Ecuador es un país repleto de contrastes donde la familia del presidente de la república adeuda 90 millones de dólares al SRI, pero donde un ciudadano cualquiera si le toma una fotografía a su voto puede ser sancionado con una multa de hasta 33.000 dólares. La distopía política es evidente porque el Consejo Nacional Electoral ha creado una ley ad hoc, que favorece a Daniel Noboa quien está obsesionado con ganar las elecciones a como dé lugar. La idoneidad del organismo encargado de cuidar la voluntad popular está en duda, porque en primera vuelta, el candidato-presidente nunca pidió licencia para realizar campaña, ni fue sancionado por regalar cocinas de inducción del Estado. ¿Podemos confiar en un organismo que, en lugar de garantizar la voluntad popular, actúa de acuerdo con los intereses y caprichos de un candidato obnubilado por el poder?
Después de su pírrica victoria electoral sobre Luisa González, con menos del 0.17 % de los votantes, Daniel Noboa se ha convertido en un ciclón de errores políticos y económicos. Desde su visceralidad, y siempre pensando como magnate, cree que cambiando las reglas de las elecciones puede vencer a su oponente del correísmo en el balotaje. Además de la ley ridícula y totalitaria que prohíbe el uso de teléfonos móviles en las juntas receptoras del voto, Noboa quiere que el voto en la Costa sea voluntario. Es decir, como en la Costa fue ampliamente derrotado por Luisa González quiere boicotear la participación del electorado correísta.
Mientras Noboa intenta interferir en las elecciones presidenciales con artilugios de última hora, su contendiente Luisa González ha recibido apoyo internacional de destacados líderes. Entre estos políticos se encuentran Pepe Mujica, Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gabriel Boric. En el ámbito nacional, el líder de CONAIE, Leonidas Iza, ha pedido el voto por González para detener lo que describe como una creciente ola fascista liderada por el candidato de la extrema derecha. En cambio, el candidato-presidente ha sido apoyado por Guillermo Lasso, Lenin Moreno, Lucio Gutiérrez, Henry Cucalón, Gustavo Larrea, Paula Romo y Fausto Miño. Sin duda, hay señales claras que muestran lo que representa cada uno de los finalistas al balotaje.
Siempre intentando captar votación de un electorado secuestrado por el miedo, en estos días Daniel Noboa está negociando la seguridad del Estado con Blackwater. No hablamos de un convenio de cooperación interestatal, Blackwater es una empresa de mercenarios, totalmente desprestigiada a escala mundial y denunciada por la ONU por asesinatos y torturas a civiles inocentes en Irak, Libia y Afganistán. Esta empresa de mercenarios es la que se haría cargo de enfrentar a las bandas de narcotraficantes que han ido ganando terreno en nuestro país. En definitiva, ésto es negar la existencia de nuestras fuerzas armadas, que reciben más de 3500 millones de dólares al año, más del 6% del presupuesto del estado. El gobierno del magnate juega con nuestra soberanía entregando nuestra seguridad a una banda de sicarios que no responden ante nadie porque funcionan como una transnacional del crimen. Terrible.
Uno de los últimos zarpazos desesperados de Noboa, por concentrar más poder económico, ha sido el intento de adjudicarse la producción del campo petrolero Sacha, a través de una empresa vinculada directamente a su tía. La negociación, que al final quedó trunca, fue denunciada por la total opacidad de la adjudicación de un campo petrolero que produce 70.000 barriles de petróleo por día. Nuevamente quedó evidenciado el sometimiento de nuestra nación a una oligarquía apátrida, que día a día muestra su lado más voraz.
Estas últimas semanas serán de gran importancia para nuestro futuro porque Noboa, en casi 500 días de gobierno, lo único que ha exhibido es improvisación y un permanente irrespeto a los derechos humanos y a la institucionalidad del país. Todas sus decisiones han estado mediadas por claros intereses corporativos, él sigue pensando como magnate, capataz y rey. Las declaraciones de su exesposa Gabriela Goldbaum, en la Asamblea Nacional, son el testimonio de una víctima de la prepotencia máxima de un hijo iletrado de la oligarquía ecuatoriana. Frente al pésimo enemigo de la democracia, lo que nos queda es nuestro voto. Las señales son muy claras y no podemos entregarle el poder a la extrema derecha.
