El túnel del tiempo del voto nos llevó al pasado.
Un joven amigo, obligado a decidir entre un noboa y una correa, me preguntó ¿qué hacer? Tratando de darme tiempo para ensayar una respuesta posible, me dije ¿qué decir?
Soy muy escéptico del mañana que tenemos por delante, le dije, me sabe desesperanzador no sólo por lo que significa la triste opción de elección que hemos construido con esmero como historia, sino por la ausencia de respuesta crítica a este escenario; una radiografía obscura de nuestro plural nación que nos muestra la estructura hueca que somos y nos habita, vaciada de mañanas y saturada de pasados.
Igualmente, junto a esa fotografía del negativo adentro, me llama la atención la conveniencia de la desmemoria de un candidato posicionado como ganador desde un modesto tercer puesto que “olvidó” la ecuación que sostiene la candidatura de Luisa = Rafael Correa = González y que desde ese “olvido”, ahora, como quien inaugura un nuevo día, trata de convencernos de que no hay ninguna relación, ni padrinazgo, ni tutela de RC sobre González, como si Correa no fuera el aliento que nutre el respipensar[1] de Luisa y además de ello, como eficiente operador del correísmo, pontifica y define la encrucijada electoral como una elección única entre la “social demócrata” González y la derecha fascista de Noboa.
Me pregunto, ¿nos creen individuos sin memoria?
Desde mi punto de vista, ambos candidatos finalistas, Noboa y González, representan la oscuridad de un pasado que lo hemos vivido, nos habita y se nos presenta como un mañana obligatorio. Esa es la tragedia de esta nuestra actual encrucijada electoral, y a esa tragedia que la estamos viviendo, debemos dar respuesta en la urgencia, el corto, mediano y largo plazo.
Pero esa preocupación está lejos de la reflexión de políticos, analistas e intelectuales que saludan “el triunfo del candidato del tercer puesto” y no reparan en la asamblea del ayer, que nuestro voto eligió como el mañana de cuatro años que nos habitará para “legislar” y “fiscalizar”. Una tristeza que hiere y pasa desapercibida, porque toda la narrativa del análisis se centra en la especulación de la perspectiva país desde el único escenario posible: el electoral-presidencial, el de la negociación y cuotas de poder en acomodo de gobierno, los acercamientos dulces y “los acuerdos” desde la desmemoria que disuelven el llamado nudo ideológico, con la candidatura posible de la tranza.
Ventajosamente la desmemoria no nos habita a todos
Así, ignoran a la sociedad civil, a las comunidades organizadas y sus otros escenarios de resistencia. Las comunidades locales que resisten al poder y su partitura son, para los analistas, un ausente de sus reflexiones. Sin embargo, de ser el espacio y componente real que sustenta la vida y contiene al Estado y sus apetitos, no depende de la circunstancia, ni del quehacer electoral. Ese nosotros sostiene, con su lucha, la alternativa de la vida sana, el color de un nuevo amanecer y la esperanza como respuesta a la desesperanza que siembra un Estado de muerte, depredador e indolente de los territorios y su gente, edificado por gobiernos que siguen el guión del capital, de las corporaciones financieras y la empresas extractivas como sinónimos de buen gobierno. La minería como “opción” de mañana sustentable, definida por el correísmo y profundizada con devoción y esmero por Moreno, Lasso y este último gobierno de transición representado por el niño rico, efigie de cartón, candidato y presidente Noboa.
Cualquiera sea la elección entre las dos alternativas electorales, debo decirle a mi amigo que la acumulación y la corrupción, la persecución y la cárcel para los defensores del agua; el despojo de los territorios a las comunidades y el atropello a sus derechos, así como el desconocimiento a las consultas populares y los derechos de la naturaleza serán un ejercicio cada vez más profundo y continuo.
El maridaje con el capital corporativo extractivista, legal e ilegal, será el modelo de vida y desarrollo a implementar desde “el nuevo gobierno” en el viejo Estado que nos habita. No en vano, desde la imposición de la minería industrial hace un cuarto de siglo, se han afincado en este tiempo 30 megaproyectos mineros y se ha concesionado cerca del 10% del territorio país. La minería transnacional y sus socios locales, el Gobierno Nacional y la Cámara de la Minería esperan juntos en minga de capital, concesionar el 41% del Ecuador, una venta que no se detiene al igual que la destrucción del bosque manglar y la contaminación petrolera.
Por ello, debemos apuntalar y discutir, a la luz del ejemplo y resistencia de las comunidades, mujeres y hombres, el guión de la resistencia, de la defensa de la vida y la construcción de un nuevo poder nacido de la dinámica de lucha local, un contrapoder distinto, al viejo Estado que nos habita, parido por la tierra desde la luz de las comunidades que viven con ella.
Por ello, apuesto a ese mañana. Por ello, votaremos nulo, una vez más.
[1] Respipensar, la respiración y el pensamiento
