domingo, marzo 29, 2026

Cuando las Brigadas Rojas secuestraron a Italia

La reciente detención en Argentina de un italiano que es uno de los presuntos responsables del asesinato de Aldo Moro, recordó los difíciles años por los que pasó Italia entre los 60 y 70. El gobierno de Javier Milei retiró a Leonardo Bertulazzi la resolución de refugio que tenía desde 2002 (desde tiempos de Néstor Kirchner y que se mantuvo en los posteriores períodos peronistas), que había impedido su extradición a Italia.

Por: Ugo Stornaiolo

Como en Alemania, con la banda de Baader Meinhof o en España con ETA, en Italia los grupos de ultraizquierda aparecieron con el objetivo de acabar con el Estado. El más célebre y letal fue el de las Brigadas Rojas, cuya víctima más notoria fue el ex premier Aldo Moro. Corría la década de los años 70.

La imagen impactó a toda Italia: las Brigadas Rojas abandonaron el cadáver de Aldo Moro en plena ciudad de Roma luego de haberlo fusilado con diez disparos tras publicitar sus fotografías en la prensa de entonces. El periodista Claudio Mario Aliscioni hace un recuento de los sucesos, ocurridos desde el final de la década de los 60, cuando la mafia, la camorra y la n’draghetta, así como los grupos terroristas de izquierda tenían tomado al poder por asalto en Italia y era frecuente que ocurran atentados, ataques y asesinatos, como el del juez Giovanni Falcone.

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Aldo Moro asesinado por las Brigadas Rojas en 1978, punto más caliente de los años de plomo Foto: Gianni Giansantia / AP

El final de la década del 60 es un tiempo de quiebre en Italia, como en otras partes de Europa. Se terminó la época de la reconstrucción, del Plan Marshall y del nacimiento de la Comunidad Económica Europea (CEE), bajo el impulso de Francia, Alemania, Italia y el BENELUX (Bélgica, Holanda, Luxemburgo). Finalizaba el período del llamado “milagro económico” y comenzaron años de revueltas e inestabilidad, tanto en el mundo laboral como en la universidad. Es la Europa del Mayo francés, de las protestas contra la guerra de Vietnam y de la intensificación de la Guerra Fría, con la instalación, en ambos lados de la Cortina de Hierro, de armas nucleares.

Así como como Baader Meinhof en Alemania y ETA (Euskadi Tas Askatasuna “Patria Vasca o Muerte”) en España, en Italia también surgieron grupos de ultraizquierda, instalados en el marxismo radical pregonado décadas antes por el pensador Antonio Gramsci, intentando subvertir al Estado con violencia. Las Brigadas Rojas, se cobraron su víctima más notoria con el ex primer ministro Aldo Moro, que fue secuestrado el 16 de marzo de 1978.

En los 55 días de secuestro de Moro, uno de los líderes más representativos de la Italia de posguerra, junto con Alcide de Gasperi y el mismo líder comunista Enrico Berlinguer, Italia tuvo su momento de quiebre. Moro era integrante de la Democracia Cristiana, partido que tomó el poder tras la caída de Mussolini y el final de la segunda guerra mundial. Para este político era imprescindible sentarse a negociar con todas las fuerzas, incluido con el poderoso PC (Partido Comunista Italiano), que contaba con una tercera parte del electorado. Era una apuesta arriesgada, no todos estaban de acuerdo y a Moro le costó su vida.

Finalizaba el período del llamado “milagro económico” y comenzaron años de revueltas e inestabilidad, tanto en el mundo laboral como en la universidad. Es la Europa del Mayo francés, de las protestas contra la guerra de Vietnam y de la intensificación de la Guerra Fría, con la instalación, en ambos lados de la Cortina de Hierro, de armas nucleares.

El PC se había convertido en una amenaza para el sistema occidental, liderado por EE.UU., enfrascado en una lucha ideológica con su antagonista, la URSS. Los comunistas italianos planteaban un “eurocomunismo”, pero muchos de sus jóvenes integrantes lo cuestionaron por haber traicionado el espíritu de los partisanos en la segunda guerra mundial y de toda la clase obrera italiana (gli operai). Fue entonces que, en medio de esos debates, surgieron las Brigadas Rojas (le Brigate Rosse).

