lunes, marzo 30, 2026
Ideas
Pablo Piedra Vivar

Pablo Piedra Vivar

Abogado por la PUCE; LL.M. En American University, WCL. Docente universitario; defensor de derechos humanos y derechos de la naturaleza.

Cambien de referentes

Las ansias de llegar o mantenerse en el poder han llevado a muchos referentes de la política y de la opinión mediática a subirse a la ola del populismo conservador de Trump y su fauna, y a celebrar el entierro del derecho internacional y de los límites al poder, porque ese movimiento les promete la reivindicación cultural que persiguen

El Reloj del juicio final (Doomsday Clock), es una iniciativa del Boletín de los científicos atómicos, que fue creada en 1947 bajo el impulso de científicos como Einstein, Oppenheimer y otros participantes del Proyecto Manhattan, para alertar a la humanidad sobre cuán cerca se encontraba el fin del mundo a causa de los riesgos creados por la propia humanidad. Surgió luego de la creación de la bomba atómica y, en 1962, durante la crisis de los misiles de Cuba, el mayor impasse de la Guerra Fría, el reloj estuvo a siete minutos de la medianoche, la hora que marca el fin. En enero de 2026, el Boletín de los científicos atómicos informó que el reloj se encuentra a 85 segundos de la medianoche.

Esta organización de científicos explica sus razones para situar el reloj a menos de dos minutos del fin: El aumento del riesgo de una guerra nuclear por la proliferación de guerras internacionales y la proliferación del arsenal nuclear; el cambio climático, el mal uso de la biotecnología y los riesgos de la inteligencia artificial. Sintetiza todo esto en los malos liderazgos existentes en el mundo “Demasiados líderes se han vuelto complacientes e indiferentes y, en muchos casos, han adoptado discursos y políticas que aceleran, en lugar de mitigar, estos riesgos existenciales. Debido a este fracaso de liderazgo, la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos sitúa hoy el Reloj del Juicio Final a 85 segundos de la medianoche, lo más cerca que ha estado jamás de la catástrofe.”

Mientras estos científicos alertan a la humanidad sobre la pobreza del liderazgo y sus consecuencias existenciales en el mundo, en Ecuador, cual ciego siguiendo al tuerto, llenamos de loas a ese mismo tipo de liderazgo. Tanto la izquierda como la derecha. Mucho se ha escrito ya sobre los errores de la izquierda al defender y emular a figuras como Maduro, Ortega o los Castro, pero poco se ha dicho, en la opinión mediática, sobre la misma torpeza de la otra vereda al tener como referentes centrales a figuras como Trump, Bukele, Milei o Netanyahu.

Las ansias de llegar o mantenerse en el poder han llevado a muchos referentes de la política y de la opinión mediática a subirse a la ola del populismo conservador de Trump y su fauna, y a celebrar el entierro del derecho internacional y de los límites al poder, porque ese movimiento les promete la reivindicación cultural que persiguen, aunque el precio sea sepultar la democracia. Me explico: se desata una guerra de agresión arbitraria contra Irán, supuestamente para deponer a un líder autoritario que oprime a mujeres y minorías, y aplauden; pero cierran los ojos ante el bombardeo de una escuela que mata a 200 niñas iraníes, o ante otro régimen autoritario como el de Arabia Saudita. Respaldan la supuesta liberación de un pueblo oprimido mediante la “aniquilación de Irán”, en palabras de Trump, pero justifican al mismo tiempo el exterminio étnico del pueblo palestino. Estas acrobacias mentales solo son posibles porque, en el fondo, creen que este populismo global puede imponer su agenda personal contra el movimiento de mujeres, contra los pueblos indígenas, la lucha por la igualdad racial, la libertad religiosa y contra las libertades sexuales.

En Ecuador, los líderes que abrazan o empiezan a abrazar este populismo conservador son capaces de meter la cabeza en la tierra porque se cumplió su deseo de sacar a Maduro, aunque el régimen subsista, y porque se ha prometido el derrocamiento del régimen cubano. No les importa el futuro de la región ni la inseguridad que esto genera, porque están convencidos de que con estos logros se frena el avance de una agenda liberal social o, como ellos la llaman, “del comunismo”, y se asegura que sean sus ideas las que rijan la vida de esta sociedad. Se tapan los ojos, por ejemplo, ante el trato que reciben los inmigrantes ecuatorianos en Estados Unidos. Señores, en 1989 cayó el muro de Berlín, y cayó para ambos lados.

Parafraseando al Boletín de los científicos atómicos: son la necedad y la ambición ciega de líderes políticos, sociales y empresariales, que aceleran en lugar de mitigar nuestros riesgos existenciales, siguiendo a referentes internacionales inmorales y egoístas que han implantado sistemas profundamente corruptos, las que nos han puesto en el camino de la desesperanza. Si queremos mejores liderazgos, debemos exigirles mejores referentes; aunque su llegada al poder sea más lenta, sus resultados podrán ser más eficaces para resolver nuestros problemas. Bien haría la izquierda en desprenderse de liderazgos Maduro, Ortega y los Castro, y la derecha de los Trump que hay en el mundo.

 

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