Tras 18 años de la metida de mano de los políticos en absolutamente todas las funciones del Estado, en la esfera pública y en la cotidianeidad de sus habitantes, el resultado es una sociedad actualmente enfocada en sobrevivir frente a los rigores de una crisis que la empujan a descartar la opción de superarla y aunque sea contra corriente, seguir nadando.
Se han expuesto desde hace tiempo, opiniones fundamentadas, estadísticas claras, investigaciones serias que han reflejado la incidencia social, política, económica y de la comunicación en el nuevo Ecuador que está madurando muy de lejos de un eslogan publicitario. El enfrentamiento entre El viejo país y El nuevo Ecuador, refleja precisamente lo que pretende ocultar: aquello que siempre se esconde en los intereses económicos que desde la vida republicana mueven los hilos de la política y configuran hoy un Estado fallido, totalmente contaminado por la delincuencia transnacional, con su soberanía negociada alrededor de sus sectores estratégicos, sin ningún sistema que realmente aplique para garantizar una inversión pública y privada libre de corrupción; sobreendeudado con multilaterales, con una deuda social impaga y una pobreza estructural cuyas víctimas, por no tener ya nada que perder, prefieren ganar algo y canalizar su decepción en el crimen organizado; una forma de respuesta a la expoliación de los pillos de cuello blanco.
Más que un voto a favor de alguien, los comicios del 9 de febrero reflejarán el voto en contra de alguien. Una sociedad intransigente y sumida en el antagonismo no atina a hacer otra cosa. Anticipamos en este mismo espacio que la opción del correísmo y de Noboa era ganar en primera vuelta, para evitar los riesgos del balotaje. El voto nulo se sumará a los votos válidos y no es del todo aventurado prever que las elecciones se definan el mismo 9 de febrero. Independiente de ello, quien canalice el rechazo al establishment, incluso abanderando una campaña para votar nulo, acumulará un capital político importante para liderar la oposición social —no de los partidos— frente a lo que podría ser una difícil administración de gobierno. Es el tercero escondido que usualmente salta en campañas polarizadoras.

Debate vicepresidencial
El debate vicepresidencial no cambió la intención de voto, pero fue un ejercicio democrático importante en medio de la pugna Noboa-Abad, para replantear la necesidad de legitimar la segunda magistratura; una veleta en un Estado sin respeto a las normas que fundamentan las instituciones. Muy clara fue la diferencia entre candidatas formadas doctrinaria y técnicamente, frente a improvisados aspirantes; por ello destacaron Dallyana Passailaigue (PSC), Verónica Silva (Partido Socialista) y Cristina Reyes (ex PSC, y hoy Movimiento Amigo). La ausencia de María José Pinto fue un acierto. Sin estar presente, fue muy referenciada por sus contendoras y un contendor; no se expuso a los previsibles ataques dirigidos a ella como binomio de Noboa, y eludió su silencio cómplice en el enfrentamiento de su jefe con Verónica Abad. Es evidente que el binomio sabía que su presencia habría sido más perjudicial que no haber asistido al show. Subliminalmente, dos mensajes: vamos a ganar, no hay necesidad de exponerse. La democracia y lo que digan los demás, no me interesa; yo tengo el poder.
Debate presidencial
¿Por cuáles candidatos no vale la pena votar? El único interés del público en el debate estaba anclado en el enfrentamiento entre Daniel Noboa y Luisa González; entre el público nada era más importante. Noboa, finalmente sí se presentó en el debate y, pese a que no estuvo en el mismo grupo que su principal contrincante, Luisa González, la expectativa se mantuvo porque el país fue adobado electoralmente desde meses atrás para decidir entre el correísmo y el oficialismo, representado por los temas que polarizan la opinión pública.

Es debido a ello que un expresidente prófugo, auto asilado en Bélgica y que no es candidato, o un inánime muñeco de cartón, pueden influir en un electorado huérfano de nuevos liderazgos desde hace tiempo. El grupo del candidato-presidente Daniel Noboa, no fue precisamente para él un paseo por la Disneylandia política ecuatoriana. Las alusiones indirectas (al) “tráfico de droga a través de cajas de banano que mayoritariamente se desembarcan en Bélgica” —según afirmó un candidato panelista—; la demanda de que su grupo económico pague los 93 millones de dólares que adeuda al fisco, se sumaron a críticas sobre la efectividad del Plan Fénix, la crisis energética, e incluso a la apelación sobre Los cuatro de Guayaquil.

Los golpes fueron encajados por el mandatario con un evidente esfuerzo por mantener la serenidad y eludir los argumentos en su contra, es decir la confrontación que es, por naturaleza, parte de un verdadero debate. Las mediciones sobre los resultados del evento empezaron ya a realizarse. En el primer grupo lo más importante, y grave, fue la coincidencia de la mayoría de aspirantes para privatizar los sectores estratégicos del país, desbaratar el Estado y beneficiar al sector privado y apertura a inversiones internacionales, sin mencionar nada sobre el modo en que garantizarían la calidad y sostenibilidad de esas inversiones. Ese mensaje fue solamente impugnado por el aspirante de Unidad Popular. “¿Eres o te haces?”, la demoledora frase proferida por el candidato Cucalón contra Daniel Noboa, seguramente perseguirá como una sombra al actual presidente, durante mucho tiempo.
El grupo de la correista Luisa González fue complicado, porque al igual que Noboa, comparte las preferencias mayoritarias en la intención de voto y por el perfil político de los otros aspirantes: el dirigente indígena Leonidas Iza; el exgeneral de policía Víctor Araus; Pedro Granja, polemista que se perdió en su intento de posicionarse como un candidato en serio; Carlos Rabascall, ex candidato vicepresidencial de la Revolución Ciudadana; e Iván Saquicela, exmagistrado de la Corte Nacional de Justicia y primo del expresidente de la Asamblea clausurada por Lasso, Virgilio Saquicela.
El debate era muy importante para el tercero en juego. La importancia de ser tercero radica en que, desde ese lugar del tablero, el tercer jugador eventualmente puede definir el triunfo de cualquiera de los dos primeros; esa posición, además, impulsa indirectamente a los candidatos para la Asamblea Nacional. En ese carril confluyeron Henry Cucalón, exconcejal de “madera de Guerrero”, exministro de Gobierno de Guillermo Lasso y ahora candidato por Construye; Leonidas Iza, y Andrea González, auspiciada por Lucio Gutiérrez, líder de Sociedad Patriótica.

Con 14 candidatos enfilados para superar su baja intención de voto, su vehemente deseo de despegarse de los vagones que no logran alcanzar dos dígitos porcentuales, derivó — como era previsible— en ataques a Noboa y a Luisa González. Daniel Noboa, quien a momentos no fue contundente para responder, trató de conservar una imagen de asepsia lejana al enfrentamiento con sus contradictores. Esa modalidad de manejo de su imagen no resultó esta vez eficaz, por el simple hecho de que el poder desgasta; el escenario de 2023 no es igual al del 2025, una cosa es ser candidato y otra gobernar. Un evidente error de apreciación estratégica de los asesores del candidato-presidente.
El post debate es el cheerleader del espectáculo político producido por los aspirantes. En este evento, a partir de la potencia de las redes sociales se generaron y seguirán generándose y ajustándose durante la semana, mensajes que buscarán su viralización mediante decenas de miles de cuentas falsas que se suman a enjambres de voto duro, con el objetivo de ganar capital político en el proceso electoral. El posdebate en redes devino en un ecosistema repleto de virulentas “opiniones” y oposiciones.
El debate puede haber generado más confusión que certezas en muchos electores, más que canalizar el voto por alguno de los aspirantes para concederles mayores esperanzas en su aventura electoral. En la política ecuatoriana no hay espacio para los milagros, solo para las sorpresas y los desencantos.
Hace lo que quiere “porque le alcanza”
El 16 de enero, mediante el Decreto Ejecutivo 505, Daniel Noboa, encargó por segunda vez la Presidencia a Cynthia Gellibert, desde las 18h00 del 16 de enero hasta las 22h00 del 19 de enero de 2025. El mismo día, el Tribunal Contencioso Electoral admitió la denuncia presentada por Geovanni Atarihuana, director nacional de Unidad Popular, contra el presidente, por presunta infracción electoral grave.
La vicepresidenta Verónica Abad presentó el viernes 17 una acción de inconstitucionalidad contra el Decreto 505 y solicitó medidas cautelares ante la Corte Constitucional. El secretario general de la Vicepresidencia remitió el 18 de enero, un oficio a la vicepresidenta Abad Verónica Abad en el que se adjuntan los pasajes de avión para su viaje a Turquía, dispuesto por el presidente Noboa. Quien acumula poder político en Ecuador, hace lo que quiera; como dice la muy suspicaz humorista mexicana, Sofía Niño de Rivera, “porque le alcanza”.