Moro, un católico practicante, iba a una reunión en el Parlamento italiano para negociar un acercamiento al PC, algo a lo que Washington y Moscú se oponían. Tras dejar la iglesia de Santa Chiara, los autos de la escolta del dos veces presidente del consejo de ministros (1963-68 y 1974-76) iban por la vía Fani cuando un Fiat 128 con matrícula diplomática se detuvo frente a ellos y se produjo una ráfaga de disparos a la comitiva de Moro. Muchos brigadistas, algunos disfrazados con uniformes de pilotos de Alitalia, mataron a los cinco escoltas y secuestraron al político democristiano.

Italia entraba en una pesadilla que tuvo su final el 9 de mayo, casi dos meses después, cuando se encontró el cadáver del que fue el hombre más poderoso de Italia, en el baúl de un automóvil Renault  rojo. Le dieron más de diez balazos y tenía su cuerpo envuelto en una manta. El vehículo estaba parqueado en via Caetani, a medio camino entre las sedes de la Democracia Cristiana y del PC.

Muchas cosas no fueron aclaradas tras este magnicidio. Las investigaciones no conducían a ninguna parte, por las intrigas de los carabineros, los largos brazos de la mafia calabresa, las logias masónicas, la cúpula en el poder (encabezada por el primer ministro Giullio Andreotti), las maquinaciones de la KGB y de la CIA y el contexto de la Guerra Fría. Italia estaba llena de teorías de la conspiración. Lo cierto es que en el asesinato de Moro muchos sostuvieron que se trató de un crimen de Estado.

Italia vivía los años de plomo, sacudida además por el terrorismo negro, como el de los neofascistas, y el rojo de las Brigadas, de ideología marxista-leninista, un grupo de radicales expulsados del PC y otras formaciones, que buscaban una revolución comunista mediante la lucha armada. Para lograr el objetivo de sembrar el terror secuestraron empresarios, asesinaron opositores, colocaron bombas matando inocentes. Pero fueron derrotados, como ocurrió con otras bandas similares en Europa. Solo hizo falta una estricta aplicación de la ley, sin dictaduras de por medio.

¿Quiénes eran?

Las Brigadas Rojas fue una organización terrorista de extrema izquierda italiana, fundada en 1970. Su formación teórica era marxista-leninista, y tenía como objetivo atraer a una parte del proletariado contra las políticas reformistas del PCI. Uno de sus objetivos era retirar a Italia de la Alianza Militar Atlántica (OTAN), bajo la égida de EE.UU. y oponerse al Pacto de Varsovia.

Aparecieron ante el temor de un golpe de Estado de la derecha en Italia, similar a la dictadura de los coroneles en Grecia o la de Pinochet en Chile. Italia había salido de un período de dos décadas de instauración del fascismo, a cargo de Benito Mussolini. Esto explica las razones por las que Italia podía ser el lugar más indicado para que se desarrolle un terrorismo de extrema izquierda.

«Crecí con la idea de que estaban planeando un golpe de Estado, como en Grecia o Chile. Y que nos habrían matado. De hecho, ya habían empezado», dice Sergio Segio, una de las figuras de los años de plomo. Entre 1969 y 1975, los atentados y la violencia política fueron atribuidos principalmente a grupos de derecha (95% de 1969 a 1973, 85% en 1974 y 78% en 1975).

La formación de las Brigadas Rojas se dio en el contexto de las luchas sociales de fines de la década de 1960, con huelgas obreras en emblemáticas fábricas, como Pirelli y Siemens en particular, lo que llevó a parte del movimiento obrero a adoptar la «propaganda armada» para su lucha. Las primeras acciones fueron la destrucción de vehículos de los capataces o secuestro de los directivos. Entre las 1.337 personas condenadas por pertenecer a las Brigadas Rojas, el 70% eran obreros, trabajadores o estudiantes.

