jueves, junio 18, 2026
Ideas
Juan Carlos Calderón

Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

En el reino de la muerte…

Trece asesinatos que conmovieron al país en menos de quince días, los primeros de junio. Ocho jóvenes libres de cualquier sospecha, parientes y amigos entre sí, ajusticiados en Daule, una joven estudiante politécnica en Quito, una activista polaca en Manglaralto, un ejecutivo de otra universidad en la capital; un incendio dantesco de 35 barcos y lanchas en Manta… Y el asesinado de una fiscal de esa ciudad y de su hermana, vía sicariato, que investigaba el incendio. Así vamos.

«Ningún hombre es una isla, algo entero en sí mismo. Cada hombre es un pedazo del continente, una parte del todo… La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.» John Done

 

Los primeros quince días de junio han sido de muerte y tristeza para el país, las familias de las víctimas y para todos quienes amamos a nuestra nación. Las noticias trágicas de este mes empezaron con la desaparición y posterior hallazgo de los cuerpos torturados e inertes de ocho (¡ocho!) jóvenes en la llamada T de Daule. Entre el 31 de mayo y el 5 de junio los buscaron; eran un grupo de primos, hermanos y amigos que viajaron juntos como forma de protección, que de nada les sirvió. Centenares de personas acudieron al masivo velorio y entierro en Daule; hijos de las familias de la ciudad, sin antecedente penal alguno… y el silencio de las autoridades nacionales, empezando por la Fiscalía.

Mientras Daule lloraba su espanto, el 6 de junio nada menos 35 embarcaciones menores y medianas son consumidas en una extrañísima y dantesca conflagración. Los armadores y tripulación lucharon no solo contra el fuego sino contra la ausencia de recursos para atacarlo. «Un dolor inmenso» fue la expresión de una de las víctimas al ver que la inversión de toda una vida se esfumaba en las llamas. La primera versión de las causas fue tan extraña como la segunda: de chispas provocadas por trabajos de soldadura en un barco, que se propagaron a los demás, hasta la explosión de una caldera a diesel en una de las embarcaciones, generaron más dudas aún, por la paradoja que estas versiones encerraban: ¿cómo pudieron «saltar» las llamas de barco en barco? ¿Incluso a barcos que se encontraban a decenas de metros de distancia unos de otros?

Las noticias de Manta no alteraron el ánimo sombrío de la familia, amigos y compañeros de Nathaly Mafla Castillo, estudiante politécnica de 20 años de edad,  que había desaparecido el 4 de junio desde su centro de estudios, probablemente. Ellos la buscaron cinco días. El hallazgo de su cuerpo por parte de la Policía, el martes 9 de junio, al fondo de una quebrada en el céntrico barrio de La Vicentina, cercano a su universidad, generó una limitada conmoción en una ciudad que va de acostumbrándose aceleradamente a convivir con el reino de la muerte. En las redes circularon luego videos, de cámaras de seguridad posiblemente, que la mostraban deambulando por algunas calles, desolada, en un estado en apariencia extraño. Las dudas aparecerían sobre las causas de su muerte por una serie de cabos sueltos, como su iPad, y pertenencias, que aparecieron de forma ordenada junto a su cuerpo. Algunos tal vez haya visto su deambular extraño, sin percatarse de que era una joven mujer camino a la muerte.

Un día antes, el lunes 8 de junio fue encontrado el cuerpo sin vida de la ciudadana polaca, Mónika Silva; activista contra la corrupción y denunciante de mafias grandes y pequeñas que lucran con violencia y corruptelas de las tierras de la provincia costera de Santa Elena. Como si tuviera el don de la clarividencia, el ministro del Interior John Reimberg se adelantó a decir que había indicios de que fue un suicidio. Ni siquiera se había hecho la autopsia. Mónika Silva trabajaba en el área turística y tenía una fundación de lucha contra la corrupción, llamada La Integridad. Denunció con nombres y apellidos a alcaldes y legisladores de la zona. Fue amenazada explícitamente por uno de ellos, había denunciado en sus cuentas de redes sociales las amenazas de muerte en contra suya, con mensajes dirigidos a todas las autoridades. Y apareció muerta. De entrada se quiso montar la versión un suicidio, lo cual falló, y luego acusar al novio de femicidio. Todos sospechan qué fuerzas oscuras pudieron atentar contra su vida. Eso no sorprendió a nadie de los que seguían sus pasos. Pero sí fue una sorpresa el intento de encubrimiento de las autoridades. La actitud cambió con un comunicado de la Unión Europea, de su país natal Polonia, y de la CIDH, entidades que exigieron una investigación independiente. Por lo menos en este caso hay presión internacional y nacional para que se determine las causas de su muerte; la versión de suicidio fue descartada al revelarse que probablemente hubo violencia contra ella, recibió un golpe en la cabeza antes de su muerte, había sangre en una habitación, que había una olla puesta en la cocina, que sus mensajes eran optimistas, que ella amaba la vida y la vida de sus pequeñas hijas y que buscaba salir del país para evitar que la maten…

Tres días después de la muerte de Mónika Silva, Quito se volvió otra vez «viral» con la trágica noticia del asesinato a tiros del gerente financiero de la Universidad De las Américas, UDLA, una de las universidades privadas más grandes y prestigiosas de la capital. En horas de la noche del jueves 11 de junio, él volvía a su hogar en la zona de Cumbayá-Tumbaco, cuando fue objeto de un sicariato, alguien que lo perseguía en una moto, que él tuvo de tiempo de ver y avisar a su esposa. Lo que no tuvo tiempo fue de llegar vivo a su casa. Sin esperar tampoco a los procedimientos legales, autoridades empezaron a especular sobre las causas de este crimen.

Reporte Global, finalmente nos informa que el asesinato de Alexandra Bravo Cedeño, fiscal de Manta con más de quince años de trayectoria, y de su hermana, ocurrido el sábado 13 de junio, volvió a colocar en el centro del debate la vulnerabilidad de los operadores de justicia que investigan estructuras del crimen organizado. Así terminó esta quincena trágica. «En X, el doble crimen reavivó las críticas a la limitada protección estatal y a la eficacia de los sucesivos estados de excepción decretados por el Gobierno. Entre las causas que tramitaba la fiscal Alexandra Bravo figuraban investigaciones de alto impacto en Manta, incluidas indagaciones derivadas del incendio que destruyó 35 embarcaciones en el puerto manabita el sábado 06 de junio de 2026, aunque hasta ahora las autoridades no han establecido una relación entre ese expediente y el asesinato de la funcionaria».

Miedo y luto. Sin contar con los asesinatos que las autoridades asocian alegremente con rencillas entre bandas criminales y como «se están matando entre ellos» o «tienen antecedentes penales» o «algo habrá hecho», no tienen derecho ni al nombre. Noticias como estas todos los días, muerte y más muerte, un Estado local y nacional que ahora ni se digna mencionar a las víctimas (salvo si hay reclamo extranjero), una «guerra interna» que justifica cualquier disparate o gasto en seguridad o toque de queda o estado de excepción o… que pretende (o pretenden) convertirse en una guerra eterna, con una población encerrada y alimentada solo por el invento de no-hechos o el ocultamiento de los hechos. Vivimos en un estado de locura colectiva, un adormecimiento, una sociedad escapolaminada que marcha hacia el fondo de una quebrada. En este mapa donde reina la muerte ¿hay un lugar para la utopía? La muerte de cada persona nos disminuye, porque estamos «ligados a la humanidad». Hace rato que las campanas suenan por nosotros.

 

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