lunes, marzo 23, 2026

Galápagos: un eslabón en la conquista del poder espacial y marítimo

Estados Unidos busca consolidar y ampliar su dominio no solo en la Tierra sino en el Espacio. No, no es ciencia ficción. La segunda parte del informe sobre el interés militar de EE.UU. en Galápagos, y en Talara, Perú, explica lo que está pasando en la lucha por el poder mundial y esto se refiere, sobre todo al Poder Espacial, donde figuras como el tecno oligarca Elon Musk son determinantes.

 

Por: Luis Córdova-Alarcón y PLAN V

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Cuando el presidente electo Donald Trump anunció por la «necesidad de supervivencia del mundo libre» el interés por Groenlandia, pareció más un exotismo populista, incluso un exabrupto. Pero esto tiene sentido si se entiende las necesidades de la defensa estratégica de Estados Unidos de mantener su hegemonía militar global, frente a la amenaza multipolar de países como China y Rusia. Para ello, Estados Unidos busca consolidar y ampliar su dominio no solo en la Tierra sino en el Espacio. No, no es ciencia ficción. La segunda parte del informe sobre el interés militar de EE.UU. en Galápagos, y en Talara, Perú, explica lo que está pasando en la lucha por el poder mundial y esto se refiere, sobre todo al Poder Espacial, donde figuras como el tecno oligarca Elon Musk son determinantes.

Perú, desde Talara al Espacio sideral

En mayo de 2023, en el contexto de una dura y cruenta represión ante las protestas populares desde la caída del presidente Castillo, el Congreso de la República aprobó el primer arribo de tropas militares estadounidenses con el propósito de participar en los ejercicios conjuntos Resolute Sentinel 2023 (Resolución Legislativa, 2023). En ese marco de cooperación, para junio del 2023 se instaló un aeródromo bajo supervisión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la Base Aérea de Chiclayo, Perú (Jennings, 2023). En julio de ese mismo año también se llevaron a cabo reuniones de trabajo entre la Agencia Espacial y la Fuerza Aéra del Perú con el Comando Espacial de los Estados Unidos. Dos meses antes –en mayo– ya habían suscrito sendos acuerdos para conceder acceso a toda la información que produce el Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales del Perú (Matlock, 2023).

En agosto del 2023, el ministro de Defensa del Perú, Jorge Luis Chávez, acompañado por una delegación del alto mando militar, viajó a Washington para avanzar acuerdos de cooperación. La respuesta no se hizo esperar, al mes siguiente, en septiembre, la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, generala Laura Richardson, visitó Lima con una nutrida comitiva para discutir una asociación de defensa duradera.

El lugar escogido para la construcción del puerto espacial es la Base “El Pato” de la Fuerza Aérea del Perú, cercana a la ciudad de Talara, en el departamento de Piura. Una ciudad pesquera del norte peruano.

Estos encuentros sirvieron para pactar, entre otras cosas, la instalación de un puerto espacial (Spaceport) a cargo de la NASA y del Comando Espacial de los Estados Unidos en territorio peruano. En diciembre del 2023 el gobierno peruano presentó el Informe Multianual de Inversiones en Asociaciones público-privadas del Ministerio de Defensa para el período 2023-2026, en el que se contemplaba la creación de un puerto espacial. Para enero del 2024 se hicieron públicos los acuerdos con Estados Unidos. Entonces se conoció que la Fuerza Aérea del Perú y la Fuerza Espacial de Estados Unidos iniciarían, a partir de marzo del 2024, los estudios de factibilidad para la instalación de un puerto espacial en territorio peruano. El lugar escogido para la construcción del puerto espacial es la Base “El Pato” de la Fuerza Aérea del Perú, cercana a la ciudad de Talara, en el departamento de Piura. Una ciudad pesquera del norte peruano, a menos de 160km de Zapotillo, en Loja. Se estima una inversión inicial de 1.000 millones de Soles, equivalentes a unos 260 millones de dólares.

