Para justificar la pobreza y el fracaso del experimento comunista en Cuba, sus voceros y sus defensores —que hay muchos en el mundo— han atribuido la responsabilidad al embargo impuesto por Estados Unidos. Castro y sus herederos desarrollaron una economía parasitaria y dependiente de la ayuda exterior y en sus obcecaciones y anquilosamiento intelectual no alcanzaron a emular el modelo chino, que sin aflojar el poder político apuntó al “socialismo-mercado” e inversión privada para lograr resultados económicos que han sacado de la pobreza a millones de chinos.
En una reveladora entrevista al economista cubano Carmelo Mesa-Lago, en un esfuerzo para objetivar el análisis, se suministran evidencias irrefutables de cómo los dirigentes comunistas en Cuba se deglutieron millones de dólares en ayudas directas no reembolsables, que derriten cualquier argumento que atribuye al “embargo” el infierno de inanición que consume a una población que ha perdido cualquier esperanza de conseguir libertad y prosperidad.
Mesa-Lago recuerda que entre 1960 y 1990, la entonces Unión Soviética, que tenía su enclave en América —justo en frente de su enemigo ideológico— entregó ayudas por 65 mil millones de dólares, de los que Cuba pagó tan solo 500 millones. Desarmada la URSS y sin el flujo de dinero que no sirvió para crear una estructura de producción, se inició el llamado “período especial” durante el que se volvió a repetir la cínica coartada del embargo como responsable de la escasez y miseria que recrudeció entre los pobladores. La Venezuela chavista entra el rescate con ayuda de 110 mil millones de dólares. Cuba tuvo también acceso a mercado de capitales en Europa y Asia y adquirió deuda por 19 mil millones de dólares, que entró en litigio judicial por el incumplimiento de pago. A lo que se suma la condonación en 2014 de la deuda con Rusia y las remesas de los exiliados —que se regularizaron durante gobierno de Obama— que suman 31 mil millones de dólares. Son, suma el entrevistado, más de 280 mil millones de dólares que recibieron el gobierno castrista y de sus herederos, que es inmensamente superior a los 13 mil millones que se destinaron en el Plan Marshall para la reconstrucción europea.
No obstante este inmenso flujo de recursos, para 1989 el índice de producción industrial se había reducido en 39%, que para 2023 era del 60%. Y el azúcar, producto emblemático de la revolución (Castro usaba la zafra como espacio de propaganda) ha caído en un 99%. En términos de PIB agrícola ha caído en -7% y el azucarero -18%. Mesa-Lago agrega: “la última zafra en Cuba ha sido la peor de la historia, incluso comparada con la zafra durante la Guerra de Independencia”. Igual ha sucedido con otro sector que fue importante durante la relación con la URSS, el pesquero, que ha caído entre 2016 y 2023 en un 9%.
La crisis económica profunda ha recrudecido la desatención en servicios de salud y en el acceso a condiciones mínimas de alimentación. Ha emigrado alrededor del 18% de la población que está en edades productivas —lo cual ha reducido significativamente la Población Económicamente Aactiva, PEA— y mujeres en edad fértil, lo que ha provocado envejecimiento en la población.
Los papas Juan Pablo II y Francisco han realizado sendas visitas “apostólicas” a Cuba. Lo hizo Barack Obama en 2015 y aplicó varias medidas en favor de Cuba: la eliminó de la lista de países patrocinadores del terrorismo, facilitó el sistema de remesas y de viajes aéreos. Fueron gestiones diplomáticas orientadas a fraternizar con la dictadura comunista, con el ingenuo propósito de que oriente sus decisiones políticas y económicas a devolver a los ciudadanos la libertad y la capacidad de emprendimiento. Lo que, el tiempo lo ha demostrado, han sido esfuerzos infructuosos. Como lo señala Mesa-Lago, la principal preocupación de la camarilla que detenta el poder es, precisamente, el riesgo de perderlo.
Y han preferido someter a una cada vez menos y envejecida población a una vida triste y hambrienta. Para ello, el cuento del embargo y de la soberanía antiimperialista ha sido una muletilla de propaganda para encubrir el fracaso del sistema económico y permanecer en control político del Estado y de una colapsada economía. Hay que añadir el componente de corrupción de la casta, quienes viven ellos, sus hijos y allegados en condiciones de lujo y despilfarro, sentados sobre la dolorosa pobreza de sus coterráneos.
@diegoordonezg