A semejanza del Mayo francés y las protestas contra la guerra de Vietnam en Berkeley (EE.UU.) con los ejemplos de Rudi Dutschke y Daniel Cohn-Bendit, los jóvenes universitarios italianos acogieron nuevos conceptos del marxismo atípico que condenaba a los EE.UU., pero marcando distancia de la URSS y de sus partidos comunistas de Europa Occidental. En Italia, especialmente, el Partido Comunista Italiano (PCI) fue considerado por las nuevas generaciones de izquierda como un partido que traicionó el espíritu partisano porque entró a colaborar directamente con los enemigos de los trabajadores.

La formación de las Brigadas Rojas se dio en el contexto de las luchas sociales de fines de la década de 1960, con huelgas obreras en emblemáticas fábricas, como Pirelli y Siemens en particular, lo que llevó a parte del movimiento obrero a adoptar la «propaganda armada» para su lucha.

Previo al surgimiento de las Brigadas Rojas hubo otros grupos que iniciaron la lucha armada: el Gruppo Cavallero, que actuó entre 1963 y 1967, en una especie de guerra al estado anarquista o el Gruppo 22 de octubre, seguidores en Génova de las tesis de Carlos Marighella y su Pequeño manual del guerrillero urbano.

La historia de las BR comienza en la Universidad de Trento (al norte de Italia, cerca de la actual frontera con Eslovenia). En las revueltas estudiantiles de 1968 son parte de los CUB (Comités Unitarios de Base), grupos mixtos de estudiantes y trabajadores que organizan revueltas, huelgas y mítines.

En estos grupos sobresalen las personalidades de Marco Boato, Mauro Rostagno y sobre todo Renato Curcio y su futura esposa Margherita «Mara» Cagol. Curcio era redactor de la revista «Lavoro Político» de inspiración marxista-leninista, en su inicio crítico de la lucha armada, pero que cambió de postura por la represión de la policía.

En Milán, las revueltas estudiantiles de 1968 dan paso en 1969 al llamado «otoño caliente» de lucha obrera y sindical, donde los estudiantes se unen a los trabajadores en un movimiento revolucionario que la izquierda histórica no pudo controlar. El matrimonio Curcio-Cagol establece contactos con operarios y técnicos de las fábricas lombardas.

Formado, en principio, como un laboratorio de análisis político donde se unían manifestaciones teatrales, cursos de arte o música para trabajadores, tras el atentado de Piazza Fontana (nunca aclarado pero atribuido a neofascistas auspiciados por los servicios secretos), cambia para convertirse en un instrumento de lucha revolucionaria para desarrollar una ofensiva generalizada contra el sistema.

La primera acción de las Brigadas fue el incendio del coche de Giuseppe Leoni, dirigente de la empresa Sit-Siemens en Milán el 17 de septiembre de 1970 dentro de las luchas obreras de la fábrica. Esa misma tarde aparece en la ventanilla del Ferrari de otro jefe de la empresa, el ingeniero Giorgio Villa, un pasquín con el mensaje: ¿Hasta cuándo durará tu Ferrari?

  1. El primer periodo de actividad es fiel al concepto de Renato Curcio sobre la lucha armada, como un aglutinante de la lucha obrera en las fábricas y en grandes empresas. Las acciones debían tener un marcado objetivo propagandístico para ganarse el consenso de la clase proletaria. También tenían como objetivo a los enemigos políticos del movimiento obrero, que estaban instaurando en Italia un Estado policial anti proletario a través de la llamada estrategia de la tensión, ideada desde las mismas fuerzas del Estado y aplicada por grupos terroristas neofascistas.

El Atentado de Piazza Fontana por parte de estos grupos contra la Banca Nazionale dell’Agricoltura señaló para muchos el comienzo de los «años de plomo», con continuos atentados y enfrentamientos entre las fuerzas del estado, grupos de extrema derecha y de extrema izquierda.