El Ministro de Defensa, Jorge Chávez y Laura Richardson, jefa militar del Comando Sur de EE. UU. Foto: Diario El Peruano

Para la construcción del puerto se suscribió un memorando de entendimiento con la NASA (National Aeronautics and Space Administration), que estaría a cargo de la construcción y posterior operación (Cuadros, 2024). Todo esto, a sabiendas de que el principal inversor/operador de la NASA es el magnate Elon Musk, a través Space X y Starlink.

El dominio del Espacio

«Como lo explica Bleddyn E. Bowen (2020) el «Poder Espacial es únicamente infraestructural y está conectado a la Tierra». Desde la perspectiva de los estudios estratégicos, el espacio es una geografía única en su uso como soporte infraestructural, más que como plataforma de combate. De ahí que el sistema satelital, por ejemplo, constituya un factor decisivo como multiplicador de fuerzas en la Tierra. Quien pueda tener acceso a él o denegarlo tendrá poder espacial. Esto lo saben en Washington, Moscú o Beijin y están actuando en consecuencia.

En Estados Unidos la carrera por el dominio espacial se reactivó en 2015, con la aprobación de la U.S. Commercial Space Launch Competitiveness Act por parte del Congreso. La idea era fomentar la industria espacial comercial y retomar la iniciativa público-privada en la exploración de los regímenes gravitacionales (geocéntrico, cislunar y solar), extender la geografía legal de los Estados Unidos hacia los asteroides más próximos a la Tierra para usos comerciales y facilitar su conquista a favor de los estadounidenses. Una ley espacial claramente colonial. Para muestra un botón. La sección 51303 de la ley en referencia declara:

‘‘A United States citizen engaged in commercial recovery of an asteroid resource or a space resource under this chapter shall be entitled to any asteroid resource or space resource obtained, including to possess, own, transport, use, and sell the asteroid resource or space resource obtained in accordance with applicable law, including the international obligations of the United States’’ (U.S. Commercial Space Launch Competitiveness Act, 2015). 

Durante la primera administración de Donald Trump (2017–2021) la carrera espacial se destrabó definitivamente. Por un lado, el 20 de diciembre del 2019 se creó la sexta rama de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos: el Comando Espacial de la Fuerza Aérea o Air Force Space Command con sede en la Base Aérea de Peterson, Colorado (National Defense Authorization Act for Fiscal Year 2020, 2019); y en junio del 2020 el Pentágono dio a conocer su doctrina militar espacial (United States Space Force, 2020). Por otro, en mayo del 2020, por primera vez en la historia de los Estados Unidos la cápsula espacial en la que viajaban dos astronautas de la NASA fue fabricada íntegramente por una empresa privada: Space X, la empresa del magnate Elon Musk. Así inició la era de los viajes comerciales al espacio.

Peterson SFB está situada en Colorado Springs, Colorado, y comparte pistas con el aeropuerto de Colorado Springs. Sede de la Base Espacial Delta 1, Peterson SFB presta apoyo a 111 socios de misión, entre ellos el Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica, el Mando Norte de EE.UU., el Mando Espacial de EE.UU., el Mando de Operaciones Espaciales y el Ala 302 de Transporte Aéreo (Reserva). Además, alberga dos importantes centros de mando de seguridad nacional (NORAD y NORTHCOM) y ayuda a llevar a cabo sus operaciones diarias. Foto: spaceforce.com

Starlink es la única manera de acceder a internet en zonas de guerra, áreas remotas y lugares afectados por desastres naturales. La guerra en Ucrania ha sido un escenario ideal para mostrar el poder de Starlink y de Elon Musk.

Paralelamente, Space X desarrolló el proyecto denominado Starlink para crear una constelación de satélites de internet, desde el 2019. En la actualidad se estima que hay más de 4500 satélites Starlink orbitando en la Tierra, lo que representa 53 por ciento de todos los satélites activos. Pero Musk no está satisfecho y planea tener hasta 42.000 satélites en órbita en los próximos años.

