I. La caída
Desde noviembre del 2023, y durante 14 meses de gobierno transitorio encabezado por Daniel Noboa, se desplegó una campaña de comunicación permanente, que facilitó el mercadeo de una imagen política y un nuevo proyecto de gobierno, decidido a enfrentar la crisis del país que precipitó la salida de Guillermo Lasso de la presidencia de la República y la emisión del decreto de “muerte cruzada”.
Según Noboa, su proyecto solo podía tener éxito si era sostenible, bajo la condición de ganar las elecciones del 2025. A partir de entonces, y hasta la inminencia de los comicios del 9 de febrero, todos los caminos conducen a Noboa. La emisión de los decretos 110 y 111 y la declaratoria de Conflicto Armado No Internacional (CANI) en el Ecuador fue un golpe de efecto emocional ampliamente publicitado a lo largo de todos los meses que siguieron, sembrando desde diferentes narrativas la necesidad de la adhesión de todo el país para enfrentar a la inseguridad, identificada como el principal problema del país, junto con la economía.
En adelante, la duda de electores indecisos y votos blandos no encontró en Luisa González esa figura fuerte y movilizadora que pintaba de colores el país en los años dorados del correísmo. La conversación ciudadana medida técnicamente y con probidad, a través de la escucha social en redes sociales solía contradecir, mesurar o equilibrar el clima social que mostraba desde hace casi un año, la incontinente difusión de encuestas.
Los temas de la gente por fuera del círculo rojo de la política no tenían el mismo anclaje a ciertos temas que encendieron anticipadamente una campaña preelectoral; este factor incidió en la generación de una corriente de opinión pública distraída en debatir sobre la eficiencia o ineficiencia del gobierno transitorio para resolver sucesivas crisis puntuales, pero siempre interrelacionadas; la inseguridad, la recesión económica y el desempleo.
El sistema de comunicación oficial tuvo siempre como base y punta de lanza a las redes sociales. Siendo Noboa un nativo digital, siempre prefirió actuar y posicionarse en esa esfera evitando el debate abierto con la prensa y, menos aún, con la oposición.
Los ejes de la narrativa oficial, paulatinamente fueron definiendo el terreno de la competencia electoral; identificaron a sus enemigos: el crimen organizado, el correísmo y la Asamblea Nacional. El siguiente paso consistió en agrupar a estos tres factores en la misma bolsa de enemigos del Ecuador; eran no solo “atrasa países” sino cómplices de la delincuencia y de la contaminación de las funciones del Estado en manos de los cárteles internacionales del narcotráfico. El sistema de comunicación oficial tuvo siempre como base y punta de lanza a las redes sociales. Siendo Noboa un nativo digital, siempre prefirió actuar y posicionarse en esa esfera evitando el debate abierto con la prensa y, menos aún, con la oposición.
Su burlesca imitación en el inicio de su gobierno al chapuceo de Rafael Correa en idioma inglés se viralizó rápidamente; para los internautas, esa acción lo elevó como un legítimo antagonista del exmandatario, al que demostró no temerle y faltarle al respeto abiertamente. Desde redes sociales y ciertos espacios de comunicación masiva se intensificó la idea de la polarización entre correístas y anticorreístas; se pastoreó a la esfera pública por la senda de esa condición antagónica e irreconciliable.

Las únicas dos supuestas opciones que Ecuador tenía para enfrentar y superar sus pesares, radicaban en la falacia de apoyar o combatir al correísmo como único camino. Y vaya que el correísmo dio papaya suficiente. Para el efecto y según el momento específico marcado por cada coyuntura: la supuesta polarización del Ecuador se reflejaba retóricamente en el combate entre el bien y el mal, ergo, entre buenos y malos; entre “vieja política” y “nuevo Ecuador”; entre “cómplices de la delincuencia vs ciudadanos honestos”; entre “personas decentes vs pillos”. Influencers y opinadores siempre invitados privilegiados en ciertos medios, e incluso fervientes defensores, entraron en acción.
La eventual militancia del periodismo a favor o en contra de ciertas causas, por convicción o por conveniencia, es tan antigua como su intrínseca relación con la política y la construcción de su poder simbólico a lo largo del tiempo. Ya nadie se atreve a matizar y peor a negar, la influencia de los medios de información y comunicación en la configuración de la agenda pública. Aparentemente, bajo el imperio de la hegemonía digital, se ha desvanecido la tenue diferencia entre los códigos deontológicos y el corazoncito de muchos profesionales de ese campo.
