martes, abril 7, 2026

2025: el año del gato de Schrödinger

Los epicentros emergentes disputan la hegemonía (política, económica y cultural) hasta hace poco detentada exclusivamente por la potencia menguante (EE.UU.) y ésta, empeñada en postergar su inevitable ocaso, se desentiende de la que debería ser su responsabilidad más trascendente: la crisis ambiental.

Por: Julio Oleas-Montalvo

La base del optimismo es simplemente el miedo
Óscar Wilde

Ton Standage

Tom Standage, editor de The World Ahead, propone llamar a 2025 el año del gato de Schrödinger. En 1935, el físico Erwin Schrödinger imaginó un experimento: una caja opaca con un gato dentro, junto a un dispositivo que contenía una partícula radiactiva, un martillo y un frasco de veneno. La partícula tenía 50 por ciento de probabilidades de desintegrarse en un tiempo determinado. Si ocurría esto, se activaba el martillo que rompía el frasco y liberaba el veneno que mataba al gato. Si no ocurría, el gato seguía vivo. Según la mecánica cuántica, mientras no se abriera la caja para observar al gato, éste se encuentra en un estado de superposición: estaría vivo y muerto, simultáneamente.

Imagen referencial. Stock

2025 nace en medio de dudas y de la sucesión aparentemente incontrolable de eventos inusuales. Se lo podría comparar a 1939, excepto por el riesgo nuclear, el cambio climático y la carga demográfica (antes de la segunda gran guerra del siglo XX la población mundial bordeaba los 2.300 millones), factores que lo hacen más complicado. Las incertidumbres usuales, tratadas por expertos empeñados en predecir la tasa de variación de la inflación y la tasa de crecimiento del PIB, están supeditadas a la aparición de esos eventos poco usuales, no expresables como albures cuantitativos. El primer cuarto del siglo ya es historia, pero ha esbozado el escenario de lo que vendrá en el resto del siglo XXI.

Sin embargo, el resto del siglo XXI será significativo para la humanidad sí, y solo sí, en las próximas semanas y meses la cordura derrota a la barbarie. La tendencia a ampliar y modernizar los arsenales atómicos es anterior a la guerra en Ucrania, no hay avances en la negociación de los programas nucleares de Corea del Norte e Irán, el poder atómico de EE. UU. y Rusia sigue restringido por el nuevo tratado START, pero nadie asegura que se lo prorrogue luego de febrero de 2026 (https://bit.ly/3ZhUgW5). Si prevalece la barbarie ¿tendría sentido auscultar en un escenario de invierno nuclear la performance del sistema económico construido por Occidente en los pasados cinco siglos?

Prognosis para líderes

Todo relato se enuncia desde algún lugar específico y está destinado a un público determinado; más si se trata de exposiciones o informes sobre las condiciones y expectativas de la economía y la sociedad. Esta advertencia es aplicable a las predicciones de economía política, producto del conocimiento objetivo y de la experiencia de equipos de especialistas. Vaticinios que podrían leerse como las prognosis o las alertas requeridas por los líderes de la sociedad (empresariales o de gobierno). Esta sección contiene dos análisis para ese público: el primero sintetiza el editorial de la trigésimo novena edición anual de The World Ahead de The Economist Group (https://bit.ly/4giJeH9). El Segundo resume el informe 5 Geopolitical questions for 2025, preparado por Samir Saran para el World Economic Forum (https://bit.ly/3AUlPMU).

1 • The Economist: Para Standage, 2025 se presenta como el gato de Schrödinger. Aunque le pareció menos arriesgado pronosticar lo que podría ocurrir, una vez conocidos los resultados de la elección presidencial norteamericana. Propone atender las consecuencias inmediatas de ese resultado. Trump presionará a Ucrania a negociar con Rusia y dará luz verde a Israel en Palestina. Esta discrecionalidad complicará las relaciones internacionales y alentará a China, Rusia, Irán y Corea del Norte a medrar en medio del caos, advierte Standage.