Esto ha hecho de Elon Musk el jugador más dominante en la tecnología de internet satelital y, por añadidura, a Estados Unidos en un actor privilegiado en la geopolítica espacial. Starlink se ha convertido en la única manera de acceder a internet en zonas de guerra, áreas remotas y lugares afectados por desastres naturales. La guerra en Ucrania ha sido un escenario ideal para mostrar el poder de Starlink y Elon Musk. «Más de 42.000 terminales Starlink son ahora utilizados en Ucrania por militares, hospitales, empresas y organizaciones de ayuda. Durante las campañas de bombardeos rusas del año pasado que causaron apagones generalizados, las agencias públicas de Ucrania recurrieron a Starlink para permanecer en línea» (Satariano, 2023).

Elon Musk ha construido un poder mundial en torno al control del Espacio y la tecnología digital. Ahora es parte del gobierno de Donald Trump.

En otra palabras, uno de los factores decisivos del poder espacial de Estados Unidos, la red satelital, está en manos de un magnate (Elon Musk) apalancado gracias a otro magnate: Donal Trump. Por este motivo, Musk no dudó en comprar Twitter (hoy red X) por 44.000 millones de dólares, en 2022, y contribuir con 250 millones de dólares a la reelección de Trump. A parte del servicio de internet Starlink está construyendo una red de satélites de vigilancia para uso del gobierno de los Estados Unidos. De lograrlo, podría convertirse en el primer sistema mundial de monitoreo y vigilancia en todos los puntos de la Tierra en tiempo real. Esto ha motivado el desarrollo de armas antisatélite (ASAT, por sus siglas en ingles) en Rusia y China. Al parecer, la más reciente tiene que ver con el lanzamiento del satélite ruso Cosmos 2553, ocurrido el 5 de febrero del 2022. Según el Comando Espacial de los Estados Unidos, que emitió la alerta, Comos 2553 es un satélite con capacidad de almacenar una ojiva nuclear. La idea del programa sería detonar una bomba nuclear en la órbita baja de la Tierra donde están localizados los satélites Starlink.

En la línea ecuatorial, la velocidad de rotación de la Tierra es mayor y una nave espacial podría ahorrar hasta el 25% de combustible, volviendo al viaje más rentable y eficiente en términos energéticos.

Con todo esto en mente, no es difícil imaginar la dependencia del poder espacial que tienen las fuerzas militares de potencias como Estados Unidos. Más aún si se trata de vigilar y controlar lo que consideran su “zona de influencia” natural: América Latina y el Caribe. Hace pocas semanas, la NASA dio por terminada su estrategia para sostener la presencia humana en la órbita baja de la Tierra: ya lo han conseguido. Al hacerlo se abren las puertas a la exploración del Espacio Profundo y la NASA pasa de la Estación Espacial Internacional a una nueva era de estaciones espaciales comerciales. Ahí calza muy bien el puerto espacial de Talara.

Recuérdese que el 6 de abril del 2020 Trump emitió la Orden Ejecutiva 13914 titulada «Fomento del apoyo internacional para la recuperación y utilización de los recursos espaciales», en el que se reconoce la importancia vital de las «tierras raras» para garantizar el dominio económico, tecnológico y militar de los Estados Unidos. En ella, expresamente reconocen que «el espacio ultraterrestre es un dominio legal y físicamente único de la actividad humana, y los Estados Unidos no lo ven como un bien común global». Con base en esta orden, el 13 de octubre del 2020 se suscribieron los Acuerdos Artemis con siete países aliados de Estados Unidos. Hasta la fecha 54 países han suscrito los Acuerdos. Ecuador se adhirió en junio del 2023 y Perú en mayo del 2024.

