sábado, junio 20, 2026

En punta Don Juan, Jama, la palabra futuro sí existe

A pesar de la destrucción, corrupción, violencia y la penumbra, en la costa equinoccial manabita sobresalen experiencias e historias que, contra viento y marea, siembran esperanza y son luz.

Ana María Varea

Por: Ana María Varea

Al viajar a lo largo de la Costa manabita da la impresión de que muchas ciudades pequeñas y centros poblados se han quedado detenidos en el tiempo. En el contexto actual es importante regresar a ver, y este ejercicio nos muestra un panorama crítico. Imposible olvidar el fuerte remezón que afectó severamente a las provincias de Esmeraldas y Manabí, el 16 de abril de 2016, el terremoto de 7,8 grados dejó 663 fallecidos, nueve desaparecidos y 6.274 heridos. Alrededor de 80.000 personas desplazadas y los daños se calcularon en unos USD 3.600 millones, el epicentro fue en Pedernales.

A esto siguió la pandemia de la Covid-19. El 16 de marzo del 2020 se declaró la emergencia sanitaria en Ecuador. En enero de 2024, la declaratoria de guerra interna, los toques de queda por la inseguridad, los hechos de violencia reiterados. Y ahora los apagones. En la Costa, al igual que en el resto del país existe mayor depresión económica, plazas de empleo a la baja y condiciones desfavorables para incentivar actividades productivas, como el turismo.

Frente al terremoto, cuando nos preguntamos ¿cómo se han recuperado las provincias afectadas?, la respuesta nos desconcierta ocho años y cuatro gobiernos después: la reconstrucción de las zonas afectadas continúa en medio de procesos judiciales, incumplimiento por parte de contratistas, obras a medias y muchas incertidumbres respecto a los fondos asignados para la reconstrucción y de las recaudaciones realizadas para responder a esta emergencia.  Resulta indignante constatar la malversación de fondos frente a la destrucción de viviendas y la pérdida de tantas vidas. Parece que, en medio de la corrupción más corrupta, lo que llegó a pequeñas poblaciones fue por goteo. (Investigaciones y reconstrucción siguen pendientes a seis años del terremoto).

Sin embargo, a pesar de la destrucción, corrupción, violencia y la penumbra sobresalen experiencias e historias que, contra viento y marea, siembran esperanza y son luz.

El Centro Intercultural A Mano Manaba

En nuestro paso por punta Don Juan, aprovechamos para visitar el Centro Intercultural A Mano Manaba, que inició su trabajo a partir del terremoto.  Conversamos con Myrian Rivas, Rut Román y Esteban Ponce, coordinadora, asesora y bibliotecario, respectivamente, quienes nos recibieron y compartieron con nosotras la historia de este proyecto.

Don Juan es un pequeño pueblo de pescadores, en la costa de Ecuador, ubicado en el km 383, en la vía Jama-Pedernales, donde hay poco turismo y parece que la vida sigue el ritmo de las mareas.

—En este ritmo de las mareas, por un lado, los niños corren a lo largo de la playa, acompañados de aves marinas y perros callejeros, al otro lado, sus madres y hermanas están en casa, dónde muchas veces sufren violencia doméstica, hay casos de embarazo adolescente y abuso infantil—, cuenta Rut.

¿Cómo inició el trabajo en el centro?

—En medio de los escombros, buscando actividades que nos rescataran de la tristeza y el desaliento y definiendo como seguir adelante, cargamos algunos libros sobre el lomo de Domingo, nuestro burro y bajamos con una campana, convocando a los niños a leer- recuerda ella, con emoción, mientras ingresamos a esta amplia y bella infraestructura de caña guadúa que acoge esta propuesta.  Actualmente, la biblioteca tiene 8.000 libros aproximadamente y diariamente llegan unas 30 niñas/os y también nos visitan jóvenes y mujeres.  Este es un refugio seguro en el que buscamos un cambio social.

El día de nuestra visita era feriado y los niños no estaban, sin embargo con todos los detalles que nos brindaban Rut, Esteban y Myrian, fácilmente pudimos imaginar cómo, diariamente, este espacio se habita para hacer tareas, encontrarse con sus amistades y sobre todo sumergirse en historias fantásticas y maravillosas que abren su mente y su corazón que los transportan a otros mundos, nuevas realidades e interesantes descubrimientos sobre la vida, las sociedades, la naturaleza, el planeta y el universo. Evidenciar que los libros fueron tablas de salvación, aquí en Don Juan, en medio de la destrucción y desolación, nos conmueve y emociona profundamente.

Con atención escuchamos cada detalle que Myrian, Rut y Esteban nos comparten. Ahora que el espacio de la biblioteca está consolidado y funciona muy bien, conocimos que se están creando nuevos espacios para acoger, aprender y compartir.

Luego de visitar la biblioteca fuimos al espacio de los oficios, en el que los jóvenes y las mujeres están aprendiendo a trabajar la madera, el mate, a hacer artesanías y otros oficios que son de interés. Myrian nos mostró los avances en los trabajos con las bateas de madera y los mates.

