martes, septiembre 15, 2026

 El Quinto Río levanta otras voces y territorios

La confirmación de que el Quinto Río volverá a fluir en Cuenca es una de esas noticias que levantan el ánimo colectivo. Es un gesto de reparación ecológica, pero también emocional.

Por: Anamaría Varea

El verano se extiende sin darnos tregua. La falta de agua nos preocupa cada vez más. Las montañas muestran sus lomas amarillas, los bosques están sedientos, las plantaciones forestales amenazan y en la ambiente ronda el terror de los incendios. Los ríos fluyen escuálidos, los esteros están secos especialmente en la sierra, mientras en la costa las primeras lluvias comienzan a hacer estragos; claros síntomas de un próximo fenómeno de El Niño que se suman a la angustia de vivir en un Ecuador violento, inseguro e incierto.

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En este contexto, todas y todos funcionamos con niveles de cortisol y adrenalina mucho más altos de lo normal. Estos dos químicos —que deberían activarse solo en momentos de peligro— se han vuelto parte de nuestra vida cotidiana. En la persona, el cortisol elevado deteriora la memoria, la concentración y la capacidad de tomar decisiones con claridad. La adrenalina sostenida genera irritabilidad, insomnio, tensión muscular y una sensación constante de amenaza.

El cuerpo vive en modo supervivencia, como si cada día hubiese un 911, una emergencia. En la sociedad, este estado químico se traduce en relaciones más frágiles, menor tolerancia, diálogos tensos y una desconfianza que se instala como norma. La vida comunitaria pierde energía, las ciudades y los campos se vuelven más hostiles y el futuro se percibe con menos esperanza. El estrés deja de ser un asunto privado: se convierte en una condición estructural que moldea comportamientos, decisiones y vínculos.

Pero incluso en medio de esta ansiedad colectiva —ese cortisol que parece parte de la identidad nacional, esa adrenalina que nos mantiene en guardia— hay noticias que funcionan como importantes descargas de serotonina y dopamina, recordándonos que no todo está perdido. En la persona, la dopamina eleva el entusiasmo, la motivación y la capacidad de iniciar proyectos; la serotonina regula la calma, el sueño, la estabilidad emocional y la sensación de seguridad interna. En la sociedad, estos neurotransmisores fortalecen la cohesión, mejoran el diálogo, aumentan la confianza y devuelven la posibilidad de imaginar otro futuro. Cuando emergen buenas noticias, victorias comunitarias o señales de cuidado territorial, la química colectiva se regula: baja la adrenalina del miedo y sube la dopamina de la acción.

El 16 de septiembre de 2025, Cuenca vivió una de las movilizaciones socioambientales más significativas de su historia reciente. Miles de personas  marcharon para defender las fuentes de agua.

El Quinto Río volverá a fluir

La confirmación de que el Quinto Río volverá a fluir en Cuenca es una de esas noticias que levantan el ánimo colectivo. Es un gesto de reparación ecológica, pero también emocional. En un país donde el agua es símbolo, memoria y futuro, saber que un río regresa es sentir que algo se ordena, que algo se sana.

El 16 de septiembre de 2025, Cuenca vivió una de las movilizaciones socioambientales más significativas de su historia reciente. Miles de personas —barrios, colectivos, comunidades rurales, estudiantes, artistas y familias enteras— marcharon para defender las fuentes de agua que sostienen la ciudad y exigir la protección del sistema hídrico de Kimsakocha, considerado por los movimientos como el “quinto río” que fortalece la vida cuencana.

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La jornada fue profundamente simbólica: tejidos azules, tambores, carteles, rituales de agua. La marcha recordó que los ríos de Cuenca —Tomebamba, Yanuncay, Tarqui y Machángara— no existen aislados, sino conectados a los páramos que los nutren. Fue una movilización contundente, pacífica y creativa, que dejó claro que la defensa del agua es una causa transversal. Ese día, el Quinto Río no solo fue metáfora: fue identidad, cuidado y futuro.

Hoy, cuando su flujo está próximo a celebrarse nuevamente, recordar esa marcha entusiasma y renueva la esperanza en un país que necesita buenas noticias para respirar.

Quinto río
Los afiches para oponerse a la explotación minera en Kimsacocha proliferaron en Cuenca como parte de la defensa del agua. En la foto, un afiche llamando a votar no en la consulta de noviembre del 2025.

El Quinto Río abre nuevos cauces

Gracias a Cuenca por replicar esta marcha de aniversario, que nos devuelve entusiasmo, confianza y valor. En un país que ha vivido demasiado tiempo con el cuerpo en alerta, la fuerza del Quinto Río resulta un antídoto emocional y político. No es solo una movilización: es una señal de que la imaginación sigue viva, de que la creatividad comunitaria abre puertas para hacer frente a la dominación y el autoritarismo, de que la solidaridad mueve territorios enteros.

Lo que ocurre en Cuenca no se queda en Cuenca. Su cauce simbólico está irradiando hacia el resto del país. La acción colectiva eleva la dopamina de la esperanza y la serotonina de la creatividad. La defensa del agua, de los páramos, de los manglares, del bosque seco y de los territorios indígenas no es solo una lucha ecológica: es una forma de recomponer la salud emocional de Ecuador.

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Desde los páramos, las comunidades exigen respeto a los ecosistemas donde nace el agua que riega los campos y llega a nuestras casas. En la Amazonía, los pueblos y nacionalidades indígenas sostienen una resistencia histórica para impedir que la frontera petrolera y minera avance sobre territorios que son hogar, memoria y futuro. En la Costa, la defensa del bosque seco —bioma único del Chocó Biogeográfico— y de los manglares amenazados por la industria camaronera se vuelve urgente: son barreras naturales, refugios de vida y sustento de comunidades ancestrales.

Es tiempo de que estas luchas, antes dispersas, converjan. Lo que ocurre en Cuenca es un llamado nacional. La defensa del agua y de los territorios está generando una corriente común, un cauce emocional y político que atraviesa regiones y comunidades. Esa convergencia empieza a dibujar la posibilidad de que el Quinto Río fluya por todo el Ecuador: un río simbólico que no nace de un páramo, sino de la articulación de las luchas territoriales; un río que fluye desde la acción colectiva, desde la esperanza recuperada, desde la certeza de que proteger la vida es también proteger nuestra salud emocional y social.

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El Quinto Río es la metáfora de un país que, cansado de vivir en modo supervivencia, empieza a reconocerse en la defensa de sus ecosistemas y en la fuerza de sus comunidades. Es el cauce que se forma cuando la adrenalina del miedo se transforma en la dopamina de la acción; cuando el cortisol del desgaste se reemplaza por la serotonina de la pertenencia.

El Quinto Río redibuja la geografía nacional. Es la señal de que Ecuador, pese a todo, todavía puede volver a respirar. Porque cuando un río recupera su cauce, también lo recupera un país.

Anamaría Varea

14 de septiembre de 2026

 

 

 

 

Anamaría Varea

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