domingo, enero 25, 2026
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Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El proyecto histórico de la CONAIE

La democracia necesita de organizaciones sólidas con un proyecto histórico que no responda solo a la coyuntura. Este proyecto no es solo de los pueblos indios, también lo es de todos los ecuatorianos que luchamos contra todo tipo de exclusión étnica, económica, social, cultural, de género.

En Cartas de Lectores del diario Expreso, Ileana Almeida, investigadora de los pueblos indios, cuestiona la indecisión política de Leonidas Iza por el alejamiento de ella respecto de los mandatos de la CONAIE pensados por sus fundadores. Tales consignas, dice, tenían como fundamento científico el concepto de nacionalidad conformado por tierra, cultura y libertad. Iza las ha cambiado por nociones, a juicio de Almeida, “imprecisas e inapropiadas: unidad, memoria, lucha y autodeterminación para manipular a las bases y emprender en otro —ajeno— proyecto político en función de los afanes electorales”, o sea para negociar con los aspirantes al poder que van a terciar en la segunda vuelta electoral. Estos candidatos, Noboa y González, en su opinión, no se han pronunciado sobre el movimiento indígena. Para Almeida, solo les interesa los votos del ex candidato presidencial Leonidas Iza como si éstos fueran endosables.

Sin embargo, Leonidas Iza también reniega de la memoria que por el contrario reivindica Cecilia Velasque, dirigente de Pachakutik. Se advierte que en las filas del movimiento indígena también hay diferencias. La memoria marca una distancia entre Luisa González y Daniel Noboa. Rafael Correa tuvo serios desacuerdos y desencuentros con la CONAIE

El apoyo de la CONAIE debe tener como fundamento su proyecto histórico y no cálculos electorales. Esto implica dialogar con los finalistas y demandarles precisiones sobre los derechos de los pueblos indios en los planos político y cultural. Con el correismo fueron objeto de escarnio. Con Noboa está pendiente la adjudicación del campo Sacha a una empresa chino canadiense. Leonidas Iza ha declarado, con razón, su abierta oposición a este contrato mal negociado y perjudicial para los intereses del país como lo sostiene el ex ministro Fernando Santos.

Solo después de contrastar las posiciones de ambos candidatos, la CONAIE y Pachacutik, las bases y sus dirigencias, podrían tomar una decisión que incluso contemple el voto nulo ideológico. Las divergencias al interior de esas organizaciones son saludables. Lo  que no cabe es prestarse a una negociación de espaldas a la historia de lucha del movimiento indígena. Este debate, por cierto, no debe circunscribirse a la competencia electoral por la segunda vuelta. Concierne no solo a los candidatos que la disputarán, sino a los demás partidos, políticos, movimientos sociales, a la academia, a los historiadores, medios de comunicación y, sobre todo, a los ciudadanos.

El movimiento indígena ha dado muestras de fortaleza orgánica, de la que carecen los llamados partidos políticos que sacaron porcentajes mínimos en la primera vuelta. El tercer lugar alcanzado por el candidato indígena revela que tiene mayor representatividad social que los demás ex candidatos. Por eso es necesario que esta victoria no se quede en el terreno puramente electoral. El movimiento indígena podría dar una lección a los políticos que entran a la política respondiendo a intereses bastardos. Frente a la Revolución Ciudadana, el poder colectivo indígena es incompatible con el poder omnímodo de un líder autoritario, que no respeta las discrepancias con sus propios cuadros. Tampoco en la CONAIE debería haber lugar para el autoritarismo.

La democracia necesita de organizaciones sólidas con un proyecto histórico que no responda solo a la coyuntura. Este proyecto no es solo de los pueblos indios, también lo es de todos los ecuatorianos que luchamos contra todo tipo de exclusión étnica, económica, social, cultural, de género. La interpelación que la CONAIE hace al conjunto de la sociedad exige respuestas claras y compromisos serios. Pero, a la vez, dicho proyecto debe adaptarse a los cambios experimentados por la sociedad. No puede ser un proyecto congelado en el tiempo.

El movimiento indígena puso a prueba a los partidos políticos históricos. En el siglo XIX luchó contra García Moreno. La Revolución liberal puso fin al concertaje de indios. El socialismo ecuatoriano se acercó a los indios y el Partido Comunista fundó la FEI (Federación Ecuatoriana de Indios). Con el regreso a la democracia en 1979 se aprobó el voto a los analfabetos y con el devenir democrático surgieron la CONAIE y Pachacutik. Los indios ya no necesitaron de ventrílocuos, demostraron que tienen voz propia. No cabe, pues, que  el movimiento indígena  devenga en un partido político electoral.

Volviendo a la historia, la liquidación del régimen de hacienda fue producto, entre otros, de las movilizaciones campesinas e indígenas de los años 60 y 70 del siglo XX. Las reivindicaciones de acceso a la tierra llevaron a las dos reformas agrarias dictadas por las dictaduras militares de 1963-66 y de 1972-76.

La situación de hoy, como la describe IIeana Almeida, está caracterizada por la pobreza extrema que soportan las comunidades “cuando la tierra se agota o cuando los territorios caen en manos de las transnacionales”. También el concepto de cultura cobra singular importancia. “Lengua y cultura concentran y preservan  la experiencia, la personalidad de un pueblo”.  La interculturalidad es otro aporte que da al país mayor consistencia. En cuanto a la libertad frente a un Estado “que los excluye de las instituciones”, que no reconoce “sus características  históricas y culturales”, la lucha indígena debe desterrar el autoritarismo de sus filas y entender que no hay libertad sin democracia.  Es  loable que la lucha indígena haya desistido de la violencia a pesar de que en las dos últimas movilizaciones la violencia desplazó a la palabra.

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