Oportunas y melodramáticas intervenciones de la Fiscal General, en operativos fuertemente mediatizados contra operadores del crimen organizado en las funciones del Estado, siempre vinculados con el correísmo, y excepcionalmente con el partido Social Cristiano y el círculo cercano de Guillermo Lasso (como en el caso Chérrez) han jugado un papel clave.
En todo ese lapso, la Fiscalía General del Estado ha jugado un rol clave. Sus acciones alimentaron y proveyeron de argumentos a los anticorreistas, con lo que ninguno de los procesos judiciales fue tratado en organismos competentes sin tener que enfrentar el “juicio” subjetivo y la descomunal presión en redes sociales; el mercadeo de cada intervención de la fiscalía proyectaba efectos positivos en un Gobierno que más de una ocasión resbaló por la incontrolable deficiencia de sus voceros.
Oportunas y melodramáticas intervenciones de la Fiscal General, en operativos fuertemente mediatizados contra operadores del crimen organizado en las funciones del Estado, siempre vinculados con el correísmo, y excepcionalmente con el partido Social Cristiano y el círculo cercano de Guillermo Lasso (como en el caso Chérrez) han jugado un papel clave.
En Ecuador, la enorme mayoría de ciudadanos recuerda nombres llenos de cargas subliminales que identificaban los operativos de la fiscalía: Casos Metástasis, Purga, Plaga, Encuentro, Independencia Judicial, Abuso de Garantías, Reconstrucción de Manabí, Sinohydro, Vocales, Nene, Blanqueo Jr., Celu, Pampa, China Campc, Sobornos, Eclipse, Pantalla, Albajuez, Amistad, Euro2024. Es un hecho, que esos mismos ciudadanos, no conocen ni la tercera parte de los nombres del gabinete ministerial de Daniel Noboa.
El allanamiento de agentes de la fiscalía general de la Nación al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), es parte del inventario. La maniobra política reconfiguró la mayoría pro-correísta recientemente consolidada, gracias a la intervención de la fiscalía que devino en una nueva correlación de fuerzas, esta vez favorable a Daniel Noboa. Desde que el invento del correísmo implantó al CPCCS entre las funciones del Estado, han sido incontables los pronunciamientos y críticas desde todas las esferas de la oposición en contra de esa entidad. Sin embargo, ninguno de los tres gobiernos que llegaron a Carondelet después de Correa hizo lo necesario para eliminarlo o al menos limitar sus atribuciones. Pretextos no faltaron, en realidad todos esos gobiernos también se han beneficiado del CPCCS para ubicar a sus operadores en las entidades de control y fiscalización. Tanto es ello evidente que la última crisis en el CPCCS se desató a propósito de la designación del nuevo Superintendente de Bancos.

La difusión de encuestas preelectorales continuó. La trampa estaba tendida cuando se preguntaba a un encuestado “¿Por cuál de la siguiente lista de candidatos votaría usted, si las elecciones fueran este día?” Esa pregunta es legítima cuando se quiere trazar una línea de base para desarrollar y profundizar nuevos estudios cuanti-cualitativos. Si pasa de ese límite se convierte en un medio de propaganda soterrado, incluso si sus resultados fuesen objetivos, divulgarlos como noticia para consumo de la parroquia produce efectos colaterales en la construcción del imaginario colectivo y más en tiempos de campaña electoral.
La conducta del Presidente solo puede ser propia de alguien que está seguro en su zona de confort como gobernante y como candidato; de saber que, al momento, no hay nadie que pueda forjar una cadena de oposición que se movilice más allá de las redes sociales.
A partir del lamentable suceso relacionado con la captura, desaparición y cruel asesinato de cuatro niños en Guayaquil, el Alto Mando de las FF.AA. ha consolidado su lealtad con el jefe de Estado.
Es sintomático el modo en que ha gestionado su alta investidura el primer mandatario. Si en los meses iniciales de su gestión el cotillón y la comidilla política giraba alrededor de las debilidades de su discurso, o su inexperiencia en el manejo de medios o sobre los posteos de influencers cercanos, los temas se volvieron más densos en casos como la confrontación con su vicepresidenta Verónica Abad, la delegación de su presidencia a una funcionaria de su confianza, o el no solicitar licencia para hacer campaña electoral. A eso, los pronunciamientos de la Corte Constitucional (CC) se perciben como una forma de “quemar tiempo” antes de los comicios del 9 de febrero.
