jueves, marzo 26, 2026
Ideas
Mario Melo

Mario Melo

Asesor legal de Fundación Pachamama. Abogado del Pueblo Kichwa de Sarayaku y de otras víctimas ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Los cuatro de Guayaquil nos importan a todos

No admitiremos que las autoridades sigan el guion más que desgastado de negar y negar, tapar y tapar; de invocar razones de “seguridad”, “institucionalidad”, “espíritu de cuerpo” para tratar de evitar que la verdad se les desparrame. Los cuatro niños desaparecidos en Guayaquil nos importan a todos.

Otra vez la pesadilla, como hace cuatro décadas cuando dos niños desaparecieron en Quito y a todos nos hicieron falta. Entonces, todos lloramos con sus padres que clamaban a gritos cada miércoles frente a Carondelet que les devuelvan a sus hijos. Todos seguimos la horrenda trama de mentiras y medias verdades con la quienes tenían que responder, trataban de justificar lo injustificable. Nunca les creímos. Todos leímos los reportajes y los libros, escuchamos los noticieros, vimos los documentales y todos, todos, odiamos a la mujer policía que se prestó para engañar a los padres con pistas falsas; al general que supo y mandó a callar a sus subordinados para no manchar a la institución, como que encubrir asesinos de niños no fuera la peor mancha de todas; a los carniceros que salían a patrullar y a matar y a sus jefes que se lo permitían. Más tarde, demasiado tarde, todos entendimos lo que había pasado y quisimos sentirnos mejor cuando cerraron el SIC-10, cuando vimos a algunos de los monstruos tras las rejas y a otros vivir y morir avergonzados; y cuando la lucha del padre de los hermanos Restrepo se convirtió en un emblema de heroicidad en este país tan escaso de verdaderos héroes.

Y ahora otra vez. Los noticieros y las redes sociales se llenan con el llanto del padre de dos de los cuatro niños que desaparecieron en Guayaquil hace catorce días. Ahora, como antes, nos volvemos a indignar, todos, cuando escuchamos que una patrulla militar de la FAE los habría detenido y luego no dan razón de su destino. Cuando escuchamos a los funcionarios gubernamentales y a los altos jefes militares deslindar a las Fuerzas Armadas, así nomás, sin mayor explicación y decir que han de haber sido las “bandas criminales”. Y sufrimos todos, todos, con los padres de esos chiquillos, que están sintiendo un dolor incluso mayor que el que les causaría saber que sus hijos han muerto; la incertidumbre de saberlos desaparecidos.

Y todos, todos, en el Ecuador gritaremos con los papás de nuestros cuatro niños que los devuelvan vivos a sus hogares. No admitiremos que las autoridades sigan el guion más que desgastado de negar y negar, tapar y tapar; de invocar razones de “seguridad”, “institucionalidad”, “espíritu de cuerpo” para tratar de evitar que la verdad se les desparrame. No les creeremos cuando empiecen a desacreditar a las víctimas, a insinuar que estamos en guerra y en la guerra siempre hay daños colaterales; o peor aún que la culpa es de los niños, por estar donde estuvieron, por correr, por gritar, por no confesar o por lo que hay sido. Nunca las víctimas de desaparición son culpables de nada. Nada justifica que alguien las desaparezca.

Todos en Ecuador tenemos que levantar la voz para que los cuatro de Guayaquil aparezcan vivos. Porque son niños, porque son pobres, porque son negros y porque nos importan a todos.

 

Mario Melo

 

 

 

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias