martes, marzo 10, 2026

Ecuador, más que nunca, en la órbita de Trump

La crisis de violencia que atraviesa Ecuador exige respuestas urgentes y cooperación internacional efectiva. Pero también obliga a abrir un debate más amplio sobre el papel del país dentro de las dinámicas geopolíticas del Pacífico y sobre las condiciones bajo las cuales se construyen las alianzas de seguridad.

Gustavo Isch

Por: Gustavo Isch

La profundización de la cooperación en seguridad entre Ecuador y Estados Unidos no comenzó con la declaratoria de conflicto armado interno de 2024 ni con el punto más alto de la crisis de violencia que atraviesa el país. Los datos oficiales indican que el incremento en la asistencia estadounidense venía consolidándose antes. Registros del portal gubernamental ForeignAssistance.gov muestran que en 2022 Ecuador recibió aproximadamente 163 millones de dólares en financiamiento militar a través del programa Foreign Military Financing (FMF), una cifra muy superior a la registrada en años anteriores. Ese aumento ocurrió antes de que la violencia criminal alcanzara los niveles actuales, lo que sugiere que el reforzamiento de la cooperación militar respondía también a cálculos estratégicos más amplios dentro de la política de seguridad hemisférica de Washington.

El programa FMF constituye uno de los principales instrumentos de política exterior del Departamento de Estado para fortalecer las capacidades militares de países considerados aliados estratégicos. Su objetivo no es únicamente el combate directo a amenazas específicas como el narcotráfico, sino también mejorar la interoperabilidad de las fuerzas armadas, facilitar la adquisición de equipamiento militar estadounidense y consolidar alianzas de seguridad regional. Desde esta perspectiva, el aumento de los recursos destinados a Ecuador debe interpretarse como parte de un rediseño del mapa de prioridades de seguridad y geopolítica de la “Doctrina Donroe” en América Latina. Volver la mirada a su “patio trasero” tiene mucho que ver en la estrategia de Trump en un momento en que las redes de narcotráfico han adquirido una escala cada vez más global, China se ha convertido en actor económico y geopolítico clave en la región y la migración ha servido como caballo de batalla de los trumpistas para hacer de su porción de América, “grande otra vez.

El salto en la asistencia militar coincidió con una ampliación de la cooperación bilateral en defensa. En 2023, el gobierno ecuatoriano anunció un nuevo marco de colaboración con Estados Unidos orientado a fortalecer capacidades de inteligencia, vigilancia marítima, control fronterizo y combate al crimen organizado. Autoridades ecuatorianas señalaron entonces que el conjunto de programas de cooperación podría superar los 3.100 millones de dólares en un periodo aproximado de siete años, aunque el desglose completo de ese monto no aparece detallado en los documentos públicos divulgados por Washington. Más allá del monto preciso, el anuncio evidenció un cambio de escala en la relación bilateral en materia de seguridad.

Investigaciones periodísticas y reportes internacionales han documentado que organizaciones criminales utilizan la corrupción portuaria Y la infiltración en cadenas logísticas para insertar cocaína en contenedores destinados a Europa.

Este reposicionamiento de Ecuador dentro de la arquitectura regional de seguridad no puede entenderse sin observar el papel que el país ha adquirido en las rutas internacionales del narcotráfico. Durante la última década, Ecuador pasó de ser principalmente un país de tránsito a convertirse en uno de los principales nodos logísticos del tráfico global de cocaína. Informes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) señalan que el país se ha consolidado como un punto clave para la salida de cocaína producida en Colombia y Perú hacia mercados internacionales (especialmente Europa y en menor escala USA). El mecanismo predominante consiste en la contaminación de contenedores del comercio marítimo con cargamentos de droga ocultos entre exportaciones legales.

El sistema portuario vinculado a Guayaquil ocupa un lugar central en esta dinámica. Debido al volumen de exportaciones -especialmente banano, camarón y otros productos agrícolas- los puertos de la región concentran un intenso tráfico de contenedores que facilita la infiltración de cargamentos ilícitos. Investigaciones periodísticas y reportes de agencias internacionales han documentado que organizaciones criminales utilizan tanto la corrupción portuaria como la infiltración en cadenas logísticas para insertar cocaína en contenedores destinados a Europa. Como resultado, Ecuador se ha convertido en uno de los principales puntos de origen de las incautaciones de cocaína en puertos europeos durante los últimos años.

Las cifras de incautaciones reflejan la magnitud del fenómeno. De acuerdo con datos oficiales del gobierno ecuatoriano, el país decomisó más de 200 toneladas de drogas en 2023, una cifra récord que consolidó la tendencia ascendente registrada desde 2019. Gran parte de estas incautaciones se realizaron en puertos marítimos o en operaciones vinculadas al comercio internacional. Las autoridades europeas también han reportado repetidamente ya en tiempo reciente, cargamentos de cocaína provenientes de Ecuador interceptados en puertos de Bélgica, Países Bajos y España, lo que confirma el papel del país como punto estratégico en las rutas transatlánticas del narcotráfico.

El escenario descrito, ha generado una creciente preocupación internacional sobre la seguridad del sistema portuario ecuatoriano; sin embargo, también debe interpretarse dentro de una lógica geopolítica más amplia.

Ecuador, entre el narcotráfico y la geopolítica del Pacífico

Durante la última década, el Pacífico latinoamericano se ha convertido en un espacio de creciente competencia estratégica entre Estados Unidos y China. El gigante asiático ha ampliado de forma significativa su presencia económica en infraestructura portuaria, energía, telecomunicaciones y minería en América Latina. En varios países de la región, empresas chinas han participado en la construcción o administración de terminales portuarias estratégicas, lo que ha generado preocupación en Washington sobre el potencial impacto de esta expansión en el control de rutas comerciales globales.

Aunque Ecuador no posee actualmente puertos administrados por empresas estatales chinas en la escala observada en otros países de la región, la creciente presencia económica de China en el país -particularmente en sectores como la minería, la energía y las telecomunicaciones- ha intensificado la atención geopolítica sobre su infraestructura logística. Desde la perspectiva estadounidense, garantizar estabilidad y cooperación en los corredores marítimos del Pacífico sudamericano forma parte de una estrategia más amplia para preservar influencia en un espacio geográfico donde convergen comercio internacional, rutas energéticas y flujos ilícitos. Los impactos de esa lógica bilateral en la que China aparece como segundo socio comercial de Ecuador, se monitorean en razón de los desequilibrios competitivos que afectan a emprendedores, pequeños y medianos comerciantes, entre otros sectores de la economía nacional.

Para Ecuador, la creciente centralidad estratégica del país plantea un desafío complejo. La cooperación internacional puede ser un instrumento clave para fortalecer capacidades estatales debilitadas frente a organizaciones criminales altamente sofisticadas. Ello se verifica tras el fracaso del combate al crimen organizado, que luego de dos años de la declaratoria del CANI, ha motivado que el ministro de Defensa, Giancarlo Loffredo, anuncie la declaratoria de emergencia por 60 días, formalizada mediante la Resolución N.º 028 del 2 de marzo de 2026, que permite al Ministerio de Defensa acelerar la contratación de bienes y servicios estratégicos para sostener las operaciones militares en el marco del conflicto armado interno.

En términos geopolíticos, quien ejerce control efectivo sobre los puertos y las cadenas logísticas tiene también una posición privilegiada para incidir en las rutas por donde circulan mercancías legales e ilegales.

La crisis de violencia que atraviesa Ecuador exige respuestas urgentes y cooperación internacional efectiva. Pero también obliga a abrir un debate más amplio sobre el papel del país dentro de las dinámicas geopolíticas del Pacífico y sobre las condiciones bajo las cuales se construyen las alianzas de seguridad. En un escenario donde convergen narcotráfico, comercio global y competencia estratégica entre potencias, Ecuador ya no puede ser analizado únicamente como un país afectado por la violencia criminal. Se ha convertido, además, en un punto de intersección entre seguridad, economía y geopolítica en el sistema internacional contemporáneo.

En el contexto de la lucha internacional contra el narcotráfico, el interés de Washington no se limita a bloquear flujos ilícitos desde puertos ecuatorianos: también pasa por fortalecer su capacidad de vigilancia e influencia sobre corredores estratégicos del comercio marítimo. En términos geopolíticos, quien ejerce control efectivo sobre los puertos y las cadenas logísticas tiene también una posición privilegiada para incidir en las rutas por donde circulan mercancías legales e ilegales.

Por eso, más allá de la condena universal al narcotráfico, el debate de fondo apunta a otra cuestión: qué actores -estatales, económicos o criminales, nacionales o extranjeros obtienen ventajas cuando estos circuitos ilícitos persisten o se reconfiguran sin desaparecer.

Iniciativas de seguridad regional impulsadas desde Washington, como el llamado “Escudo de las Américas”, se inscriben en una tradición más amplia de política hemisférica. Históricamente, esa estrategia ha combinado cooperación militar, respaldo a gobiernos aliados y atención prioritaria a infraestructuras estratégicas como puertos y rutas marítimas. Cambian los argumentos —lucha contra el narcotráfico, seguridad regional o estabilidad democrática—, pero la lógica de preservar influencia sobre espacios clave del continente ha sido una constante de la política estadounidense en América Latina.

La reciente cumbre «Escudo de las Américas» en el Trump National Doral de Miami, convocada por el presidente Donald Trump el 7 de marzo de 2026, reunió a una docena de mandatarios latinoamericanos afines al gobernante estadounidense en el Trump National Doral de Miami bajo el argumento de combatir el narcotráfico (y sin mucha publicidad) contrarrestar la influencia china. Este encuentro no fue un foro multilateral, sino otra puesta en escena de la «Doctrina Monroe», reinterpretada por la administración Trump para restaurar la franquicia estadounidense en el hemisferio occidental mediante alianzas selectivas con gobiernos amigos, presión o favores económicos (al final es lo mismo) y, si es necesario, intervenciones directas.

Las fotos y declaraciones amables en el evento sirven solo para relaciones públicas. Trump ha sido claro llegando a la procacidad para manifestar su repulsión a los latinoamericanos, los africanos, los palestinos…

Trump persigue tres objetivos centrales: frenar la expansión china en recursos naturales y vías comerciales latinoamericanas, como el Canal de Panamá; designar cárteles como terroristas para justificar operaciones letales estadounidenses en territorios latinoamericanos, y sostener regímenes ultraliberales que faciliten deportaciones masivas y control migratorio.

Las fotos y declaraciones amables en el evento sirven solo para relaciones públicas. Trump ha sido claro llegando a la procacidad para manifestar su repulsión a los latinoamericanos, los africanos, los palestinos y, en general, a todos cuyos genomas no apliquen con las exigencias de la “white trash” que él lidera. De hecho, ha dejado en claro que no le caen en gracia nacidos en su país pero que no son de ascendencia estadounidense. La cumbre excluyó a gigantes como México y Brasil, así como a Colombia, priorizando a aliados ideológicos para formar una “coalición contra cárteles de las Américas».

La presencia del presidente Daniel Noboa en Miami puede interpretarse como un intento de reforzar apoyos en seguridad y economía en medio de la crisis interna que atraviesa Ecuador. Días antes, el 4 de marzo de 2026, su gobierno declaró persona non grata al embajador de Cuba, Basilio Gutiérrez, y ordenó la salida de toda la misión diplomática en Quito, invocando el artículo 9 de la Convención de Viena sin detallar públicamente las razones. En paralelo, Quito ha respaldado la clasificación de Los Lobos y Los Choneros como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos, lo que ha abierto la puerta a una cooperación de seguridad más estrecha entre ambos países, que podría habilitar operaciones letales conjuntas contra sus enemigos comunes.

En la víspera de la cumbre «Escudo de las Américas» en Miami, el presidente argentino Javier Milei confiesa -o se entiende que confiesa- tener una comunicación «mística» a través de una médium, con Conan, su mastín fallecido en 2017. Fuentes como el periodista Juan Luis González detallan cómo Milei, que clonó al perro en cuatro réplicas, consulta al «espíritu original» para consejos presidenciales, refiriéndose a sus «hijos» caninos como asesores emocionales y estratégicos.

La soberanía latinoamericana en patas de mascotas.

Gustavo Isch

Gustavo Isch

Consultor político, experto en comunicación electoral y de gobierno. Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar

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