La importancia de América Latina en la estrategia de expansión global de China se puede rastrear desde inicios del presente siglo, con la llegada de capitales y empresas chinas a la región, en el marco del superciclo de precios de materias primas. Sin embargo, la inclusión formal de América Latina en la IFR se concretó en el Foro China-CELAC de 2018, que declaró la región como una “extensión natural” de dicha Iniciativa. A noviembre de 2023, en total 22 países de América Latina y el Caribe han firmado Memorandos de Entendimiento (MdE) con China para formalizar su participación en la IFR.
A medida que la IFR se asienta en la región, el interés de China en América Latina se ha revitalizado convirtiéndola en un territorio de disputa global. No es para menos. La dotación de recursos de América Latina a escala mundial es determinante para las políticas y patrones de desarrollo actuales y futuros: quinta parte de las reservas de petróleo, una cuarta parte de los metales estratégicos (57% del litio, 39% de la plata, 37% del cobre, 25% del molibdeno), un tercio de los bosques primarios del mundo y los recursos de agua dulce (6 de los 17 países megadiversos del planeta), y una sexta parte de las tierras agrícolas del planeta de acuerdo a datos de la CEPAL, del 2023.

Foro China-CELAC de 2018, una cita cumbre para el acercamiento entre el gigante asiático y América Latina.
Aunque muy pocos proyectos en la región han sido etiquetados explícitamente como parte de la IFR, la mayoría de las inversiones chinas en el último decenio se ajustan a las prioridades estratégicas de la Iniciativa: mega obras de infraestructura de transporte (carreteras, vías férreas, puertos, aeropuertos, redes digitales), hidrocarburos (petróleo y gas), energía (generación, transmisión y distribución eléctrica ), minería y agroindustria; en general, para potenciar la extracción y exportación de recursos naturales necesarios para el desarrollo industrial de China.
Para dimensionar lo ocurrido en el decenio de la IFR en América Latina basta con mirar las cifras de comercio e inversiones. En el ámbito comercial, entre 2014 y 2021, el crecimiento de las exportaciones de minerales desde la región hacia China estuvo cerca de triplicarse (188%) y el de combustibles, de duplicarse (89%).
Aunque las narrativas de una IFR “verde” encajan con su discurso de sostenibilidad socioambiental, transición energética y cambio climático, la realidad de las inversiones y financiamiento chinos evidencian que éstas siguen concentradas en sectores extractivos.
En lo referente a las inversiones chinas, concentradas en el sector de energía y minería, el 75% de la inversión externa (OFDI) china en Sudamérica arribó desde 2013, y el 60% desde 2018 cuando se declaró la región como “extensión natural” de la IFR. Por tanto, a pesar de que la influencia de China y la relación bilateral con cada país tiene sus particularidades, los antecedentes presentados en este libro muestran que las intenciones perennes de China continúan presentes.
Aunque las narrativas de una IFR “verde” encajan con su discurso de sostenibilidad socioambiental, transición energética y cambio climático, la realidad de las inversiones y financiamiento chinos en América Latina evidencian que éstas siguen concentradas en sectores extractivos, altamente contaminantes y asociados a impactos socioambientales en territorios frágiles.
Entre 1972 y 2023 Ecuador ha suscrito con China 267 instrumentos internacionales. Un 54% de ellos se firmaron desde 2007, cuando la relación bilateral tomó fuerza con la llegada del gobierno de Rafael Correa. Varios factores nacionales explican la profundización de las relaciones, a saber: el boom de precios de commodities que favoreció la industria petrolera, la narrativa del nuevo gobierno de desarrollar una política económica soberana (expresada en la ruptura de relaciones con el Banco Mundial en 2007 y la declaración de moratoria de la deuda en 2008), y la necesidad de aumentar drásticamente el gasto público para financiar un ambicioso proyecto de transformación de la matriz energética.
Recién posesionado, Rafael Correa visitó a su homólogo chino, Hu Jintao, para sentar las bases de lo que sería una cooperación bilateral sin precedentes (Castro 2021). El incremento de acuerdos suscritos entre 2007-2017 fue significativo: llama la atención el aumento de los acuerdos financieros (crediticios y de cooperación bancaria), en cooperación económica, energía y minas (hidrocarburos, electricidad, y minería metálica específicamente) y seguridad y defensa. En 2015, por segunda ocasión Rafael Correa visitó China, y firmó la Declaración Conjunta sobre el Establecimiento de la Asociación Estratégica (AE), conmemorando 35 años de relaciones bilaterales.