Hay un espacio para las mujeres, en el que se reúnen a conversar sobre sus problemas, proyectos y preocupaciones y para experimentar con la cocina, en el tradicional horno manabita. Un nuevo espacio está en construcción y pronto las acogerá para seguir fortaleciéndolas y brindándoles herramientas de autonomía, autoestima y respeto.

Compartir sus saberes gastronómicos, de la connotada cocina de la región será una de las actividades. Myrian resalta y nos cuenta que «en todos los programas de A Mano Manaba se trabaja con enfoque de género. A través de nuestras actividades buscamos empoderar a niñas y mujeres para que gestionen de mejor manera sus condiciones, que muchas veces son de sometimiento, subestimación y violencia».

En este tiempo en el que nos sentimos apesadumbradas, desesperanzadas y agobiadas, es importante conocer y ser parte de procesos comunitarios que contra viento y marea buscan respuestas efectivas, creativas y comprometidas.  La fundación trabaja gracias a tres campañas en la plataforma Global Giving/amanomanaba en las que puedes aportar. La próxima campaña es el 3 de diciembre, un día es clave para sumarte y donar pues recibirán matching funds de la plataforma. Únete a esta experiencia y sigue las actividades de A Mano Manaba en las redes y en la página web. (FB/IG @amanomanaba; www.amanomanaba.org).

Bosque Mar: 180 hectáreas para aprender

A fin de ofrecer nuevos oficios para la juventud nació Bosque Mar. Esta iniciativa vincula a dos ecosistemas que se enlazan en la zona, el hábitat marino y el terrestre, mostrando, sobre todo, cómo la vida a orillas del mar se vincula con la del bosque.

El perfil del vacacionista que viaja a la playa sigue un patrón bastante restrictivo, pues se limita a hacer actividades al borde del mar como: caminatas en la playa, asolearse, darse chapuzones en el mar, practicar algunos deportes en la arena y pocos en el agua y también busca descansar y relajarse.

La Costa y Manabí, en particular, tiene mucho más que el mar para descubrir. Se puede hacer excursiones a cascadas, visitar los manglares en barco y conocer las bondades de las granjas orgánicas. Y, obviamente, ninguna visita a esta provincia sería completa sin degustar la reconocida comida manaba.

Esteban nos contó cómo funciona el programa Bosque Mar.

—Entre los usuarios de la biblioteca se selecciona a quince jóvenes, en grupos rotativos. Entre las actividades se incluye salidas de campo, en los que se visita diferentes ecosistemas amenazados: áreas marinas protegidas, manglares, bosque seco, islotes y comunidades costeras de Manabí. Con este proyecto, se busca que los adolescentes aprendan sobre estos ecosistemas. Paradójicamente muchos jóvenes, a pesar de que son de comunidades pesqueras, conocen poco del mundo marino.

Sorprendidos de esta última afirmación, nos interesó conocer más al respecto.

—En el mar, quienes participan aprenden snorkel, buceo, identificación de peces, viveros de corales, promover la concientización de los impactos de la pesca indiscriminada y que ellos lo promuevan entre sus padres, identificación de nidos de tortugas y visitas a los manglares. Los jóvenes participan de diferentes actividades que les abren nuevas oportunidades—, nos contó Esteban.

En esta amena conversación, también nos interesó conocer este vínculo del trabajo en el mar con el ecosistema terrestre.

—En el bosque, la capacitación se lleva a cabo en la Reserva de Bosque Seco Lalo Loor, donde trabajamos con la Fundación Ceiba.

La reserva tiene 180 hectáreas, está en la costa del Pacífico, en la provincia de Manabí, entre los cantones de Jama y Pedernales. Este bosque es muy especial, pues está ubicado en una zona de transición entre los bosques muy húmedos al norte y los bosques muy secos al sur, por lo que aquí conviven especies representativas de los dos hábitats.

Gracias al proyecto Bosque Mar, jóvenes guías harán disfrutar al turista de bellas caminatas a lo largo de senderos, en los que mostrarán la biodiversidad del bosque seco tropical, en la que se destacan la observación de coloridas aves, monos, cactus y orquídeas, entre otras especies.

La cultura Jama-Coaque se desarrolló al norte de Manabí, en este ambiente de colinas boscosas, cercanas a la playa. Según los arqueólogos, esta cultura se desarrolló entre 350 a.C. y 1532 d.C., extinguiéndose paulatinamente tras el temprano periodo colonial. Jama fue asentamiento de una cultura que se caracterizó por su destreza en la cerámica, la orfebrería y la escultura en piedra. Se dice que su cacique llevaba ese nombre, también se dice que la palabra Jama significa iguana pequeña.

El propósito del programa es crear consciencia y compromiso ambiental entre los herederos del patrimonio de la costa equinoccial. Además, habilitar las posibilidades de profesiones como guía ecológico, instrucción en deportes marinos, continuación hacia una carrera universitaria en biología, biología marina, turismo, entre otras.

Bosque Mar es un proyecto para abrir alternativas de futuro, pues la vida entre mareas no es fácil y tierra adentro tampoco, hay pocas oportunidades de trabajo. La pesca artesanal está seriamente amenazada, no únicamente porque ha dejado de ser una actividad rentable sino también porque la violencia, ligada a las actividades ilícitas en el mar, es cada vez un riesgo mayor riesgo para los jóvenes y para toda la población.

Ana María Varea

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