Estos acuerdos son la base política con la que Estados Unidos pretende delimitar “zonas seguras” en la Luna y “evitar interferencias dañinas” para desarrollar la minería espacial.

Fotomontajes referenciales de medios peruanos.

En esta perspectiva, el puerto espacial de Talara, en Perú, se convertiría en la plataforma ideal para la carrera espacial comercial. Lo que en buen romance se denomina «la colonización del espacio». La razón es la ubicación geográfica de Talara. Como lo reconoce el propio comandante general de la Fuerza Aérea del Perú, Carlos Chávez: “Esta base de Talara está solamente cuatro grados por debajo de la línea ecuatorial, lo cual nos da una enorme ventaja para la ubicación y posterior crecimiento de una estación de lanzamiento de vehículos espaciales y vehículos suborbitales”. En la línea ecuatorial, la velocidad de rotación de la Tierra es mayor y una nave espacial podría ahorrar hasta el 25% de combustible, volviendo al viaje más rentable y eficiente en términos energéticos.

Reforzar el poder marítimo para denegarle acceso a China en América Latina

En la actualidad, la hipótesis de conflicto con la República Popular China es la base del diseño estratégico del Pentágono. Por el momento, el mayor motivo de fricciones es Taiwán, donde se concentra la producción del 40 por ciento de todos los semiconductores o circuitos integrados del mundo. De hecho, la empresas TSMC produce casi todos los procesadores más avanzados. Hace pocas semanas, el gobierno chino protestó por las crecientes ventas militares y asistencia en seguridad de Estados Unidos hacia Taiwán: “están jugando con fuego”, advirtió el vocero de Beijín (AP, 2024). A medida que China se consolida como potencia global, los halcones de Washington han incrementado su paranoia. En la primera administración de Trump se dieron los giros estratégicos más significativos y desde entonces la pugnacidad se acrecentó.

Durante la presidencia de Tsai Ing-wen, la alianza con EE.UU. ha cobrado un papel más evidente.

En América Latina, la mayor preocupación del Pentágono es por el uso dual (civil y militar) que podría tener la infraestructura crítica controlada por empresas chinas: puertos, aeropuertos, hidroeléctricas, sistemas de videovigilancia, redes de energía eléctrica y un largo etcétera. Por eso Estados Unidos ha volcado todos sus esfuerzos para cortar los nexos con empresas chinas en el hemisferio. Un tarea con relativo éxito, pues la región demanda dinero e infraestructura que China si provee. Recién en junio de 2022 Joe Biden lanzó la iniciativa denominada «Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas», pero no cuajó (U.S. Department of State, 2022).

Por tanto, el despliegue militar de los Estados Unidos en la región se orienta por una estrategia ampliada de antiacceso/denegación-de-área o A2/AD (Antiaccess/area denial). Esta estrategia de vieja usanza se caracteriza por incrementar los desafíos operacionales al enemigo al punto de disuadir ciertos cursos de acción en tiempos de guerra. Algo que China viene realizando en la región del Indo-pacífico desde hace tres lustros para socavar el predominio estadounidense. Como sostiene Choi (2020) «el control del mar es el paso fundamental en el nivel operacional de los conflictos del mar». En su investigación muestra cómo la Armada Noruega desarrolló una eficiente estrategia de control marítimo a través de su servicio de Guarda Costas. Algo que Estados Unidos aprendió bien y lo replica ahora en Galápagos.

En una entrevista ampliamente difundida (CSIS / Crisis, 2023), la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, reconoció como amenaza a la seguridad nacional la presencia china en infraestructura crítica y la importancia del dominio marítimo para contrarrestarla. Subrayó la presencia de cinco empresas chinas a lo largo del Canal de Panamá y el valor estratégico del nuevo puerto en Chancay, Perú. Si tomamos en serio estas declaraciones se comprende la importancia estratégica de las Islas Galápagos y su espacio marítimo en la arquitectura de seguridad y defensa de los Estados Unidos de América. Desde Galápagos el control marítimo sobre los accesos al Canal de Panamá y el puerto de Chancay es inmejorable.