Rafael Correa y Hu Jintao, en Pekín, en noviembre de 2007. Foto: AP
En noviembre de 2016 el presidente Xi Jinping visitó por primera vez Ecuador, y ambos gobiernos acordaron elevar sus relaciones a Asociación Estratégica Asociación Estratégica Integral (AIE).
En diciembre de 2018, el presidente Lenin Moreno (2017-2021) firmó la adhesión a la IFR, marcando un nuevo hito en la relación bilateral. Más de una docena de proyectos, en marcha o concluidos, se incluyeron bajo el paraguas de la IFR. En este mismo gobierno, en noviembre de 2019, Ecuador se convirtió en el primer país latinoamericano en ser miembro pleno del BAII, y en recibir un crédito por US$ 50 millones para capitalizar la Corporación Financiera Nacional en 2020.
La balanza comercial con los dos principales socios comerciales es opuesta: positiva con Estados Unidos y negativa con China. Este déficit se profundizó desde 2011, y ha empezado a reducirse desde 2018, principalmente porque las exportaciones de Ecuador a China han crecido a una tasa anual cercana a 50%.
En su visita a China el presidente Guillermo Lasso (2021-2023) suscribió la Declaración Conjunta sobre la “Profundización de la Asociación Estratégica Integral Ecuatoriana-China”. El documento reconoció, entre otros, los frutos de la AEI desde 2016 y de la XIV Comisión Mixta; reforzó el compromiso binacional de impulsar la IFR “de alta calidad”; el estado chino se comprometió a dialogar para aliviar la deuda ecuatoriana; se acordó iniciar negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC); y, se declaró que “[…]la Parte ecuatoriana apoya y participa en la Iniciativa para el Desarrollo Global propuesta por la Parte china, y se suma a los esfuerzos para promover la cooperación internacional en las 8 áreas prioritarias contempladas en la misma[…].” (párrafo 9).

El presidente Guillermo Lasso mantuvo un encuentro con el presidente chino, Xi Jinping, en Pekín. Foto: Presidencia de la República del Ecuador
Relaciones comerciales Ecuador-China
Las relaciones comerciales de Ecuador se han caracterizado por un patrón primario exportador (materias primas y productos agrícolas) y la importación de manufacturas y bienes de capital. Este perfil se reforzó durante el “superciclo” de materias primas (2005-2015) y el rol creciente de China.
La balanza comercial con los dos principales socios comerciales es opuesta: positiva con Estados Unidos y negativa con China. Este déficit se profundizó desde 2011, y ha empezado a reducirse desde 2018, principalmente porque las exportaciones de Ecuador a China han crecido a una tasa anual cercana a 50%.
Como destino de exportaciones, China pasó de ocupar el puesto 12 en 2010, al sexto lugar en 2015, hasta convertirse en el segundo destino de exportaciones en 2020 y primer destino de exportaciones no petroleras en 2022. Como origen de importaciones, en el 2000 ocupó el décimo lugar, el tercero en 2010, el segundo en 2015, y desde 2020 China ocupa el primer lugar, superando a los Estados Unidos de América. Actualmente, los principales productos de exportación de Ecuador a China se concentran en el sector petrolero, minero y, cada vez más, en los sectores agrícola y de alimentos: camarón, madera, banano, atún y pescado. Por su lado, Ecuador importa de China máquinas y aparatos mecánicos, vehículos, aparatos eléctricos, entre otras manufacturas (Fedexport 2022).
Este proceso no contó con la participación de representantes de la sociedad civil y tampoco incluyó capítulos ambientales y laborales. El escenario es preocupante, pues “el Ecuador no ha estado, ni está preparado con un buen marco regulatorio ambiental y social para este TLC con China”.
En febrero de 2022, la relación comercial de Ecuador con China alcanzó un nuevo nivel cuando el presidente Lasso anunció el inicio de las negociaciones del TLC con China. El tratado se acordó en tiempo récord: cuatro rondas de negociaciones entre julio y diciembre, en lo que el gobierno ecuatoriano llamó la negociación “más rápida de la historia” (González 2023). Este proceso no contó con la participación de representantes de la sociedad civil y tampoco incluyó capítulos ambientales y laborales. El escenario es preocupante, pues “el Ecuador no ha estado, ni está preparado con un buen marco regulatorio ambiental y social para este TLC con China” (Paulina Garzón, citada en Paz 2023).

