viernes, enero 30, 2026
Ideas
Diego Ordóñez

Diego Ordóñez

Abogado, ex secretario de Seguridad del Estado

La dupla Noboa-Jarrín

Noboa es el responsable final de todo este tinglado de repartir prebendas, consulados e intentos de silenciamiento a los críticos. Él ha metido la mano en instituciones que deben estar fuera del alcance de intereses políticos o económicos. Hace dupla con Jarrín, quien se encarga de ejecutar las órdenes del presidente y de ordenar a la manada.

El correismo hizo escuela y Noboa ha resultado un aprovechado aprendiz, con lo que ha  dado al traste la promesa de un nuevo pais. Ya desde asambleísta se conocía de su certeza demque era natural para un presidente el incidir, controlar, manipular jueces. Ya en el cargo, seguramente por motivos personales y evidentemente por propósitos de impunidad y revanchas, ha mostrado un lado tenebroso, no solamente de manosear la justicia, sino de hacerlo con personajes bien definidos por el neologismo abogansters, o sea, abogados y abogadas que manejan el frente judicial de capos de la mafia, que con mucho efectivo e influencias pagadas garantizan la impunidad de sus clientes.Noboa ha cerrado filas para defender a Godoy, quien como muchos, se viraron del correismo y se pusieron, con igual servilismo, al servicio de Noboa. Según se conoce, la muestra de la supuesta habilidad política del presidente se mide, entre otras cosas, por haberse robado uno de los alfiles de Correa, para que sus mañas y pocos escrúpulos sean usados para parecidos propósitos que los de prófugo. Poner a sus órdenes, primero al ente nominador, y así fue: rápidamente el Consejo de Participación Ciudadana se endosó al noboismo; luego al Consejo de la Judicatura, para hacer de los jueces empleados de bolsillo; pasando porque el encargado de la presidencia de la Corte Nacional envíe dos veces la terna con un cuestionado y de poco prestigio abogado (se presume a cambio de un cargo diplomático para su hijo); finalmente la Fiscalía, que ha sido ocupada por alguien nombrado dentro de este entramado de control y secuestro de las instituciones; con lo que Noboa ha demostrado que sí puede meter la mano en la justicia siendo presidente.

Tal cual Correa, para defender este secuestro Noboa ha desatado una campaña de hostigamiento para acallar críticas. La arremetida “jurídica” contra diario Expreso, usando a la Superintendencia de Compañías como su bulldozer, los intentos de desacreditar con medias verdades o falsedades completas contra ciudadanos que desde redes sociales ejercemos nuestro derecho de opinar y cuestionar a este correismo redivivo, nos han vuelto al ambiente de tensión y temor que vivimos en los aciagos diez años de la revolución corrupta (RC). Contra el Expreso, por una vieja rencilla judicial contra un miembro de su consejo editorial y para presionar la salida de dos extraordinarios periodistas, críticos de siempre de los abusos de hoy y del pasado: Martín Pallares y Roberto Aguilar. Contra Gabriela Panchana, por ejercer su trabajo de comunicadora; contra el abogado Pablo Encalada, por ejercer su profesión y contra el suscrito, por una falsificación, demostrada judicialmente, de un supuesto chat con un delincuente con expresiones mal redactadas y que ya fue usado para desprestigiarme, sin éxito, por los secuaces de La posta. Esta sucia operación la abrió Godoy, enfilando estas  “acusaciones” en su indecorosa presentación en la Asamblea. Luego, los asambleístas, quedados de pasasillas, recibieron la orden de Jarrín de reproducir las infamias. Como buenos mandaderos, como buenos wiñachiscas, obedecieron; y, para variar, han recurrido al apoyo del verdadero ñaño de Norero, el fugado Boscán, que huido de sus financistas, ha vuelto a ponerse al servicio del desprestigio.

Noboa sigue de vacaciones cuando se trata de gobernar; pero sigue pendiente cuando se trata de estas operaciones para combatir con malas artes, al rechazo ciudadano. Y tiene al ex-alfil de Correa, maestro de esas malas artes, agazapado en las oficinas del centro de inteligencia, con millones de dólares en gastos reservados para financiar estos ataques a ciudadanos honrados, a todo el que no haga o haya hecho su voluntad.

Noboa es el responsable final de todo este tinglado de repartir prebendas, consulados e intentos de silenciamiento a los críticos. Él ha metido la mano en instituciones que deben estar fuera del alcance de intereses políticos o económicos. No hay democracia sin justicia imparcial, independiente, proba. Hace dupla con Jarrín, quien se encarga de ejecutar las órdenes del presidente; y su vez se encarga de ordenar a la manada. Así fue, cuando ordenó a la asambleísta Centeno, como coordinadora de bloque, que ordene a todos los asambleístas de su bloque a repetir las infamias. Noboa tiene a Jarrín, sin cargo público, sin sueldo de la nómina de empleados públicos, fuera del alcance de control político, figura clandestina que da identidad y define la escualidez ética del gobierno.

De un presidente democrático se habría esperado una respuesta con integridad, escuchando las críticas que se originan en el buen sentido, sin tratar de oscurecerlas con malas intenciones que no existen, provocando un diálogo con la razón y la moral; y deshacer esa mañosa operación de abogansters. Pero, no, y por el contrario, con su irresponsable ausencia en vacaciones no debidas, pretende no mostrar vínculo con esta maniobra turbia, y permitir que Godoy tenga arrestos para pedir renuncias a directores y notarios y que Suing mueva fichas para sostenerse en un encargo que lo ha pintado de indecoro. Y mantiene a Jarrín como su Montesinos, a despecho de toda sentido de integridad.

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