domingo, abril 5, 2026
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Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Estados Unidos ¿vuelve a salvar a Cuba?

Hoy Cuba nuevamente está amenazada con la pérdida de los subsidios petroleros con los que ha podido sobrevivir ante la falta de un desarrollo económico efectivo, que en 70 años de vigencia de un régimen totalitario no ha podido construir.

Paradojas de la Historia. En 1898, el presidente Mckinley declaró la guerra a España para liberar a Cuba. En esta liberación también intervino José Martí. En 1895 los cubanos inspirados en José Martí forjaron una insurrección. Casi toda América latina ya se había sacudido del viejo yugo español, no así Cuba. En 1901 los Estados Unidos impusieron a Cuba la Enmienda Platt, según la cual el gobierno norteamericano se arrogaba el derecho a intervenir en los asuntos cubanos y determinar lo que el gobierno cubano podía y no podía hacer. La independencia de Cuba, por tanto, fue precaria. Esta situación se supone que terminó con la revolución liderada por Fidel Castro. Es lo que Wright Mills, distinguido sociólogo norteamericano, relata en su histórico libro Escucha Yanqui, publicado en 1966. Este libro fue producto de entrevistas y discusiones que el autor mantuvo con soldados revolucionarios, intelectuales, funcionarios, periodistas y profesores en Cuba, durante agosto de 1960.

El libro retrata la insurrección que echó abajo al gobierno de Fulgencio Batista, y que fuera festejada en los Estados Unidos, cuando Fidel Castro era descrito como el “soldado-intelectual” que había derrocado al “régimen opresor, corrompido y comercialmente astuto de Batista”, según publicó la Revista Life en enero de 1959.  Este criterio cambió 7 meses después. La misma revista señalaba que “lo que fue gloria y propósito noble en enero se había convertido en demagogia y caos en julio”.

Escucha yanqui intenta demostrar que ese cambio de opinión obedeció a un desconocimiento del proceso revolucionario cubano, que se produjo por ser Cuba una colonia política y económica de Estados Unidos y ser dominada por sus monopolios. En todo este tiempo Cuba “fue simplemente un lugar de miseria y suciedad, analfabetismo, explotación y negligencia”. La Revolución Cubana está luchando para salir de todo esto, clamó Escucha yanqui.

Wright Mills narra que sus entrevistados le aclaraban que la revolución cubana no fue producto de una lucha de clases. Que fue forjada por intelectuales de clase media y campesinos y era distante del modelo estalinista. Estas fuentes le explicaban que su compromiso era crear un nuevo desarrollo económico para América latina “sin sacrificar a una o más generaciones en la construcción de una economía sólida”.

Según Wright Mills, Cuba apostó por una revolución humanista: “un paso adelante de la derecha y de la izquierda”. No buscaba ni el capitalismo ni el comunismo totalitario porque ambos sistemas sacrifican los derechos humanos.

El sueño cubano que el libro de Wright Mills recrea no fue realizado. Leonardo Padura, prolífico escritor cubano, lo confirma en su libro de 2024, Ir a la Habana. Y lo confirma no desde la ideología sino desde su vivencia, que es la de millones de cubanos. Padura sigue viviendo en Cuba, no quiere renunciar a su identidad. No es de derecha, tiene un ojo crítico y le duele lo que está pasando en su patria.

En su adolescencia Padura asistió a la construcción del socialismo real que produjo una serie de cambios de carácter sociopolítico y cultural. El que más le conmovió fue el inicio de la polarización entre afectos y desafectos al sistema que se engendró entonces y que ha seguido agravándose con los años. Otros cambios se tradujeron en profundas transformaciones económicas: la desaparición de la clase media y la proletarización de toda la sociedad. La crisis de la década de 1990 intensificó el proceso de extrañamiento, de “ajenitud”, como lo llama Padura, que condujo a la ruptura de los tejidos afectivos. La migración de cubanos, más de dos millones de ciudadanos, es tratada en su novela Como polvo en el viento, de 2020.

El “deshielo” cubano producido a raíz de la visita a la isla del presidente norteamericano Barack Obama le dio a Cuba un respiro. Pero luego vino el frenazo cuando Donald Trump ganó las elecciones y como presidente canceló las políticas hacia Cuba y fortaleció el embargo estadounidense, el ya casi eterno bloqueo.

Con la pandemia, las mayores restricciones del bloqueo estadounidense aprobadas por Trump y la profunda ineficiencia del sistema económico cubano configuraron la debacle que desde entonces vive la sociedad cubana: falta de productos de primera necesidad, crisis en el suministro de combustible y de energía eléctrica, incremento de los precios de todo lo necesario y lo innecesario, inflación galopante, deterioro de los servicios médicos y escasez de medicamentos.

Escucha yanqui es el testimonio de un proyecto fallido. Ni los yanquis ni los soviéticos apoyaron a Cuba. Ambos recelaban y se molestaban por el atrevimiento cubano de buscar su autonomía y seguir una línea de acción propia, “verde-oliva”. Fidel era consciente de ello, sin embargo no pudo ser consecuente con ese anhelo. Caído el Muro de Berlín Castro se aferró al viejo molde de un socialismo obsoleto. En lugar de hacer lo que estaban haciendo los países de Asia y la Europa del Este, “bajarse de las ideologías, tocar tierra y hacer reformas para adaptar sus gobiernos y economías a un mundo poscomunista”, Castro tercamente le dejó a Cuba anclado en una nueva dependencia económica y política, buscando que alguien le socorriera desde afuera.

Hoy Cuba nuevamente está amenazada con la pérdida de los subsidios petroleros con los que ha podido sobrevivir ante la falta de un desarrollo económico efectivo, que en 70 años de vigencia de un régimen totalitario no ha podido construir.

El gobierno cubano de Díaz-Canel parece no estar consciente de la disyuntiva que está enfrentando Cuba. Invocando al pasado Cuba se prepara para un “estado de guerra” basado en la doctrina de la “guerra de todo el pueblo”, impulsada originalmente por Fidel Castro cuando Cuba vivía otro momento. Aferrarse al pasado parece ser la norma de un régimen incapaz de mirar hacia delante. ¿Puede un Estado sin legitimidad enfrentar los embates de una nueva intervención yanqui, como la que esboza Donald Trump? ¿Será que Trump, pese a todo, le va a sacar a Cuba de su marasmo?

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