viernes, marzo 20, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Ecuador: ¿el país del que no se retorna?

Carece de sentido realizar la lista de quienes nunca más volvieron a su tierra, a sus hijos, a sus padres, a sus amigos. Quizás ya sea incontable la lista de quienes, sin saberlo, sin siquiera sospecharlo, compraron un boleto sin retorno. Pocos entienden que cada uno de estos asesinatos corroe los cimientos de la verdad y la justicia nacionales. Un día nadie tomará en serio nuestras palabras.

A voz en cuello hemos invitado a todo el mundo a visitar nuestro país  con sus playas ahítas de sol, sus montañas y nevados, la selva abrumadora y habitada por misterios indescifrables. Las islas encantadas con la historia de la evolución escrita en caparazones y plumas. Y nosotros, acogedores, alegres y confiados, sinceros y todavía aferrados a la mitología en nuestra forma de ver e interpretar el  pasado y el presente.  Y los cuatro vientos han repetido sin cesar que para disfrutar de la vida, para realmente descansar de los trajines cotidianos y existenciales, para mirar el universo con otros ojos y descubrir nuevas maravillas, All you need is Ecuador.

Muchos nos han tomado muy en serio y nos han visitado y otros siguen llegando de todos los rincones del mundo. Y los visitantes retornan fascinados, con nuestra costa y nuestra sierra, con nuestras  ciudades coloniales, con nuestra selva y sus habitantes metidos para siempre en su vida. Ciertamente valía la pena.

Respondiendo a nuestro llamado, ellos vinieron desde el lejano Japón a pasar su luna de miel en nuestro paraíso convertido en objeto de esas necesidades misteriosas que nos conducen a la aventura de enfrentar lo desconocido, lo exótico. A punto de retornar con las maletas llenas de fantasías realizadas, tomaron su último taxi en las puertas del hotel. El taxista era un secuestrador, un ladrón, un asesino. El secuestro exprés la mató infamemente. Él se salvó por obra de esos milagros inexplicables. Cuando regresó, a su lado, el asiento  estaba vacío y en las bodegas del avión iban los restos de lo que fue su amada. 

Carece de sentido realizar la lista de quienes nunca más volvieron a su tierra,  a sus hijos, a sus padres, a sus amigos. Quizás ya sea incontable la lista de quienes, sin saberlo, sin siquiera sospecharlo, compraron un boleto sin retorno. El país se ha enredado en la incongruencia de sus  propias palabras y asombros, en farisaicas complicidades de ciertas autoridades, por eso guarda un silencio misterioso y cómplice, a ratos atravesado por un escándalo que sabe más a vericuetos políticos que a verdadero asombro ético.  Pocos entienden que cada uno de estos asesinatos corroe los cimientos de la verdad y la justicia nacionales. Un día nadie tomará en serio nuestras palabras. 

Como todos los que las han precedido en la muerte, ellas llegaron de Mendoza a disfrutar de las aventuras del mar y de la arena, del sol y la noche. Ellas no planificaron la aventura de la violencia y menos la de la muerte infame. Pero finalmente hallaron todo eso, más lo ominoso de sus cuerpos arrojados al muladar, más el oprobio de investigaciones turbias y decires perniciosos, más los engaños  de autoridades y agentes, más la violación final de su historia, de su identidad, de todo aquello que se salva, con el mayor el respeto posible, de quienes mueren no su propia muerte, sino aquella dada por la infamia de la perversión. ¿Cómo es posible que en tres días se descomponga de tal manera un cuerpo que ya casi nada quede de él para identificarlo?

Hay muchos delitos que, como otras mujeres que corrieron igual suerte, cometieron las dos muchachas argentinas. El primero de todos, el delito imperdonable de ser mujeres y mujeres no respaldadas por un hombre que las acompañe, el segundo delito abominable de haberse convencido de que acá, hagan lo que hagan, iban a ser acogidas y respetadas por una sociedad justa, honrada y sana. Pero, por desgracia, no se percataron a tiempo de que, en el mercado de la violencia y de la vulgar lascivia, las mujeres solas ingresan automáticamente en el espacio de los deseos perversos de quienes se sienten legítimamente invitados a invadirlas  porque ellos previamente ya han rechazado la idea de que al espacio del otro, niño y adulto, mujer y hombre, nadie puede ingresar si no es expresamente invitado. Como encontraron cerradas las puertas de los deseos de ellas, las forzaron, las violaron, las asesinaron. El asesinato constituye el último acto de la construcción perversa de la infamia personal y social.

Lo que viene después constituye el corolario de un país cuyas autoridades se llenan la boca con discursos en los que la honradez, la libertad, el respeto, la justicia, la autonomía solo sirven para tapar el  territorio de la precariedad simbólica.  Esa vulgar y casi perversa precariedad de la que da cuenta  el presidente de la oficina local de turismo para quien se ha exagerado la gravedad de lo acontecido lo cual podría afectar el turismo de la zona. Asociación de Amigos y Familiares de Personas Desaparecidas del Ecuador (Asfadec) señala en su último reporte que 12 personas desaparecieron en febrero. De ellas, siete fueron localizadas con vida. Uno ya ha sido identificado como muerto. Se teme que el resto haya corrido igual suerte. All you need is to be killed  in Ecuador (?).

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias