«Gastamos miles y miles de millones en reunir información sobre Hamás, dijo Yoel Guzansky, un ex alto funcionario del Consejo de Seguridad Nacional de Israel. Pero en un segundo todo se derrumbó como dominó». Es la sensación de desconcierto que reina entre los israelíes, tras el ataque de Hamás.
Ronen Bergman y Patrick Kingsley lo recogen en su reportaje para The New York Times, en el que intentan responder ¿Cómo los temidos servicios de seguridad de Israel no lograron detener el ataque de Hamás? Su respuesta apunta a una suma de fallas estratégicas y operacionales que horadaron la defensa israelí.
El ataque de Hamás a Israel el sábado 7 de octubre es el más letal en 50 años. En una ofensiva inédita por aire, mar y tierra más de 1500 milicianos atacaron 22 lugares simultáneamente, se internaron más de 30 millas, asesinaron a más de 1000 israelíes (incluídos militares) y secuestraron al menos a 150 personas.
Hamás no es un ejército; y el conflicto que experimenta Israel no es una guerra convencional. Desde la perspectiva de los estudios estratégicos se trata de una «guerra irregular»; es decir, un conflicto en el que la violencia de una de las partes es conducida por actores subestatales (Hamás, Hezbolá, Jihad islámica de Palestina, etc.) que recurren a tácticas terroristas o de insurgencia para confrontar a un ejército convencional (el de Israel).
Desde hace décadas, Israel ha convertido a Cisjordania y la Franja de Gaza en las cárceles más grandes del mundo, valiéndose de un terrorismo de Estado sin parangón en la historia. Es más, el Estado israelí ha impuesto un régimen de Apartheid sobre el pueblo palestino, violando el derecho internacional de forma descarada.
A pesar de todo esto, el gobierno de Guillermo Lasso decidió acercarse a Israel. En mayo de 2022, realizó una visita oficial a Tel Aviv y ofreció abrir una oficina comercial de Ecuador en Jerusalén, reconociéndola como capital de Israel, a pesar de que el Estado no tiene jurisdicción plena sobre la ciudad (una de las aberraciones más graves de la élite sionista que dirige aquel país).
Pero regresó ilusionado por los millonarios contratos con la industria de defensa de Israel. Desde entonces, no cesó en repetir que Israel y EE.UU. serían sus aliados en la «guerra contra el crimen organizado».
Aunque Lasso va de salida, uno de los presidenciables, Daniel Noboa, sostiene algo semejante. De llegar a ser Presidente de Ecuador profundizará su cercanía con Israel para combatir a los «narcoterroristas», como suele calificarlos.
Con todo esto en mente, ¿qué lecciones podemos extraer de la «guerra irregular» israelí para el próximo mando político-militar del Ecuador?
Primera lección: En materia de seguridad, la tecnología no lo es todo. Uno de los Ejércitos más tecnológicos y sofisticados fue neutralizado momentáneamente. Los ataques de Hamás a Israel desnudan el mito de la defensa infranqueable y muestran hasta qué punto una innovación táctica puede derrumbar el castillo tecnológico que parecía inalcanzable.
En Ecuador, el mando político, militar y policial ha creado falsas expectativas sobre la adquisición de equipos tecnológicos, armas y vehículos blindados, como fuentes de éxito para la lucha criminal. Pero deberían saber que sin una estrategia que viabilice la política de seguridad y defensa, a través de operaciones y tácticas debidamente calibradas según el contexto, la tecnología es pura parafernalia.
Segunda lección: sin un mando político competente no hay estrategia militar viable ni éxito posible. Aunque los analistas coinciden en que el ataque de Hamás fue planificado con mucha antelación, es evidente que los desaciertos políticos de Netanyahu crearon una ventana de oportunidad única. No solo porque se empeñó en una reforma judicial para expandir su poder en el Ejecutivo, lo que provocó multitudinarias movilizaciones en su contra, sino también porque para mantenerse en el gobierno hizo una coalición con la extrema derecha y los colonos ultraortodoxos, a quienes les cedió, entre otros, el Ministerio de Seguridad. Ahora, el mismo Netanyahu ha llamado a un gobierno de unidad para reconfigurar su gabinete y deshacerse de los incompetentes.
En Ecuador la improvisación del gobierno de Lasso ha sido catastrófica para el país. Si el próximo mando político continúa así, y permite que los generales decidan en vez de un gobierno profesional y civil, será improbable vencer el enorme desafío que enfrenta el país.
