Demasiado alboroto se ha armado a propósito de la absolución de Wilman Terán en el juicio político que le siguió la Asamblea Nacional. Todo era previsible. Allí se puso en práctica la vieja estrategia del espíritu de cuerpo (en este caso mafioso) para proteger a los incondicionales. Pero, sobre todo, para establecer un principio de impunidad que tranquilice a los eventuales futuros funcionarios corruptos.
Más claro no pudo ser el mensaje: quien llegue al mismo cargo que Wilman Terán (o a otro de similar calibre) como resultado de un proceso espurio y plagado de irregularidades, tiene asegurado el blindaje contra la justica y contra la ética pública.
Para mayor cinismo, el mensaje fue emitido en el preciso momento en que la misma Asamblea Nacional posesionó al nuevo presidente del Consejo de la Judicatura. Mario Godoy puede estar tranquilo: haga lo que haga no será sancionado por este órgano legislativo, ni por ninguno que cuente con los votos suficientes del correísmo. Y no solo eso: si hace buena letra con la designación de los nuevos jueces y conjueces de la Corte Nacional de Justicia podrá inclusive librarse a futuro de la mano de la justicia ordinaria. Caída y limpia.
La desfachatez del escenario, sin embargo, no debe distraernos de los asuntos de fondo. Que dos personajes públicos con evidentes signos de megalomanía estén en el centro del escándalo resulta intrascendente. Solamente son piezas secundarias de un complejo andamiaje de impunidad, una aspiración que tampoco deja de ser un simple medio. El verdadero fin es otro: a lo que realmente quieren regresar los jerarcas del correísmo perseguidos por la justicia es al jugoso reparto del control del Estado. Lo que en lenguaje coloquial podría definirse como “tetismo”: en las divisiones inferiores, una burocracia bien pagada para los militantes; en las divisiones superiores, los grandes negociados de la jerarquía con los grupos de poder económico nacionales e internacionales. La teta estatal es pródiga inclusive en medio de una grave crisis.
¿Qué deben hacer Wilman Terán y Mario Godoy para acoplarse a la estrategia del correísmo de lograr la impunidad para sus cuadros y dirigentes? Pues cumplir a cabalidad con el libreto. El primero, apostándole a una improbable revisión del juicio contra Correa gracias a la indecente confesión de que se dejó presionar para emitir la sentencia condenatoria en contra del caudillo prófugo. El segundo, apurando la designación de jueces de bolsillo que aseguren la decisión final.
Y todos juntos a colgarse de la teta.
Julio 19, 2024