Trump ganó la presidencia, tiene mayoría en la función legislativa y seis de los nueve jueces supremos le son afines. Prevalido de esta amplia victoria perturbará todo, desde las políticas migratoria y de defensa hasta la económica y comercial. El unilateralismo de America First afectará las alianzas de EE.UU., provocando realineamientos geopolíticos, agudizando tensiones y relajando los controles para evitar la proliferación de armas nucleares. Es evidente que Trump tiene más poder que antes, pero también lo es que el actual entorno internacional es menos controlable y más violento.

Si Trump hace efectiva al menos una parte de la política comercial anunciada en su campaña, el crecimiento económico norteamericano se verá afectado y la inflación repuntará nuevamente.

La rivalidad económica entre EE.UU. y China se convertirá en guerra comercial. Conforme se expanda el proteccionismo, las empresas chinas se propagarán por el sur global para sortear las barreras comerciales y abrir nuevos mercados. Esta invasión pacífica tiene el apoyo del gobierno chino a las exportaciones de paneles solares, baterías y autos eléctricos, novísimo boom de tecnología limpia que podría marcar la diferencia de la próxima hegemonía económica mundial.

Si Trump hace efectiva al menos una parte de la política comercial anunciada en su campaña, el crecimiento económico norteamericano se verá afectado y la inflación repuntará nuevamente. Mientras tanto, los demás países desarrollados tratarán de reducir el déficit fiscal controlando el gasto público, incrementando los ingresos tributarios y promoviendo el crecimiento.

  1. M. Keynes tenía razón en su modo de ver cómo y cuándo invierten los empresarios. La inteligencia artificial (IA) es la mayor apuesta de la historia empresarial: se gastan millones de millones de dólares en laboratorios de IA sin que todavía se tenga claro cómo se la podría aprovechar. Eventualmente, en 2025 comenzaría una reducción global del empleo sustituible por la IA.

2025 puede ser un año de muchas sorpresas (los shocks exógenos de los modelos económicos): desde devastadoras tormentas solares hasta nuevas pandemias. Si la atmósfera terrestre sigue acumulando CO2 —tendencia que se mantendrá mientras Trump detente el poder— en el largo plazo continuará el calentamiento global, y las sorpresas serán cada vez más frecuentes y destructivas.

2 • World Economic Forum: En medio del amplio cuestionamiento al consenso liberal y del turbulento contexto geopolítico —el escenario de la desintegración del orden internacional de post guerra— Samir Saran, presidente de la Observer Research Foundation, anticipa las características generales del 2025: i.) Reacciones aparentemente irracionales de los mandantes y de otros mandatarios, producto de la desinformación y de la polarización política interna e internacional; ii.) Inconsistencias permitidas por la fatiga de los valores universales postulados en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y contradicciones originadas en la geografía; y iii.) Muchas exigencias de las partes interesadas, desde líderes empresariales y países emergentes, hasta influencers dispuestos incluso a combatir al estatus quo.

Saran identifica cinco preguntas para los líderes mundiales: ¿Es posible promover la seguridad internacional en medio de un orden mundial fragmentado? La Organización Mundial de Comercio y las Naciones Unidas han sido incapaces de lograr consensos o montar foros para resolver disputas. No se puede asegurar que los países y bloques del sur global respaldarán el orden internacional liderado por occidente o si preferirán socavarlo. China pretende equilibrar esta dinámica desde sus propios intereses con iniciativas como la Organización de Cooperación de Shanghái, la Iniciativa de Seguridad Global, el Foro de Cooperación China-África y capitaneando un eje Rusia-Irán-China. Bajo estas circunstancias los líderes de occidente se verán obligados a reconocer sus limitaciones y el alcance de sus alianzas.

¿Es posible negociar nuevos tratados comerciales que aseguren beneficios duraderos? La época dorada del libre comercio parece terminada. El mundo se encuentra en algún punto intermedio entre el libre mercado y el intervencionismo.

¿Es posible revitalizar la independencia de los Estados y al mismo tiempo fortalecer la seguridad internacional? Muchos países consideran esencial preservar la soberanía nacional. Así como la violación física de las fronteras por parte de ejércitos extranjeros se considera una ofensa flagrante, ciertas decisiones económicas y acuerdos comerciales pueden lesionar aspectos fundamentales de la soberanía y convertirse en transgresiones a la Carta de las Naciones Unidas. En las últimas décadas la construcción del orden global exigió la cesión parcial de esa independencia. Pero en 2025 quienes desafían ese orden consideran que la soberanía es el pilar de las relaciones internacionales.

¿Es posible negociar nuevos tratados comerciales que aseguren beneficios duraderos? La época dorada del libre comercio parece terminada. El mundo se encuentra en algún punto intermedio entre el libre mercado y el intervencionismo. El proteccionismo ha regresado y las proclamas de las ventajas del libre comercio suenan hipócritas o brotan de países cuya única opción es el intercambio desigual. Luego de la pandemia se hizo difícil proteger las cadenas de suministros y el sistema de pagos internacionales se encuentra vulnerable. El caos reinante entre el mar Rojo y el mar Báltico podría extenderse al estrecho de Taiwán. Liderazgos fuera de lo común serán necesarios para redirigir al mundo hacia una nueva era de comercio más equitativo.

¿Como descentralizar la investigación y la innovación para lograr que sus frutos se distribuyan en forma más equitativa? En las condiciones actuales los propietarios del capital, de los principales laboratorios de procesamiento de información, de los algoritmos y de las bases de datos se benefician desproporcionadamente de cualquier avance. Los progresos de la inteligencia artificial tienden a concentrar las actividades de apoyo. Para asegurar que las ganancias económicas y sociales del cambio tecnológico sean distribuidas equitativamente en el mundo es necesario redefinir las normas internacionales sobre innovación y conocimiento, en especial el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), así como ampliar las capacidades de la ONU en este campo fortaleciendo a la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) y a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).

¿Cómo proveer el capital necesario para destinarlo a contrarrestar el calentamiento global en los sectores y lugares más necesarios? En 2023 se rompió la barrera de calentamiento promedio fijado en el Tratado de París (1,5°C). Las migraciones forzadas, pérdidas de biodiversidad, desnutrición y otros fenómenos socioambientales son consecuencias de esta infracción. Paradójicamente, las comunidades más afectadas son las menos responsables del calentamiento global. No se ha cumplido el compromiso de contribuir con USD 100.000 millones anuales para países en desarrollo, lo que se podría subsanar reformando los bancos multilaterales de desarrollo.

Para reducir la incertidumbre son imperativas respuestas consensuadas a estas cinco preguntas. “En medio de la irracionalidad, las inconsistencias y la plétora de exigencias, lograr el consenso es más importante que nunca”, concluye Saran.

El futuro inmediato

Las previsiones económicas —las proyecciones del PIB, de la tasa de inflación, los déficit fiscal y externo, la deuda pública, etc.— se elaboran en centros especializados y en los ministerios de finanzas y bancos centrales. Estas entidades interactúan con la sociedad; todas se deben, de una u otra forma, a las comunidades (países, regiones o el mundo) en las que se generarán los resultados que intentan predecir. El sociólogo Werner Reichmann, de la Universidad de Konstanz, denomina “participación epistémica” al conjunto de acciones y relaciones de las que brotan las previsiones. Los rasgos institucionales de esas relaciones pueden presentar una amplia gama de situaciones: desde la absoluta independencia técnica y de gestión, hasta la subordinación autoritaria.

Para elaborar sus previsiones económicas, esas entidades explicitan varios supuestos metodológicos. Pero otros supuestos se mantienen implícitos, como que en todo el mundo los procesos económicos (producción, consumo, inversión, acumulación, intercambio…) son idénticos, ocurren en espacios monetizados del mercado, no interactúan con el medio ambiente y menos alteran los stocks de activos naturales. Todo esto permite predecir tasas mundiales de crecimiento o de inflación, o ratios mundiales de endeudamiento público o de déficit fiscal.

En este contexto tiene sentido que el FMI afirme que el logro más destacable de la economía mundial en 2024 fue la reducción de la inflación. Y con este antecedente anticipa que en 2025 la inflación mundial sería de 3,5 por ciento anual (World Economic Outlook: Policy Pivot, Rising Threats, octubre de 2024). Esta tasa coincide con las publicadas por el Banco Mundial (BM) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El FMI y la OCDE son más optimistas, al presagiar para 2025 un crecimiento económico mundial del 3,2%  anual. Según el BM las economías emergentes y en desarrollo crecerán a una tasa de 4% anual.

En junio de 2024 el BM predijo para 2025 un crecimiento económico mundial de 2,6 por ciento anual, resultado “estable por primera vez en tres años a pesar de las altas tasas de interés y de las encendidas tensiones geopolíticas” (Global Economic Prospects, junio de 2024). El FMI y la OCDE son más optimistas, al presagiar para 2025 un crecimiento económico mundial del 3,2 por ciento anual. Según el BM las economías emergentes y en desarrollo (EMDE por sus siglas en inglés) crecerán a una tasa de 4 por ciento anual. Esta tasa de crecimiento es superior a la calculada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) para esta región, de apenas 2,3 por ciento (Cuadro 1).

Nótese que en el caso de Ecuador la tasa de crecimiento estimada para 2024 por la Cepal duplica la tasa recalculada por el Banco Central del Ecuador en septiembre pasado (0,9 por ciento). Así mismo, la previsión de crecimiento del PIB para 2025 hecha por esa entidad ecuatoriana es más baja que la de la Cepal (Cuadro 1), y muchísimo más baja que la estimada por el BM para los EMDE (4 por ciento).

Las probabilidades de que estas previsiones se hagan realidad se desvanecen frente a las incertidumbres puntualizadas por The Economist o el World Economic Forum. Este contexto, excepcionalmente incierto, evidencia el fuerte contenido psicológico de las previsiones cuantitativas como medios para calmar las expectativas y promover los escenarios deseables. En esta ocasión los porcentajes y tasas de crecimiento de las variables más esperadas requieren más contextualización y hasta condicionamientos. Sin duda este es el propósito del Informe Anual del FMI de 2024, que prevé un futuro inmediato “de continua y elevada incertidumbre” debido a varias causas:

  • El cambio climático es la mayor amenaza para el crecimiento económico;
  • Las más débiles predicciones de crecimiento mundial en tres décadas, de apenas 3,1 por ciento hacia el final de la década, debido a la desaceleración de la productividad, caída generalizada de la inversión y lento crecimiento de la población activa en los países desarrollados;
  • La creciente fragmentación geopolítica condiciona las decisiones sobre comercio e inversión;
  • Los conflictos armados contribuyen a agudizar la fragmentación geopolítica;
  • La incógnita de la IA (un estudio del FMI estima que en las economías avanzadas hasta el 60 por ciento de los empleos pueden verse afectados por la IA; un 40 por ciento en los mercados emergentes y 26 por ciento en los países de bajos ingresos).

La imprevisibilidad de estas fuerzas tiene por consecuencia un mundo más propenso a los shocks exógenos, concluye ese informe.

Si el cuánto resulta tan contingente, el para quién sería una casualidad

El cometa 1P/Halley será visible nuevamente en junio de 2061. Ningún astrónomo disiente de este cálculo, hecho por Edmund Halley en 1705 aplicando las leyes del movimiento enunciadas por su amigo Isaac Newton. No ocurre lo mismo con las previsiones económicas, que pueden convertirse en profecías autocumplidas. Veamos cómo es posible esto. En Perú el salario mínimo vital (SMV) vigente es de 1.025 soles (unos USD 272), considerado insuficiente para cubrir las necesidades básicas. Las organizaciones de trabajadores han propuesto aumentos que llegarían hasta 1.500 soles (unos USD 398) en 2025. Los empresarios han anticipado que esto impactaría negativamente la formalidad laboral y la productividad, en especial de las pequeñas y medianas empresas (https://bit.ly/3Zmbdjf). En medio de esta disputa, el Banco Central de Reserva del Perú (entidad de nivel constitucional independiente del gobierno) filtró un estudio según el cual el SMV está sobrevalorado, pues debería ser de 726 soles (unos USD 193). ¿Cuánto será el SMV peruano en 2025? Huelga decir que el presidente de ese banco tiene una remuneración equivalente a 41 SMV.

La Cepal advierte que el lento crecimiento, las falencias distributivas, la pandemia de 2020 y la subsiguiente inflación dificultan el cumplimiento de las metas.

En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. La meta 1.1. de la Agenda 2030 propuso erradicar la pobreza extrema (hasta 2030). El indicador seleccionado fue la medida de pobreza extrema del BM (en 2024, USD 2,5 a precios internacionales, por día). En el caso de América Latina, si se considera ese umbral, la meta acordada se podría entender como cumplida (considerando el promedio ponderado de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela).

Sin embargo, si se atienden los criterios de medición de la pobreza extrema de la Cepal, surge un panorama diferente. La Cepal advierte que el lento crecimiento, las falencias distributivas, la pandemia de 2020 y la subsiguiente inflación dificultan el cumplimiento de la meta 1.1. Como la erradicación de la pobreza extrema depende de factores complejos, en especial de las tasas de crecimiento de la economía y de la población, así como de las políticas distributivas, la Cepal propone varios escenarios (Cuadro 2).

A diferencia de lo que ocurre con el cometa 1P/Halley, que será visible en el hemisferio norte dentro de 37 años (¡aunque nadie lo vea!), lo que ocurra con la meta 1.1. de los ODS depende de muchos factores. Si se toma en cuenta el umbral del BM, se podría anticipar que será cumplida. Pero si se consideran los cálculos y los escenarios de la Cepal, en 2030 habría entre 66 millones y 45 millones de personas en condición de extrema pobreza.

Lo que resta del siglo (o más allá de t+1)

John M. Keynes aclaró por qué los economistas priorizan el corto plazo: como en el largo plazo habremos muerto, no tiene importancia. La economía no es una ciencia diseñada para explorar futuros posibles. La prospectiva, disciplina transversal que emplea métodos cuantitativos y cualitativos para analizar datos, identificar tendencias y factores de cambio, y construir escenarios alternativos, sí está en capacidad de hacerlo. Desde que los ecologistas alertaron sobre la insostenibilidad de la economía capitalista la prospectiva debería tener prioridad. Pero ocurre lo contrario: para servir a los líderes políticos, los economistas se empecinan en concentrar las expectativas en el crecimiento del PIB en t+1.

La prospectiva se nutre de la historia. El conocimiento del pasado permite identificar patrones, tendencias y ciclos que podrían condicionar el futuro. En el primer cuarto del siglo XXI ocurrieron varios hitos que evidencian el fin de la pax americana y de su corolario estructural —la última ola de globalización del capital—: los ataques terroristas del 11/09/2001; la crisis financiera de 2008-2009; la pandemia de 2020; y la restauración de la guerra como medio para aniquilar naciones y redibujar el mapa mundial (desde la invasión liderada por EE.UU. contra Irak hasta la inminente desmembración de Siria).

Otros eventos menos mediáticos también contribuirán a la reconfiguración geopolítica del mundo en lo que resta del siglo: la persistencia de la desigualdad social y económica, evidencia del desencanto provocado por el mercado global y por la democracia representativa; el ascenso económico de la República Popular China; el avance de la tecnología; la preferencia de los estados nacionales por el crecimiento económico y el correlativo desprecio por la sostenibilidad; la obsolescencia de la gobernanza internacional, desde el sistema de Naciones Unidas hasta la Organización Mundial de Comercio; la irrupción de las redes sociales en la política; y la decadencia económica, política y –sobre todo– moral del imperio hegemónico del siglo XX.

Para posesionarse de sus nuevas zonas de influencia los epicentros emergentes están dispuestos a bombardear y asesinar poblaciones civiles. O, con lisonjera diplomacia, a proponer utopías como la de la franja y la ruta para disputar abiertamente el predominio económico de Occidente.

Estas inflexiones tendenciales y factores de cambio marcan el rumbo hacia un nuevo orden multipolar en el que, si se evita una tercera guerra mundial, probablemente convivirán varios epicentros, cada uno con su propia zona de influencia. Putin lo anticipó en su intervención en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (20/06/2022): “En las décadas pasadas se han formado nuevos centros, poderosos y cada vez más resueltos. Cada uno desarrolla su propio sistema político y sus propias instituciones públicas, acordes con sus propios modelos de crecimiento económico y, naturalmente, tienen el derecho de protegerlos y asegurar su soberanía nacional […] en todo el sistema de relaciones internacionales se han producido cambios económicos, tecnológicos y geopolíticos tectónicos, con un crecimiento sustancial del rol dinámico y potencialmente poderoso de países y regiones. Ya no es posible ignorar esos intereses” (https://bit.ly/413UsL0). Para Putin es esencial preservar la soberanía y la identidad nacional de un proyecto imperial que evoca la Rusia zarista anterior a 1917.

Para posesionarse de sus nuevas zonas de influencia los epicentros emergentes están dispuestos a bombardear y asesinar poblaciones civiles. O, con lisonjera diplomacia, a proponer utopías como la de la franja y la ruta para disputar abiertamente el predominio económico de Occidente. Así, al  inaugurar el nuevo puerto de Chancay, el presidente Xi Jinping invitó a los peruanos a “…comprender la tendencia del mundo con una visión histórica a largo plazo, practicar el verdadero multilateralismo, promover un mundo multipolar igualitario y ordenado, y una globalización económica universalmente beneficiosa e inclusiva, e implementar debida y conjuntamente la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG), la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG) y la Iniciativa para la Civilización Global (ICG), con miras a construir juntos la comunidad de futuro compartido de la humanidad” (https://bit.ly/4fYbL4r).

Los epicentros emergentes disputan la hegemonía (política, económica y cultural) hasta hace poco detentada exclusivamente por la potencia menguante y ésta, empeñada en postergar su inevitable ocaso, se desentiende de la que debería ser su responsabilidad más trascendente: la crisis ambiental. Mientras tanto, en la India y China cientos de miles de personas respiran con dificultad, habitantes de los países africanos mueren de hambre debido a la sequía y a la violencia, el Caribe es azotado por huracanes cada vez más destructivos, bajo todo riesgo los más vulnerables habitantes del sur global migran hacia Europa y Norteamérica.

Salvo contadas excepciones, en todo lado los medios proclaman la capacidad destructiva del armamento occidental usado por Ucrania contra Rusia o la tecnología de los misiles rusos ensayados contra Ucrania.

Las disputas por el poder hegemónico (como en Ucrania, Perú, Siria o Taiwán) se desarrollan cuando ya se han superado siete de los nueve límites planetarios (cambio climático, polución química/nuevas entidades, carga de aerosoles atmosféricos, ciclo biogeoquímico del nitrógeno y el fósforo, uso de agua dulce y ciclo hidrológico global, cambio del uso del suelo, e integridad de la biosfera y biodiversidad). Y solo dos límites se encuentran en zonas seguras (agotamiento del ozono estratosférico y acidificación de los océanos) (https://bit.ly/4fFayPT).

Al mismo tiempo, salvo contadas excepciones, en todo lado los medios proclaman la capacidad destructiva del armamento occidental usado por Ucrania contra Rusia o la tecnología de los misiles rusos ensayados contra Ucrania. O relatan el avance comercial chino en su utópica franja. O concentran su atención en cuánto crecerá el PIB en 2025, pero empequeñecen las consecuencias de largo plazo que tendrá para el planeta entero la decisión del próximo presidente norteamericano de abandonar, por segunda ocasión, los acuerdos de París de 2015.

Tal vez Keynes tenía razón: la evidencia disponible parece indicar que el largo plazo ya no importa.

 

 

Julio Oleas-Montalvo

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