sábado, abril 4, 2026

El ‘mensis horribillis’ de Rafael Correa

Tras la «foto de familia» publicada por el correísmo luego del buró político de Alianza PAÍS el 12 de junio, las asperezas entre el ex presidente Rafael Correa y su sucesor, Lenin Moreno, parecerían haberse superado. Pero Correa sigue su campaña de críticas en las redes sociales y da pautas de Gobierno desde su columna de El Telégrafo. Su viaje a Europa estaría confirmado y reforzaría su presencia virtual con miras al 2021. Sin embargo, sufrió un revés, cuando Facebook eliminó uno de sus llamados a un «linchamiento virtual» contra sus críticos en redes sociales.

Redacción Plan V

Por: Redacción Plan V

Parecía una foto de familia. Todos sonrientes, felices, sentados en torno a la misma mesa. Como en aquellas reuniones en las que las más agrias disputas entre parientes quedan cubiertas por sonrisas y abrazos. Una muestra de unidad, de fraternidad y de amistad. O eso parecía. Fue, más bien, un «mensis horribilis», un mes horrible para el ex presidente y su forma de ejercer el poder. 

La foto de la reunión del buró político de Alianza PAÍS, divulgada en las redes sociales por la política imbabureña Gabriela Rivadeneira, fue publicada luego de una tensa cita, que tuvo lugar el lunes 12 de junio, y que se produjo luego de varios puyazos del ex presidente Rafael Correa contra su sucesor en redes sociales.

En efecto, el ex presidente usa su cuenta de Twitter para criticar algunas de las acciones de Lenin Moreno, y, desde su columna de opinión en El Telégrafo, parece querer dictar pautas al nuevo presidente. Al parecer, Rafael Correa ha caído en aquello que criticó con la convicción de un guerrero de la cuarta cruzada: gobernar desde un periódico. 

El ex presidente usa su cuenta de Twitter para criticar algunas de las acciones de Lenin Moreno, y, desde su columna de opinión en El Telégrafo, parece querer dictar pautas al nuevo presidente. Al parecer, Rafael Correa ha caído en aquello que criticó con la convicción de un guerrero de la cuarta cruzada: gobernar desde un periódico.

Pero las continuas críticas del ex presidente, que ha encontrado en las redes la mejor forma de expresar su descontento hacia el nuevo Gobierno, provocaron una reunión urgente del Buró Político de Alianza PAÍS.

A la cita, además del ex presidente, asistieron algunos de sus altos asesores, como los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado, el abogado Alexis Mera Giler, Gabriela Rivadeneira y Ricardo Patiño, considerados los más cercanos a Correa. Estuvieron también los actuales mandatarios, Lenin Moreno y Jorge Glas. 

Rafael Correa había pedido la reunión del llamado buró político de Alianza PAIS, que se realizó en secreto, despistando a la prensa y negando que había tenido lugar, hasta que Rivadeneira presentó el curioso selfie de los correístas en horas de la noche del lunes.

El motivo: en los primeros días de julio tiene planeado viajar a Europa y esperaba dejar claros algunos hechos que habían sucedido desde la asunción al poder de Lenin Moreno. El viaje del ex presidente, quien ha anunciado su intención de radicarse en Bélgica con su familia —su esposa nació en ese país europeo y sus hijas mayores estudian en Francia, mientras su hijo menor está próximo a terminar el año escolar en el colegio francófono en el que estudia— es al parecer una realidad. Pero, según pudo conocer PLANV, el presidente de la República y del partido, Lenin Moreno, dio largas al asunto. 

Fue por ello que, dijo una fuente cercana al primer mandatario, que Correa inició su agresiva campaña en redes sociales. En más de una década, es el primer mes horrible, un mensis horribillis, para decirlo en latín de Rafael Correa Delgado. Por eso, en algunos trinos, defiende su gestión económica. En otros, critica el acercamiento del Gobierno a la Universidad Andina, mientras en sus artículos de El Telégrafo, vuelve a la carga en un tema recurrente: el cuestionamiento de la prensa y de la opinión pública y la necesidad de «hablarle a la ciudadanía y no a los medios». 

La reunión del buró, como era de esperarse, fue tensa. Rafael Correa, a pesar de haber aclarado que él entendía la responsabilidad del «compañero presidente» el tomar las decisiones que había tomado, no escatimó queja alguna, y prácticamente su postura en la reunión se basó en los argumentos que había dado en Twitter y en el primer editorial de El Telégrafo.

El punto central: estaban siendo atacados por la oposición y la prensa y ni el presidente ni la mayoría del partido en la Asamblea los estaban defendiendo. El pedido y reclamo fue —más especificamente— sobre la defensa de Jorge Glas. Para Correa y el ala dura del correísmo, defender al Vicepresidente era un deber del presidente Moreno y de todo el partido. Glas es un víctima de una campaña de la oposición y de la prensa para empeñar su imagen y sacarlo del poder. Así que pidieron a Moreno, expresamente, que emitiera declaraciones públicas defendiendo a Glas. Moreno se salió por la tangente: yo no soy juez, les habría dicho. Por tanto, no podría emitir declaraciones de respaldo político en un proceso en el cual aún no se determinaban culpables e inocentes. Si los acusados eran inocentes, Moreno les felicitaría y si eran culpables —él menos— no iba a proteger a nadie.

Eso cortó de plano cualquier aspiración de manipular a Moreno en ese tema. Desde ese momento, Glas supo que debía defenderse solo, y así lo ha hecho, con la ayuda de varios asambleístas que consideran un deber militante defender al «compañero» vicepresidente.

Eso cortó de plano cualquier aspiración de manipular a Moreno en ese tema. Desde ese momento, Glas supo que debía defenderse solo, y así lo ha hecho, con la ayuda de varios asambleístas que consideran un deber militante defender al «compañero» vicepresidente. Glas también ha elaborado su propia línea de defensa, bajo el argumento de que se trata de un golpe de Estado, algo que Moreno se ha cuidado de aupar. Es más, el presidente Moreno ni el presidente de la Asamblea, José Serrano, han emitido, hasta ahora, un solo pronunciamiento de respaldo explícito a Jorge Glas.

La pugna por el «Servicio Secreto»

El otro punto caliente de la reunión de Moreno con Correa y la gente del correísmo duro, fue la creación del Servicio Público de Protección, este organismo supraconstitucional creado para dar protección armada a dignatarios y servidores públicos. La oposición había cuestionado este nuevo organismo desde antes de la salidad de Correa del poder. Pero cuando Lenin Moreno anunció que no lo usaría, y que confiaría a las Fuerzas Armadas y a la Policía su seguridad personal, Correa se sintió traicionado. Esa misma mañana, el presidente Moreno se había tomado una foto en el Salón del Gabinete del Palacio de Gobierno con el Alto Mando, una imagen que no se había visto en muchos años. 

Este tema era un asunto personal para el expresidente. El hecho de que Moreno haya invitado al alto mando militar a Carondelet y que les haya recibido en el Salón del Gabinete fue considerado como un golpe bajo por el correísmo duro. Correa se había cuidado siempre de expresar —al  menos públicamente— un tipo de relación cercana con los mandos de las Fuerzas Armadas. Para efectos de la comunicación política y la propaganda, Correa era la «bestia negra» de los mandos militares, a los cuales sobajó siempre que no se pusieran bajo su égida. Llegó al punto de ordenar procesos judiciales y lograr el título de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas por sentencia judicial. ¿Esta tensión en el buró político se resolvió con el allanamiento de la Asamblea al veto parcial que había emitido cuando fue presidente? Es lo más probable. Una resolución en contra hubiera significado una ruptura total entre Moreno y Correa, algo de lo que —por ahora— se cuidarán de evitar. 

Se supo que Correa vetó también a algunas figuras del entorno del nuevo presidente, a los que acusó de odiarlo de manera personal, pero el presidente Moreno habría desechado cortésmente sus reclamos. 

Según las fuentes consultadas por PLANV, estos fueron los dos temas más serios tratados en la reunión. Pero otro aspecto, que Correa ha convertido en un evangelio personal, no tardaría en surgir. A pesar de que, supuestamente, se ventilaron los puntos de conflicto, el ex presidente no le ha bajado el tono a Moreno. 

Nuevamente, su columna de opinión en El Telégrafo, que parece inspirada en los editoriales de Fidel Castro en la prensa oficial cubana, le sirvió para cuestionar duramente a su sucesor. 

«Se ordena informar a los medios, no a la ciudadanía, y les aseguro, después de una década de experiencia, que no es lo mismo. Grave error, gravísimo error»,  dice en tono tremebundo.

Así en su segundo editorial, Correa censuró cualquier intento de apertura con la prensa privada: «Pero resulta que todo ha sido un problema de “fluidez” en la información. Que nada de esto ha existido. Que tremenda lucha ha sido solo un problema de “temperamento”. Pareciera que por un supuesto diálogo los que ganamos las elecciones las hubiéramos perdido. Que la oposición era la que tenía la razón. Que en nombre de la unidad hay que volver a someter al país a los agonizantes poderes fácticos», se lamenta Correa, al criticar abiertamente el discurso de posesión de Moreno, en el que ofreció una relación «fluida» con la prensa.

«Se ordena informar a los medios, no a la ciudadanía, y les aseguro, después de una década de experiencia, que no es lo mismo. Grave error, gravísimo error», advierte el ex presidente en tono tremebundo.

A las críticas en El Telégrafo, Correa ha sumado publicaciones en redes sociales como una reciente, en la que exigía que sus «guerreros digitales» revelen las identidades de sus críticos en Facebook y Twitter, lo que provocó que fuera denunciada y eliminada por Facebook, tal como puede verse a continuación:  

A pesar de la reunión, todo indica que las publicaciones del ex presidente va a continuar en su estilo característico. Hasta qué punto, sin embargo, Rafael Correa ha perdido el control no solo del Ejecuivo sino del bloque legislativo de Alianza PAÍS es algo que todavía está por verse. Si Correa se ausenta del país, tal como ha ofrecido, las redes sociales seguirán siendo sus instrumentos más fáciles para llegar a sus partidarios, y para ejercer presión en la opinión pública, es muy posible que siga manteniendo su columna en El Telégrafo. 

Pero Rafael Correa, más allá de la anécdota, parece tener un objetivo de largo plazo en la mira: mantener su vigencia con miras a una reelección en el 2021. Si el ex presidente toma distancia de Moreno y no se contamina de los posibles errores del nuevo Gobierno, es posible que pueda mantener su presencia como candidato presidencial cuando termine el periodo de Lenin Moreno. Si Correa le está apostando a esto, es posible que su estancia en Bélgica u otro país europeo le permita seguir haciendo política virtual a buen recaudo. 

Redacción Plan V

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