miércoles, abril 8, 2026
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Patricio Crespo Coello

Patricio Crespo Coello

Consultor en fortalecimiento de capacidades

Gloria a Ucrania: la perplejidad del cara a cara (1)

Quizás es la perplejidad del cara a cara, cuando miras a una niña despidiéndose de su padre que seguramente morirá defendiendo a su patria, lo que me ha motivado para escribir una serie de artículos sobre la invasión a Ucrania.

El bombardeo a la población civil de Ucrania, por parte del ejército de la Federación Rusa, pone a una parte de la humanidad en un estado de perplejidad. Como en toda guerra, Putin apela a una razón de Estado, como si la política podría dar legitimidad moral a una acción que destroza la vida de una persona, que pisotea el imperativo del “no matarás”.

Emmanuel Levinas, filósofo lituano, que sufrió en carne propia los horrores del nazismo, desarrolló un pensamiento acerca del Otro, encarnándolo en las figuras del extranjero, del huérfano y de la viuda. Si la filosofía occidental se edificó sobre el amor a la sabiduría, Levinas explorará la sabiduría larvada desde el amor. Y la guerra es el macabro escenario en el que toda moral es destruida. La guerra lleva a la aniquilación del Otro, a su opresión simbólica y física, a una racionalidad fría, pragmática e instrumental, en la que solo importa la táctica y la estrategia para destruir al enemigo de la manera más eficaz posible. Levinas planteará que solamente una ética del “cara a cara”, del reconocimiento de la alteridad por medio del lenguaje, nos permitirá habitar este planeta no como seres para la muerte, sino como seres para la vida. De ahí que toda forma de totalización teórica o política siempre esconde una forma de violencia, de exterminio del Otro.

Quizás es la perplejidad del cara a cara, cuando miras a una niña despidiéndose de su padre que seguramente morirá defendiendo a su patria, lo que me ha motivado para escribir una serie de artículos sobre la invasión a Ucrania. La serie se titula Gloria a Ucrania, pues son las palabras que los ucranios usan para hablar de su epopeya y de su enorme sacrificio. Es un intento de reflexión que posiblemente solo tiene sentido para quien escribe los artículos, pues le ayuda a colocar unas señas de luz en un mundo que parece cubierto de tinieblas.

Quizás es la perplejidad del cara a cara, cuando miras a una niña despidiéndose de su padre que seguramente morirá defendiendo a su patria, lo que me ha motivado para escribir una serie de artículos sobre la invasión a Ucrania

Unas tinieblas que vienen en remolinos, como si a cada sorpresa existencial le sucediera otra, cada vez más cruenta e inesperada. En el último tiempo, primero fueron los estallidos de octubre de 2019, unas revueltas sociales, explosivas y simultáneas. No pasarían más de tres meses y vendría la pandemia de la COVID-19 que durante dos años mantuvo al mundo entero en vilo. Y cuando parecía que la pandemia se estaba convirtiendo en una endemia, estalla una guerra en Europa con consecuencias imprevisibles.

Hasta el año 2018, algunos de los fenómenos globales los sentíamos los ecuatorianos como relativamente lejanos. Como si su afectación no nos concerniese. Éramos testigos lejanos y un tanto indiferentes. ¿Acaso estamos perdiendo la inocencia? ¿Habitábamos en un mundo ficticio? ¿Qué pasó con ese mundo previsible incluso en sus desastres?

Con las revueltas de 2019, con la pandemia y, ahora, con la guerra, el Otro nos interpela, cuestiona nuestra vida cotidiana y nos quita el sueño y la venda de los ojos, permitiéndonos ver un cara a cara distinto, desde el miedo, desde la inquietud, quizás también desde la solidaridad, impulsándonos a un plano superior de la moral, uno en el que nos involucremos con el prójimo, con la paz y con la justicia.

¿Es posible que la pandemia y ahora la guerra nos confronte contra una realidad de la que nos sentíamos falsamente inmunes? De ahí quizás la importancia de la reflexión, de un filosofar modesto y especulativo, que coloca unas cuantas preguntas, pues queramos o no, estamos condenados a sentir, a pensar y a soñar por medio del lenguaje.

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