La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSS) de 2025 marca una de las transformaciones doctrinales más profundas en la política exterior de ese país.
Este documento —el primero de la segunda administración Trump— no es simplemente una actualización técnica de prioridades: es la formulación de un nuevo paradigma de poder, con implicaciones directas para la arquitectura internacional, para América Latina y, de manera especialmente sensible, para Colombia. En lo que sigue se analiza esta nueva estrategia, explorando sus principales lineamientos, el giro doctrinal que representa y las consecuencias directas que puede acarrear para nosotros.
Las bases del cambio
El documento comienza con una crítica frontal al consenso bipartidista de las últimas tres décadas. Según la administración Trump, Estados Unidos habría perseguido metas equivocadas: sostener “una dominación global imposible”, someterse a organismos multilaterales que “erosionan la soberanía estadounidense”, tolerar prácticas comerciales que debilitaron su base industrial y asumir cargas de seguridad que otros países se negaron a compartir.
El documento sostiene que este “globalismo” deterioró la capacidad productiva del país, debilitó a la clase media y generó la dependencia de aliados incapaces de sostener su propia defensa. En esta visión, Washington sacrificó intereses vitales en nombre de una ilusión universalista.
Dado este diagnóstico, la misión de la nueva Estrategia es restaurar la soberanía, reindustrializar Estados Unidos, recuperar su poder militar y cultural y redefinir sus alianzas bajo criterios estrictamente transaccionales.
Los objetivos del siglo XXI
Objetivos internos
- Recuperar la autosuficiencia económica e industrial mediante una reindustrialización basada en energía abundante y barata.
- Fortalecer el aparato militar, incluida una disuasión nuclear renovada y un sistema de misiles de defensa del territorio.
- Control estricto de fronteras y fin de la “era de migración masiva”.
- Restaurar la “salud espiritual y cultural” del país.
- Recuperar el liderazgo absoluto en tecnologías críticas como inteligencia artificial, biotecnología, semiconductores y computación cuántica.
Objetivos externos
- Mantener la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental, excluyendo a potencias extra-hemisféricas.
- Contener a China en los planos tecnológicos, económicos y militares.
- Reorientar la OTAN y lograr que Europa asuma una mayor responsabilidad.
- Reducir el involucramiento en Oriente Medio, privilegiando acuerdos económicos y tecnológicos.
- Transformar la relación con África hacia el comercio o la inversión, no a la asistencia.
Este conjunto de metas expresa una visión del poder basada en la autonomía estratégica, la autosuficiencia productiva, la fuerza militar selectiva y la presión económica.
Principios doctrinales: la nueva gramática del poder
La Estrategia articula una lógica que redefine el papel de Estados Unidos en el mundo a través de nueve principios:
- Interés nacional definido de manera estricta.
- “Paz mediante la fuerza” como fundamento de la estabilidad.
- No intervención, salvo en asuntos que afecten intereses vitales.
- Abandono de la promoción activa de los modelos democráticos.
- Centralidad del Estado-nación y rechazo a organismos que limiten la soberanía.
- Defensa frente a injerencias económicas, tecnológicas y migratorias.
- Evitar que potencias rivales dominen regiones estratégicas.
- Política exterior centrada en el trabajador estadounidense.
- Competencia y mérito como bases del poder nacional.
Este enfoque recuerda al realismo clásico, pero con un sello ideológico propio: un nacionalismo soberanista que combina el poder militar, el proteccionismo económico y la desconfianza institucional.

El “Corolario Trump”: América Latina como zona de control exclusivo
La sección más relevante para la región es la que desarrolla el “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe. La Estrategia restablece —y amplía— esa doctrina bajo tres líneas centrales:
- Exclusión de potencias extra-hemisféricas. Estados Unidos busca impedir que China, Rusia o Irán adquieran influencia en América Latina, en sectores como infraestructura crítica, puertos, telecomunicaciones, minería y energía, así como en cualquier presencia de seguridad. Se trata de blindar la región frente a intereses externos que puedan alterar el equilibrio geopolítico. Pero también implica una profunda reconfiguración de la matriz económica latinoamericana, hoy muy vinculada a China.
- Reajuste militar en el hemisferio. El documento anuncia una mayor presencia naval y de Guardia Costera, operaciones selectivas contra cárteles —incluido el uso de la fuerza letal—, control de rutas marítimas y terrestres y fortalecimiento de capacidades en territorios aliados. América Latina podría volver a convertirse en escenario de operaciones de seguridad estadounidense, aunque bajo un discurso de cooperación bilateral.
- Nearshoring condicionado. La estrategia impulsa el traslado de cadenas productivas desde China hacia América Latina, pero bajo condiciones claras:
- exclusión de proveedores chinos,
- contratos preferenciales para empresas estadounidenses,
- control tecnológico.
Hay oportunidades industriales, sí, pero dentro de una relación altamente asimétrica.
América Latina frente a la Estrategia 2025: avances y riesgos
- Un hemisferio sin autonomía. El “Corolario Trump” reduce el margen para diversificar socios y modelos de desarrollo. La noción de “aliados confiables” exige una plena alineación con Washington.
- Seguridad sin desarrollo. La inestabilidad latinoamericana —migración, crimen, conflicto interno— se interpreta solo como un problema de seguridad estadounidense, sin atención a la desigualdad o a las economías ilícitas.
- Diplomacia transaccional. Los incentivos económicos dejan de ser amplios y pasan a ser condicionados. Los países pueden enfrentar presiones para elegir entre China y Estados Unidos.
- Reconfiguración geoeconómica. Si Washington desplaza a China de sectores clave, la región perderá autonomía tecnológica y capacidad de negociación.
Colombia frente a la Estrategia 2025: dilemas y vías de acción
Para Colombia este es el documento más relevante desde el Plan Colombia. El país está en el centro de tres frentes:
- Riesgo de militarización ampliada. El documento autoriza operaciones de fuerza contra cárteles. Para Colombia surgen tres preguntas:
- ¿Hasta dónde permitir acciones estadounidenses en territorio nacional?
- ¿Cómo evitar que esta agenda imponga un enfoque militar a problemas sociales y políticos?
- ¿Cómo proteger la soberanía sin debilitar la cooperación?
- Migración como desafío de seguridad. Para Washington, la migración masiva es un riesgo existencial. Colombia —por la migración venezolana, el Darién y la movilidad regional— podría ser tratada como un muro de contención, con altos costos administrativos y humanitarios.
- Competencia Estados Unidos–China. Colombia tiene vínculos crecientes con China en energía, infraestructura y tecnología. La estrategia presiona para revertirlos.
El nearshoring ofrece oportunidades, pero solo si el país negocia desde una posición estratégica.
Conclusión: una región en un punto de inflexión
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 confirma que Estados Unidos ha redefinido su papel global. América Latina —y, en particular, Colombia— enfrenta un dilema: ¿aprovechar esta reconfiguración para construir agendas propias, o quedar atrapada en una relación de dependencia?
Colombia tiene peso geopolítico y experiencia en cooperación. Puede liderar una respuesta regional basada en intereses propios. La oportunidad es enorme, pero también los riesgos.