La advertencia de un conocido periodista sobre que 8 de los 9 jueces de la CC habrían votado en contra de lo actuado por el mandatario en los temas de la delegación de la presidencia y su campaña electoral, se quemó rápidamente en las redes. Fue una movida típica de una operación política, para generar presión pública y de enclaves del establishment sobre la CC; cuyo intención fue que la sentencia no se divulgue antes del resultado de las elecciones del 9 de febrero, aunque tal divulgación ocurrió finalmente este lunes 3 de febrero. Las operaciones políticas por medio de la prensa son parte de la historia del poder en todo el mundo. Pasa en las mejores familias…
La conducta del Presidente solo puede ser propia de alguien que está seguro en su zona de confort como gobernante y como candidato; de saber que, al momento, no hay nadie que pueda forjar una cadena de oposición que se movilice más allá de las redes sociales. Una impugnación fragmentada y sin liderazgos, cuya única estrategia de respuesta ha sido oponerse y, salvo excepciones, empujar una campaña sucia en redes y en medios controlados por el correísmo, tratando de afectar las narrativas del régimen conectadas con su gestión desde el enorme aparato del Estado -con todo y sus recursos-, sumado a su descomunal volumen de incidencia en la esfera digital, han condenado al fracaso esa línea.
Si Daniel Noboa triunfa en las elecciones y, más aún, si marca una fuerte distancia con su opositora, Luisa González, muy probablemente obtendrá el impulso que necesita para desatar la reforma constitucional anunciada por él y ratificada por su ministro de Gobierno. La inteligencia política recomienda hacer reformas profundas y de alto impacto cuando aún está fresca la sensación de victoria y llueven los oportunistas alrededor del elegido. Tal reforma entonces, tendría que realizarse el primer trimestre del nuevo gobierno, y requiere el apoyo irrestricto de los “no deliberantes”.
Luego de la derrota de las preguntas de la consulta popular del 2024 sobre las reformas al régimen laboral y sobre el arbitraje internacional en conflictos de inversionistas extranjeros contra nuestro país, la nueva reforma o la que sería la Constitución número 21 de este país, deberá eliminar la consulta popular informada y el derecho a la resistencia con el fin de abrir las puertas de la inversión pública o privada, nacional o extranjera, sin que tenga “los límites odiosos de la plebe socialistoide”, que buscó en Montecristi establecer un sistema participativo de comunidades y ciudadanos para evitar el saqueo del petróleo, de la extracción minera, de la alegre industrialización de recursos naturales, la feria libre de las telecomunicaciones y del sector energético, energía renovable y bioenergética; todo lo cual además, pone en riesgo la soberanía nacional y afecta el patrimonio ambiental y cultural de la nación.
Es evidente la fragmentación interna de la Revolución Ciudadana. Marcela Aguiñaga, prefecta del Guayas y de amable cercanía con Isabel Noboa, tía del candidato presidente; Aquiles Álvarez, alcalde de Guayaquil; Paola Pabón, prefecta de Pichincha, y Pabel Muñoz, alcalde de Quito, son parte de eso. Ninguno ha mostrado una relación de fiel obediencia a Rafael Correa.
La eficiencia de su estrategia en redes y la paulatina formación, desde esa esfera, de un nuevo estilo de liderazgo con el cual no pueden competir los viejos partidos reencauchados, ni los representantes de los 16 binomios que solo aspiraban a la Asamblea, también han jugado favor de Noboa. La enorme inversión publicitaria en redes sociales, que no puede ser cuantificada por falta de información de varias plataformas digitales, el uso de todo el enorme entramado institucional del Estado por parte del gobierno en medio de la campaña preelectoral y electoral, la firme cohesión del llamado “cuarto poder” en contra del regreso de Correa al poder a través de Luisa González; las debilidades de la candidata que nunca pudo sacudirse de la sombra de Rafael ordenando solidaridad con Maduro y su cohorte luego de las elecciones en Venezuela, serán parte de la pesada mochila de muchos, antes de los comicios.
El desempeño de la candidata Andrea González a partir del debate presidencial tuvo dos efectos: posicionarse mejor en el vagón de los 16 aspirantes a Carondelet y como una nueva y potencial figura política hacia el futuro; y adicionalmente, infló la esperanza de algunos de que se constituya en la anhelada tercera vía, que podría repetir el 2025 el fenómeno que se produjo con Daniel Noboa el 2023.