V

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Los think tanks orgánicos del Pentágono no paran de alimentar la paranoia. En diciembre del 2024, el Center for Strategic & International Studies publicó un informe con evidencias de una estación de espionaje chino operando desde Cuba.

La nueva doctrina de Operaciones Marítimas Conjuntas, publicada el 8 de junio del 2018 por el Pentágono brinda pistas sobre el concepto doctrinario en el que se insertan los enclaves militares de Galápagos (nodo insular) y Talara (nodo continental). (ILUSTRACIÓN PAG 12)

A todo esto, añádase las recientes declaraciones del Presidente Trump sobre la intención de retomar el control del canal de Panamá si no se modifican las tasas arancelarias y la compra de Groenlandia. Una política expansionista es muy probable en la nueva administración de Trump y tiene mucho sentido en tiempos de tensiones geopolíticas y guerra.

El portacontenedores MAERSK TAURUS de Singapur cruzando el canal de Panamá, a las afuerzas de Ciudad de Panamá, Panamá. 12 agosto 2024. Foto: Reuters / Enea Lebrun

La historia de Galápagos lo confirma. «La apertura del Canal de Panamá en 1914 reactivó la importancia estratégica de las Islas Galápagos como posible estación de servicio para el transporte transoceánico. En 1911, EE.UU. sugirió un contrato de arrendamiento por 99 años de las islas a cambio de 15 millones de dólares. Más tarde, EE.UU. y Ecuador discutiaron el alquiler o compra de San Cristóbal, o de todo el archipiélago» (Galápagos Conservancy, 2024). «Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la importancia estratégica de Galápagos creció, y, en 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor EE.UU. se acercó a Ecuador con la idea de establecer una base aérea estadounidense en la isla Baltra para proteger el Canal de Panamá. A finales de 1941, las fuerzas estadounidenses llegaron desde la Zona del Canal de Panamá» (Galápagos Conservancy, 2024).

«En 1942, la Sexta Fuerza Aérea de los EE.UU. construyó la base aérea que iba a tener importantes consecuencias a largo plazo para las islas. En 1943, esta base albergaba a 2.474 oficiales y hombres de EE.UU. y 750 trabajadores civiles. Esta fue la mayor colonización de las islas hasta esa fecha. En 1941, la población civil de las Islas Galápagos era de 810 personas. EE.UU. cerró la base aérea en 1946 (Galápagos Conservancy, 2024). Si este patrón de conducta histórico se mantiene es evidente el riesgo que corre el Ecuador al haber autorizado la anexión de las Galápagos a la arquitectura de seguridad y defensa de los Estados Unidos. A medida que la hipótesis de conflicto con China tenga más asidero en la región, Galápagos se volverá vital para garantizar un «Área de Operaciones Marítimas» que le de superioridad táctica al Comando Sur.

Los think tanks orgánicos del Pentágono no paran de alimentar la paranoia. En diciembre del 2024, el Center for Strategic & International Studies publicó un informe con las primeras evidencias de una estación de espionaje chino operando desde Cuba. La proximidad de Cuba al sur de Estados Unidos y el Caribe la convierte en una ubicación privilegiada para recolectar información sobre señales (SIGINT) en la región, afirman sus autores. En octubre del 2023 la estación de vigilancia de la marina estadounidense en la Isla Whidbey, Virginia, cambió de nombre a Comando de Vigilancia Submarina del Teatro o Theater Undersea Surveillance Command. El cambio no es menor, responde a la mayor reconstrucción del programa de espionaje submarino de Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría. El plan de la Marina incluye el despliegue de una flota de drones marinos no tripulados para escuchar naves enemigas; colocar sensores portátiles de agua en el fondo marino para escanear submarinos; utilizar satélites para localizar barcos rastreando sus frecuencias de radio; y la utilización de software de inteligencia artificial para analizar los datos de espionaje marítimo en una fracción del tiempo que normalmente tomarían los analistas humanos.

