jueves, marzo 19, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

El silencio del escritor

Lo que está haciendo Daniel Noboa rompe con todo sentido de realidad y ecuanimidad política que debería tener nuestro gobierno. Una escalada de violencia con una nación latinoamericana, con la cual tenemos lazos históricos muy fuertes, es un suicidio colectivo.

Cuando escribo un artículo para esta revista no lo hago por dinero ni por algo de popularidad. Tampoco escribo por concienciar a alguien, porque cada día se hace más difícil creer que la gente comprende o reflexiona. En un país marcado por la dicotomía y la intolerancia, a veces, es mejor el silencio. Mirar la realidad sin sobresaltos ni sentimentalismo. Lo extraño es que aparece una fuerza natural que me obliga a teclear y volver a creer en la utopía de que algo de lo que escribo puede cambiar, aunque sea un miligramo, de la realidad ecuatoriana.

Daniel Noboa ha empezado a bombardear territorio colombiano para asesinar a narcotraficantes que se esconderían en la selva colombiana. Esta denuncia del presidente de Colombia, Gustavo Petro, coincide con las declaraciones de Noboa en X afirmando que están bombardeando los lugares que sirven de escondite para narcoterroristas.

¿Enloqueció Noboa? Porque lo que está haciendo rompe con todo sentido de realidad y ecuanimidad política que debería tener nuestro gobierno. Una escalada de violencia con una nación latinoamericana, con la cual tenemos lazos históricos muy fuertes, es un suicidio colectivo. Imposible olvidar que, en la última crisis energética, Colombia nos salvó del colapso económico al vendernos electricidad. Luego, la guerra arancelaria totalmente forzada, creada por Noboa, afectará con más de 400 millones de dólares a nuestra economía. Todo distópico, está clarísima la intervención de Trump, nos estamos convirtiendo en una colonia de un pederasta rechazado por más del 60% en su país.

El Pacto histórico, el partido de Petro, ganó ampliamente las elecciones legislativas. En mayo, lo más probable es que la izquierda vuelva a triunfar en las presidenciales e Iván Cepeda sea proclamado presidente en una sola vuelta. ¿Acaso Noboa está boicoteando las elecciones en Colombia?, ¿Quiere sembrar el caos en la región?, ¿No le basta el caos en el que estamos sumidos?

Durante las últimas semanas enfrentamos una arremetida descomunal de la violencia de Estado. En nombre de destruir al narcoterrorismo se están vulnerando todas las instituciones democráticas, ya no somos un Estado de Derecho. Noboa no es visto internacionalmente como un gobierno democrático. A nivel de Naciones Unidas, nos miran como un país donde existen desapariciones forzadas, tortura, presos políticos, falta de libertad de prensa y un sistema judicial instrumentalizado para perseguir a opositores.

En Chile, el magnate del banano dijo que en Ecuador se está utilizando el “Método Noboa” porque el pueblo no puede comer balas, necesita empleo e impulso productivo… Lo real es que llevamos 29 meses de estados de excepción, asesinatos, extorsiones, robos, y casos de corrupción escandalosos. Más del 80% de las 10000 personas asesinadas en 2025 no tenían antecedentes penales. Entonces es difícil creer que este método exista, tal vez en algún delirio de grandeza, Daniel Noboa creyó que posee un método. Lo más cercano a la realidad es que el gobierno realiza un montaje propagandístico, algo grotesco, para generar la sensación de que el régimen está enfrentando a los narcos.

La tarde y noche del 15 de marzo, Noboa volvió a ejecutar operativos militares a gran escala. El resultado fue más de 253 personas detenidas por no acatar el toque de queda. En algunos casos, por tenencia de drogas en cantidades ínfimas. ¿Podemos creer que esta jornada de despliegue de soldados, tanquetas, camiones y helicópteros, debilitaron a las estructuras de las bandas de narcotraficantes?

Durante dos años de estado de excepción, Noboa ha detenido a 300.000 personas. De estos detenidos solo 38.000 están presos. Lo que más le ha importado al magnate del banano es crear un impacto mediático en la población que vive confinada entre amenazas de la delincuencia, estados de excepción y toques de queda.

Cuando intento profundizar en el tema de seguridad ciudadana con algún amigo anticorreísta, casi siempre termina echándole la culpa de lo que nos está pasando al correísmo. Es decir, repite el sonsonete del actual presidente y sus voceros. Lo mismo hicieron Guillermo Lasso y Lenín Moreno, liberarse de cualquier responsabilidad política endosándole este gran problema al gobierno de la Revolución Ciudadana.

El otro día conversé con un buen amigo, Fernando Carrión, un escritor y académico que conoce el tema seguridad ciudadana y narcotráfico. Para mí es el que tiene más datos y argumentos para comprender este problema complejo y apasionante. Lo primero en lo que coincidimos es en que se ha creado un estereotipo por parte del anticorreísmo respecto al manejo del narcotráfico durante el gobierno de la RC. Simplemente, las cifras sobre asesinatos son 10 veces menores que en el actual gobierno. Por otro lado, el apresamiento de importantes narcotraficantes, durante su período, entre ellos Fito, Rasquiña (+), Junior, el serbio Srdan, son muestras de que se enfrentó a bandas de narcos. Al mismo tiempo, fue real la inserción social de integrantes de algunos grupos como “Los Choneros”. La clave era tener controlados a estos grupos de narcos. Incluso llegar a acuerdos con estas bandas no era una estupidez, por algo la violencia disminuyó.

¿Cuál es el punto? Si seguimos con el estereotipo, bastante forzado, de culparle de la violencia actual al expresidente Rafael Correa, estamos legitimando cualquier política de seguridad, por más errada y absurda como la de Noboa. Ya sabemos que el magnate del banano tiene un guion desgastado: realizar operativos militares, entrar a poblaciones pobres donde existen líderes de bandas, capturar a algunos narcos y en lugar de que el Estado reactive la normalidad social de estas poblaciones, a las pocas horas, las fuerzas armadas abandonan el recinto.

Obviamente, en cuestión de días regresan los narcos y controlan esas poblaciones dejando una estela sangrienta de gente inocente. Si no existe la presencia permanente del Estado: escuelas, colegios, UPCs, hospitales y programas de inserción laboral para jóvenes, lo más probable es que se repetirá el mismo ciclo de fortalecimiento del crimen organizado, porque el problema es estructural.

El narcotráfico en Ecuador no es un problema moral donde gente buena se enfrenta a gente mala. No lo es porque el tráfico de estupefacientes ya es parte del tejido social, por algo el 40% de nuestro PIB funciona sobre la base del lavado de activos. Si todas las instituciones públicas y privadas, incluyendo partidos políticos, universidades y hasta equipos de fútbol blanquean capitales ilegales es poco honesto hablar de lucha sin cuartel contra los narcos.

Confiando en toda esta avalancha de estereotipos que parecerían inamovibles, Daniel Noboa está realizando acciones políticas y militares que afectarán a gente inocente, incluso fuera del país.

Piensen con frialdad lo que implica bombardear a un país hermano, ningún político en sus cabales, realizaría una acción tan cobarde. Colombia tiene 5 veces más poderío militar que nuestro país.

No más terrorismo de Estado; si Noboa quiere destruir al narcotráfico que empiece militarizando sus haciendas y los puertos porque desde ahí se camufla y exporta un alto porcentaje de cocaína al mundo.

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