La política es un juego de sombras, llena de blofeo, verdades a medias y oscuras mentiras; en la que los fines de los grupos de poder, justifican los medios utilizados por quienes gobiernan. Noboa es un aliado de los Estados Unidos y de Israel. Eso es bueno para él. Aunque Trump no le haya estrechado la mano, invitó al presidente candidato de este pequeño ombligo del mundo a su segunda posesión presidencial; además varios millones de dólares en asistencia de diverso tipo, han fluido desde el gobierno de Biden hacia Ecuador, para apoyar la lucha contra el crimen organizado. Las nuevas políticas migratorias de Donald Trump, incluyen severas condiciones a ciudadanos de América Latina. Siempre será bueno que los gobiernos de esos países se junten para cuidar la espalda del Tío Sam.
II. La limpia
Es evidente la fragmentación interna de la otrora invencible Revolución Ciudadana. Marcela Aguiñaga, prefecta del Guayas y de amable cercanía con Isabel Noboa, tía del candidato presidente; Aquiles Álvarez, alcalde de Guayaquil; Paola Pabón, prefecta de Pichincha y Pabel Muñoz, alcalde de Quito son parte de eso. Ninguno ha mostrado una relación de fiel obediencia a Rafael Correa. Puede entenderse, que, dados los resultados del estilo de conducción autoritario, vertical y visceral del autoexiliado expresidente prófugo en Bélgica, sumados al desgaste de ese movimiento político obligado a defenderse de un sinfín de graves acusaciones sobre actos de corrupción, esté motivando una corriente de renovación al interior de esa tienda para salvar sus muebles, reagruparse, construir una nueva historia y no ser víctima del desahucio.
Ricardo Patiño de vuelta en Ecuador hace pocos meses, tenía la misión de consolidar el voto duro del correísmo, debilitado por la fractura interna de la organización y forjar alianzas con miras a las elecciones de legisladores. No era tan público y notorio, pero se sabía que operadores del correísmo estaban haciendo campaña en territorio por Daniel Noboa, particularmente en las zonas de influencia del Mies.

Captura de video de TikTok
Debería ocurrir un milagroso huracán que revuelva toda la mesa del juego electoral, y que todo el armaje construido para que Daniel Noboa gane las elecciones se desbarate. O que el voto vergonzante y el voto blando no se hayan expresado en las encuestadoras, y tiren al suelo las predicciones estadísticas que han llegado, incluso, al extraño manejo de los porcentajes de nulos y blancos extrayendo de ellos mediante un modelo ignoto, no menos de 6 puntos porcentuales para sumarlos a los votos válidos a favor de Noboa, en primera vuelta.
El hipotético escenario de que esa ola invisible obligue a una segunda vuelta; o el otro, más aventurado, que tiene fe en que Luisa González sea la sorpresa triunfando en primera vuelta, son dos apuestas que al parecer apelan más a la esperanza que a la certeza.
El hipotético escenario de que esa ola invisible obligue a una segunda vuelta; o el otro, más aventurado, que tiene fe en que Luisa González sea la sorpresa triunfando en primera vuelta son dos apuestas que al parecer apelan más a la esperanza que a la certeza. El correísmo duplicó su porcentaje de votos en la segunda vuelta en el 2021 y en el 2023; el equipo de Noboa lo sabe y por ello mercadean la victoria del candidato-presidente en primera vuelta, apropiándose del eslogan de la Revolución Ciudadana, cuando el otrora prometedor Rafael se enfrentaba al magnate Álvaro Noboa, padre de Daniel Noboa.
Lo más probable es que los resultados de los comicios configuren una Asamblea muy similar a la actual; es decir tres bloques fuertes: Revolución Ciudadana, ADN, y el Partido Socialcristiano; a los que se suman varios bloques de menor envergadura que tratarán de agruparse para hacer contrapeso al los tres más fuertes y ser muy atractivos para el nuevo presidente o presidenta.
Será una Asamblea de mayorías móviles y fuertes tensiones en cualquiera de los potenciales escenarios descritos. ¿Y el Consejo Nacional Electoral? ¡Siempre listo por la democracia! ¿Y la custodia del proceso y, sobre todo, de las Actas? En manos de las FF.AA.