Los cables submarinos constituyen un activo estratégico para las operaciones civiles y militares en toda la región. Por ellos fluye el 95 por ciento de los datos de Internet.

Lo que motiva una programa de espionaje tan agresivo es el ascenso meteórico de China como potencia marítima. Hace pocos días China presentó su primer buque de asalto anfibio Tipo 076. Un barco de 40.000 toneladas equipado con catapulta electromagnética y con capacidad de combate en mares distantes. Pero la expansión de las capacidades militares chinas son en todos los ámbitos, como lo reconoció el Pentágono en su último informe sobre el poder militar chino. Otra gran motivación para activar este programa de espionaje es proteger los cables submarinos de fibra óptica que cruzan el fondo de los océanos y hacen posible la transmisión de datos de Internet. En febrero, dos cables submarinos de internet que conectaban Taiwán con las islas Matsu fueron cortados. En diciembre, otro incidente con un barco petrolero ruso que cortó un cable submarino con el ancla entre Finlandia y Estonia alertaron sobre la sensibilidad de esta infraestructura.

Las Américas no son ajenas a esta realidad. Los cables submarinos constituyen un activo estratégico para las operaciones civiles y militares en toda la región. Por ellos fluye el 95 por ciento de los datos de Internet. Y en la plataforma submarina de Perú, por ejemplo, se extiende un cable de 1.180 kilómetros, propiedad de la empresa china HMN Tech que provee internet a Bolivia. HMN Tech fue el nombre que adquirió en 2020 para deslindarse de su nodriza Huawei Technologies, por entonces objetivo de la guerra comercial y tecnológica con Estados Unidos. Actualmente es la empresa líder de la industria de cables submarinos, pero en los últimos cuatro años Estados Unidos ha logrado bloquear al menos cuatro proyectos en la región del Asia-Pacífico, temeroso de que China pudiera usar esa infraestructura para espiarlos. El mensaje es claro: los únicos que pueden espiar en Internet a través de los cables submarinos son los Estados Unidos, como quedó demostrado tras las denuncias de Edward Snowden en 2013. Una guerra tecnológica entre ambas potencias también se libra bajo el mar.

Estados Unidos está ampliando y mejorando sus capacidades de vigilancia antisubmarina a medida que aumentan las tensiones con China. La red de escucha, que se muestra en un documento de la Marina de EE.UU. de 2017, comenzó con el Sistema de Vigilancia de Sonido (SOSUS): largos cables equipados con micrófonos submarinos colocados en el fondo del océano en la década de 1950 para escuchar a los submarinos soviéticos. Desde entonces, SOSUS se ha complementado con cables de escucha adicionales, conocidos como Sistema Fijo Distribuido (FDS). Los datos recopilados por los sensores submarinos colocados en ubicaciones secretas se envían a los centros de procesamiento en tierra, donde se analizan para identificar las embarcaciones enemigas.

Tal como está diseñado el programa de espionaje submarino de los Estados Unidos el patrullaje marítimo y aéreo, así como el apoyo satelital son imprescindibles para garantizar el dominio y control de un «Área de Operaciones Marítimas». Precisamente lo que el Pentágono obtendrá con la anexión de Galápagos y la construcción del puerto espacial en Talara.

** Estimado lector (a): Si desea acudir a las referencias y leer el informe completo.

Córdova-Alarcón, Luis. Nuevos enclaves militares en Perú y Ecuador ¿Por qué Estados Unidos se instala en Talara y galápagos? Estados Unidos en la mira No. 3. Quito, Ecuador: Orden, Conflicto y Violencia – Programa de Investigación de la Universidad Central del Ecuador, 1 de enero 2025. Disponible en PDF:

Estados Unidos en la mira

Luis Córdova-Alarcón y PLAN V

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