su corrupción. Con esa justicia y sus jueces, él y los suyos siempre permanecerán inocentes, siempre tendrán las manos limpias. Desde luego que lo ha conseguido.
Cuando se habla de justicia, es preciso pensar tanto en la normativa judicial (códigos y leyes) como en los jueces. Probablemente, la mayoría de jueces del país responde al pacto entre la arbitrariedad y la violencia judicial. Las manos sucias del correato y un sistema judicial perfectamente bien organizado para que Correa y los suyos tengan siempre las manos limpias. ¿Acaso ahora mismo ciertos abogados no hacen hasta lo imposible para que ciertas causas y ciertos involucrados vayan directamente a determinados juzgados en los que la justicia funciona con tablas económicas?
Durante su período, Moreno no dijo ni chis ni mus sobre esta justicia absolutamente corrupta. No es que no le haya dado importancia. Todo lo contrario. Parecería que este sistema judicial del correato constituye un importante plus con el que cuenta la galopante corrupción judicial vigente.
No será bueno que el presidente Lasso use el bozal jurídico del correato. Habla de una constituyente. Pues que lo haga y lo antes posible. Ya no se puede seguir escondiendo la ropa sucia. Urge redimir al país. Urgen reformas legales. Urge que se coloque en el banquillo de los juzgados al sistema judicial vigente.
