Es doloroso despedir a un amigo, sobre todo si se trata de una persona con cualidades singulares. La trayectoria de Jorge Enríquez Páez se desarrolló en el campo de la educación superior. Fue el brazo derecho de Alfredo Pérez Guerrero cuando la Universidad Central descollaba académicamente y ejercía un liderazgo moral. Él se nutrió de estas enseñanzas y se mantuvo fiel a ellas. En Universidad ultrajada, Pérez Guerrero dio fe de la feroz embestida de la Junta Militar de Gobierno, con la cobarde y bárbara invasión militar a sus predios, el 25 de marzo de 1966. Autoridades, profesores y estudiantes fueron ultrajados. Se violó la autonomía universitaria. Hubo una persecución macartista cuando en la década de 1960 un anticomunismo voraz persiguió al pensamiento libre y causó un vacío que dejó huellas y demoró en ser cubierto.
En esa época, Jorge Enríquez Páez también fue funcionario de la Junta Nacional de Planificación (JUNAPLA), en la que trabajó por décadas como asesor jurídico y director administrativo. Interactuó con el personal técnico y administrativo de la oficina de planificación y coincidió con los principios éticos de sus integrantes, que fueron un aval de pulcritud en la contratación de créditos para proyectos de desarrollo. Gozó de mucho prestigio en la institución y fue un referente para quienes prestamos en ella nuestros servicios. Trabajó con los municipios y fue parte de estos organismos seccionales. Conjugó estas funciones con la cátedra en la Escuela de Derecho de la Universidad Central.
En el CONADE (Consejo Nacional de Desarrollo), cuando el vicepresidente de la República lo presidía, protegió los derechos de los funcionarios censurados por razones político ideológicas. Defendió la autonomía administrativa del CONADE y aportó en diversos campos de su actividad gracias a la amplitud de sus conocimientos. Con Gonzalo Abad Ortiz, destacado promotor de los estudios sociales en la JUNAPLA y el CONADE, fue cofundador de la sede de la FLACSO en Ecuador, cuando Chile fue azotada por la dictadura de Augusto Pinochet.
Su pasión por la educación universitaria le llevó a fundar una universidad con los principios que heredó de Pérez Guerrero y en la que invirtió todos los recursos económicos de su jubilación. La Universidad Alfredo Pérez Guerrero (UNAP) formó a centenares de jóvenes con una destacada planta de profesores. Su centro cultural editó libros de connotados pensadores ecuatorianos. Impulsó la investigación en humanidades y publicó sus ensayos.
Los estrechos criterios logísticos en el gobierno de Rafael Correa condujeron a la eliminación de ésta y otras universidades calificadas como “de garaje”, sin guardar consideración con los tiempos y los procesos que toman y demandan la creación y la consolidación de toda nueva estructura académica. Esas decisiones tampoco se preocuparon de los estudiantes que habían optado por esas carreras. Toda la inversión realizada por Jorge Enríquez fue abolida sin compasión, ocasionándole la pérdida de sus recursos y un quebranto de la economía familiar.
Nunca dejó de interesarse por la suerte de nuestro país ni por las necesidades de su familia en la que asumió el papel de padre de sus hermanos y sobrinos. Ello se tradujo en el hondo afecto que sus familiares guardan hacia él. Como lo testimoniaron varios de ellos, las adversidades que se le presentaron no le derrotaron. Siempre se levantó y no perdió su espíritu amable y jovial. Antes de morir había dicho que su vida fue dura pero linda. Hasta sus últimos momentos reveló grandeza y gratitud. Murió en paz, rodeado de afecto, dignidad y respeto
Jorge fue un hombre generoso, pródigo en sabiduría y amistad. Un ejemplo para los jóvenes por quienes apostó y se sacrificó.
