Para que haya democracia, dice María Corina Machado, se necesita estar dispuestos a luchar por la libertad. Daniel Noboa, en el acto de entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina, expresó que en América Latina se necesitan democracias que funcionen. Son dos ideas centrales que conviene analizar.
En Venezuela se produjo un atraco a la democracia. Hugo Chávez se valió de ella para implantar una dictadura. Maduro siguió este camino y, pese a haber perdido en las elecciones de julio de 2024, se proclamó ganador y se posesionó como presidente electo. El editorial del diario El País del 11 diciembre puntualiza que no se trata de una discusión ideológica entre una izquierda o una derecha democráticas. Lo que está en juego es la existencia misma de la democracia. Venezuela merece volver a elegir su futuro en libertad.
Para que las democracias funcionen sin abdicar de la libertad deben ser eficientes. Una condición indispensable es que rija el Estado de Derecho y que la autoridad se ejerza con transparencia. Que cada función del Estado cumpla con su tarea con autonomía. La fiscalización, como atributo de la legislatura, es una tarea que compete al oficialismo y a la oposición.
El gobierno de Daniel Noboa debe precautelar su gobernabilidad. Ello exige escuchar el mensaje de la consulta del 16 de noviembre. La gobernabilidad se resquebraja si el gobernante no afronta con prontitud y eficacia los problemas de la gente. La salud sigue en crisis. No hay un equipo experimentado ni un ministro estable que sea capaz de coordinarlo. La seguridad, manejada con criterios exclusivamente militares, tiene un costo en derechos humanos. El caso de Las Malvinas es producto de los abusos de la fuerza militar, así como las denuncias de otras desapariciones. Las inequidades sociales no son parte de la agenda del gobierno. Las fallas en el sistema tributario, otras debilidades institucionales y ciertas brechas territoriales impiden el crecimiento económico. Este no se está traduciendo en una reducción efectiva de la desigualdad en el acceso a la educación y en mayores oportunidades laborales. Ser eficiente en el gobierno supone, pues, trazar conexiones entre lo económico, lo social, lo cultural y lo político. Ello requiere de un eficiente aparato de planificación.
Para que los viajes presidenciales al exterior den resultados en cuanto a acuerdos comerciales se requiere organizar en debida forma el funcionamiento del Estado: desterrar la improvisación y apelar a la planificación. En la obra pública esto es básico. Hace falta establecer prioridades, una hoja de ruta que permita definir hacia dónde vamos o hacia dónde quiere el gobierno conducir al Estado.
Se necesitan políticas públicas bien delineadas y sustentadas en criterios técnicos. Pero se dedicaron a dar bonos y la obra pública está parada sostiene Jairón Merchán, exsecretario de nacional de Planificación en el gobierno de Guillermo Lasso. No hay gestión. Los ministros de Finanzas incrementan presupuestos en papeles, y las demás autoridades no ejecutan porque la realidad es otra.
El Ecuador espera respuestas claras y bien sustentadas a su pronunciamiento de noviembre. No son suficientes los cambios epidérmicos del gabinete. El nombramiento de Enrique Herrería como secretario jurídico de la Presidencia es una excepción, no hay otros signos de una rectificación de procedimientos.
La democracia en el Ecuador aun no funciona. Lo dicho por el presidente Noboa en Oslo le compromete. No cabe dejarse vencer por los enemigos de la libertad en nuestro suelo patrio, por esos que siguen proclamando a Maduro como legítimo presidente. Esto sería claudicar al exhorto de María Corina Machado, que arriesga su vida por liberar a Venezuela.