El ministro de Producción, Julio José Prado, entrega al presidente Guillermo Lasso el Tratado de Libre Comercio firmado con China, el 10 de mayo de 2023. Foto: Archivo / Ministerio de la Producción. Foto: Primicias.
El TLC conlleva altas probabilidades de intensificar actividades de monocultivo destinadas a la exportación, profundizar la lógica extractiva, y vulnerar los derechos laborales y ambientales en los territorios donde se asientan las inversiones chinas (LAS 2023). Luego de recibir dictamen constitucional favorable, para entrar en vigor el TLC aún tiene que ser ratificado por la Asamblea Nacional.
El financiamiento chino como punta de lanza
Ecuador ha firmado acuerdos de financiamiento con China desde el inicio de sus relaciones diplomáticas. Entre 1984-2009 se firmaron al menos diez acuerdos crediticios para financiar proyectos de infraestructura social en sectores de electricidad, agua potable y alcantarillado, proyectos de cooperación económica y la compra de materiales chinos. Sin embargo, desde 2010 el financiamiento chino adquirió nuevas dimensiones cuando se concretó el préstamo para la primera mega infraestructura hidroeléctrica: Coca Codo Sinclair, CCS. En los años siguientes Ecuador se convirtió en el cuarto receptor de financiamiento chino en Latinoamérica (después de Venezuela, Brasil y Argentina) y China se convirtió en su principal acreedor bilateral (Castro 2019). Entre 2010 y 2019 China y Ecuador subscribieron 28 créditos por aproximadamente US$14.000 millones de los cuales casi US$4.000 millones permanecen como saldo de deuda según el Ministerio de Finanzas (2023). En 2016, la deuda con China llegó a ser similar a todas las deudas multilaterales combinadas (Castro 2019).
No se registran nuevos préstamos chinos desde 2020. Los principales prestamistas han sido los bancos
de política chinos: el BDC y el Eximbank de China prestaron US$12.000 millones. El BDC otorgó doce préstamos equivalentes al 58% del financiamiento total. Ocho de estos se dieron mediante cuatro
líneas de crédito con tramos atados a pago anticipado con petróleo. Entre los principales proyectos financiados por el BDC estuvieron las universidades de la Amazonía (IKIAM) y de Educación (UNAE), la construcción de la plataforma financiera gubernamental, algunos hospitales, el proyecto eólico Villonaco, entre otros. El Eximbank de China, por su lado, otorgó diez créditos que representan el 28% del financiamiento total, destinados a financiar los proyectos hidroeléctricos Coca Codo Sinclair, Sopladora y Minas San Francisco; el sistema de transmisión eléctrica nacional, la Universidad Yachay, entre otros.

El Banco de Exportación e Importación de China (China EximBank)
También existen créditos de bancos comerciales como el BOC, con cuatro créditos (6%) para financiar proyectos de infraestructura vial y educativa; y el ICBC, con dos préstamos (8%) para la empresa
estatal de petróleos, Petroecuador. Los créditos otorgados por el Eximbank de China y el BOC especifican los proyectos a los que van destinados, en cambio, los créditos del BDC y el ICBC han sido menos transparentes y difíciles de rastrear. Un informe de la Contraloría General del Estado (2017) resaltó la falta de información de tres líneas de crédito del BDC y recomendó que se publiquen los proyectos financiados, cosa que no ha sucedido (Garzón et al.
2021, 46).
Inversiones chinas en Ecuador
Las inversiones de empresas chinas en Ecuador han tenido dos canales: inversión extranjera directa (IED) y construcción de proyectos de infraestructura (Tabla 6.1). La IED se ha concentrado en petróleo y minería, donde empresas chinas como Andes Petroleum y PetroOriental (conformadas por CNPC y Sinopec) o Ecuacorriente (China Railway Construction Corporation y Tongling Non Ferrous Metals Group),han adquirido importantes concesiones. Por otro lado, la construcción de infraestructura se ha concentrado en energía y transporte, con empresas como Sinohydro, Harbin Electric International, China Road and Bridge Corporation, entre otras, que han sido contratistas del gobierno para obras públicas.
