lunes, abril 6, 2026
Ideas
Carlos Rivera

Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

¿Seguir casados con el dólar o buscar una aventura?

La campaña electoral nuevamente ha puesto en el tapete de la discusión la conveniencia de mantener o no nuestro matrimonio con el dólar.

El presidente Noboa se ha mostrado partidario de mantenerse casado con el dólar, y su programa económico es una fuerte evidencia de ello. Al contrario, los revolucionarios han mostrado permanentemente su interés por recuperar un cierto grado de autonomía monetaria y hasta buscan un tórrido affaire con unas damiselas de nombre ecuadólar y dólar electrónico, aunque ciertamente se ven abocados a no demandar directamente el divorcio por la alta popularidad del dólar y el balance neto altamente positivo para los cónyuges en estos ya 25 años de matrimonio.

Sin embargo, e independientemente del discurso pro dólar que se pueda tener en tiempos de campaña, la instrumentación de la política económica puede dar al traste con la dolarización. En este sentido conviene evaluar las propuestas de los candidatos finalistas, en términos de su posible afectación a los requisitos y condiciones de mantenimiento de un sistema de tipo de cambio fijo extremo, conforme lo que dictamina la teoría económica y evidencia empírica.

Estas condiciones de sobrevivencia de un esquema de tipo de cambio fijo extremo pueden resumirse en:

  1. Evitar pasivos contingentes que tengan que ser absorbidos por el gobierno.
  2. Mecanismos de absorción de shocks que reemplacen la función de los tipos de cambio flexibles.
  3. Clima apropiado para la inversión y mejoras de productividad.

En relación al primer requisito, los pasivos contingentes del gobierno afectan la percepción de riesgo de los inversionistas y acreedores, que saben que el país no cuenta con herramientas suficientes (depreciación del tipo de cambio) para generar recursos rápidamente que le permitan cumplir con los pagos de deuda, lo cual puede alentar el cierre de las puertas de financiamiento externo y corridas de capitales que afectarían directamente el grado de liquidez de la economía. Esto representa una verdadera amenaza para la dolarización.

Las propuestas revolucionarias de expansión desmedida del gasto público y la poca predisposición a la disciplina fiscal, junto al debilitamiento esperado del sistema bancario por el tan mentado y anunciado uso de las reservas del banco central abren las puertas de par en par a la generación de pasivos contingentes para el gobierno, y ponen en cuestionamiento la sostenibilidad de la dolarización con los revolucionarios. De su lado, el manejo económico prudente y sujeto a los buenos fundamentos económicos aleja la posibilidad de poner en vilo a la dolarización con el presidente Noboa.

Respecto a la segunda condición, Ecuador está muy expuesto a shocks de términos de intercambio por su alta dependencia en commodities; y dado que los ajustes en una economía dolarizada van por el lado de la contracción de la economía ante la inflexibilidad del tipo de cambio nominal, los inversionistas perciben un trade off entre las moratorias de pago y la sostenibilidad del proceso de dolarización, por el mismo efecto de iliquidez derivado de las eventuales decisiones de cierre de líneas de crédito y/o fuga de capitales.

Esta incertidumbre se disipa con la abundancia de reservas internacionales no sólo en el Banco Central, sino en el gobierno central y los bancos, con contratos de líneas de crédito contingentes con organismos multilaterales y la existencia de fondos de estabilización anti-cíclicos. La evidencia del manejo económico cuando fueron gobierno la revolución ciudadana, de expandir el balance del banco central, la eliminación de los “fonditos” y el default de la deuda externa, contrasta radicalmente con la garantía de un acceso continuo y en las mejores condiciones a los mercados internacionales de capitales que se tiene con el presidente Noboa, lo asegura la sostenibilidad del matrimonio con el dólar, a diferencia de lo que pasa con los revolucionarios.

En relación al clima apropiado para la inversión y las mejoras de la productividad,  dado que en las economías dolarizadas los ajustes a shocks ocurren a través de fluctuaciones en la producción, se requieren instituciones fuertes que incentiven la inversión privada de largo plazo en sectores productivos por fuera de los commodities. Las mejores señales para la inversión privada y la certidumbre sobre la estabilidad económica sin lugar a dudas la tenemos con el Presidente Noboa.

Considerando que la dolarización es el mejor ministro de economía que puede tener Ecuador, puesto que si bien se ha perdido la capacidad de moderar los shocks reales negativos y suavizar el ciclo económico; la inmunidad frente a los shocks monetarios y el hecho de ser una auténtica  camisa de fuerza para controlar el populismo económico, el dólar representa un activo infinitamente superior.

Además que, con sustento en la literatura económica, se puede inferir que la generación de efectos reales de la instrumentación del ejercicio de la política monetaria en Ecuador es bastante dudosa, al considerar el efecto pass through del tipo de cambio a los precios y la verticalidad de la curva de oferta agregada, como resultado del abuso de la política monetaria en la época del sucre y sus efectos de por vida en los agentes económicos bajo un enfoque de expectativas racionales.

Se puede concluir inexorablemente que es mucho mejor la candidatura que nos asegura seguir casados con el dólar, antes que aquella que da más dudas que certezas sobre la indisolubilidad del matrimonio con el dólar y que apuestan por un affaire del tipo de la película Atracción fatal con Michael Douglas y Glenn Close, y no necesariamente con el mismo final.

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