Según el Banco Central del Ecuador, la IED china durante el último decenio ha estado directamente ligada a la explotación de minas y canteras, que incluye minería metálica y petróleo. En la segunda década de este siglo, la inversión china se ha posicionado como la segunda (2011-2014) o tercera (2022) más importante del país. Entre 2002 y 2022, las inversiones chinas en Ecuador se cuadruplicaron: pasaron de US$ 15,74 millones a casi US$ 60,00 millones. Un primer pico de inversión se dio en 2007 (US$ 86,8 millones) explicado por la entrada de las empresas petroleras CNPC y Sinopec y la adquisición de los activos en los bloques operados por la canadiense EnCana. Posteriormente el mayor pico histórico se dio en 2015 (US$ 113,9 millones).
Sectores clave: hidroelectricidad, petróleo y minería
Las inversiones chinas en Ecuador durante el último decenio se han concentrado en tres sectores clave
en el marco de la estrategia de expansión de la IFR: construcción de infraestructuras hidroeléctricas, operaciones petroleras y proyectos de minería metálica.
La construcción y financiamiento de proyectos hidroeléctricos ha sido un pilar de la relación
China-Ecuador. Entre 2010 y 2020 siete proyectos hidroeléctricos fueron construidos con participación de empresas y/o bancos chinos: Coca Codo Sinclair, Sopladora, Minas-San Francisco, ToachiPilatón, Delsitanisagua, Quijos, y Mazar-Dudas. Estos proyectos se construyeron bajo la premisa de cambiar la matriz eléctrica del país, reemplazando la termoelectricidad (producida por la quema de combustibles fósiles) por la hidroelectricidad, considerada en ese momento un modelo de energía limpia. Sin embargo, varios estudios han mostrado que los beneficios de este tipo de infraestructuras son cuestionables pues conllevan importantes efectos ambientales, sobrecostos, falta de transparencia y hechos de corrupción, y no garantizan un desarrollo sostenible en los territorios donde operan (Garzón y Castro 2018; Dussel, Cook y Alter, en impresión).

Coca Codo Sinclair es la mayor obra de infraestructura construida por empresas chinas en Ecuador.
En el sector petrolero, Ecuador fue uno de los primeros países sudamericanos donde las empresas chinas tuvieron una presencia importante. En 2006, CNPC y Sinopec formaron los consorcios Andes
Petroleum y PetroOriental y adquirieron los bloques 62-Tarapoa y los bloques 14 y 17 respectivamente.
No se registran nuevos préstamos chinos desde 2020. Los principales prestamistas han sido los bancos de política chinos: el BDC y el Eximbank de China prestaron US$12.000 millones. El BDC otorgó doce préstamos equivalentes al 58% del financiamiento total.
Además, adquirieron participación en la Estación de Almacenamiento y Transferencia de petróleo y en el Oleoducto de Crudos Pesados. En 2016, Andes Petroleum adquirió dos nuevas concesiones (bloques 79 y 83), pero debido a la oposición social en 2019 la empresa renunció a la explotación del crudo, aunque los contratos siguen vigentes (Alarcón 2023). Actualmente Andes Petroleum es el principal productor privado de petróleo del país. Desde 2016, además, se han dado siete nuevos contratos de servicios a Sinopec y Chuanqing Drilling Engineering (CCDC), subsidiaria de CNPC. De estos contratos, cuatro corresponden al Bloque 43, en los campos Tiputini, Tambococha e Ishpingo, ubicados parcialmente dentro del Parque Nacional Yasuní.
En minería, tres de los cinco proyectos mineros estratégicos del Estado están actualmente concedidos a empresas chinas: el proyecto Río Blanco, operado por Ecuagoldmining S.A. (propiedad de Junefield Mineral Resources Holdings); el proyecto Mirador, operado por Ecuacorriente S.A. (ECSA); y el proyecto Panantza-San Carlos operado por ExplorCobres S.A (EXSA), ambos propiedad del consocio chino Tongling Nonferrous Metals y China Railway Construction Corporation Limited (TonglingCRCC).
Según el investigador William Sacher (2017, 200), Tongling-CRCC se sacó “el premio gordo” con la adquisición de Mirador y Panantza-San Carlos, porque son los dos proyectos más “prometedores” de la incipiente industria minera ecuatoriana. Tanto Río Blanco como Panantza-San Carlos están actualmente paralizados en instancias judiciales por falta de consulta previa, libre e informada; además, las comunidades han denunciado graves impactos sociales y ambientales. A pesar de tener graves problemas, Mirador es el único proyecto chino operativo desde 2019.
*Diana Castro es investigadora e integrante de LAS. Es la autora del segmento sobre Ecuador en este informe global.