Las primeras acciones brigadistas se limitaban a incendiar los automóviles de jefes de las grandes compañías milanesas, así como a miembros del Movimiento Social Italiano (MSI). Su primer éxito mediático fue el atentado de Lainate (Milán), donde colocaron 8 bombas incendiarias en las instalaciones de la Pirelli. Aunque solo explotaron tres, causaron el suficiente revuelo como para que la prensa empezara a hablar del nuevo grupo armado.

En 1977, el ambiente era terrible con huelgas, manifestaciones y enfrentamientos. El 11 de marzo, en la Universidad de Bolonia se enfrentaron grupos autónomos contra militantes de Comunión y Liberación (de derecha católica).

A pesar de que el Corriere della Sera calificara a las Brigadas Rojas de «fantasmagórica organización extraparlamentaria» y el diario del propio PCI, l’Unità, lo tildara de «provocación de estilo fascista», las Brigadas habían conseguido su objetivo de darse a conocer entre los colectivos obreros.

Renato Curcio entendió que no podían seguir quemando viejos coches y por eso buscaron acciones tipo movimiento Tupamaro uruguayo: secuestros relámpago (retenciones demostrativo-punitivas de algún personaje odiado, inmortalizado a través de fotografías que se difundían en prensa) y boletines de propaganda donde se reproducirían los mensajes brigadistas, así como el juicio del secuestrado, a partir de su liberación en estado de «libertad provisional».

En 1974 se discutía dentro de las Brigadas la necesidad de abrir un nuevo frente de acción revolucionaria. Junto al «Frente de las Grandes Fábricas», donde se trataba de crear un ambiente revolucionario y para el cual se había creado los NORA (Núcleos Obreros de Resistencia Armada), se abrió el «Frente de la Lucha a la Contrarrevolución» que proyectaba un ataque contra las instituciones políticas y el mismo Estado. La fase de la «propaganda armada» concluía y comenzaba el «ataque al corazón del Estado». Tras la muerte de Curcio y Mara, el grupo se radicalizó.

En 1977, el ambiente era terrible con huelgas, manifestaciones y enfrentamientos. El 11 de marzo, en la Universidad de Bolonia se enfrentaron grupos autónomos contra militantes de Comunión y Liberación (de derecha católica). Tras la intervención de la policía muere Francesco Lorusso de Lotta Continua, lo que produce una revuelta de 50.000 jóvenes, padeciendo la ciudad una jornada de guerrilla callejera. El ministro del interior y futuro presidente de Italia, Francesco Cossiga, prohibió las manifestaciones, aunque estas siguieron.

El secuestro y asesinato de Aldo Moro

Aunque el 1978 se abrió con los atentados mortales en el llamado «Frente de los presos», el verdadero objetivo seguía siendo el «corazón de Estado», especialmente la Democracia Cristiana (DC). El secuestro de Moro debía ser continuado con el de Leopoldo Pirelli y otros. Aldo Moro encarnaba el alma de la Democracia Cristiana y además la acción contra Giulio Andreotti era complicada porque vivía en pleno centro de la ciudad, mientras que Moro vivía en un barrio residencial en las periferias de Roma.

Durante su cautiverio, el 20 de abril, Moro apeló directamente al Papa Pablo VI para que interviniera, de la misma manera que Pío XII lo había hecho en el caso del profesor Giuliano Vassalli. El Papa escribió una carta a las Brigadas Rojas:

«No tengo ningún mandato para hablar con usted, y no estoy sujeto a ningún interés privado en lo que respecta. Pero le quiero como a un miembro de la gran familia humana, como un amigo de la época de estudiante y —por un título muy especial— como a un hermano en la fe y como un hijo de la Iglesia de Cristo. Hago un llamamiento que ustedes ciertamente no ignorarán; de rodillas se los ruego, liberen a Aldo Moro, simplemente, sin condiciones, no tanto por mi humilde y bien intencionada intercesión, pero debido a que comparto con usted la común dignidad de un hermano en la humanidad… Hombres de las Brigadas Rojas, me dejan, el intérprete de las voces de muchos de nuestros conciudadanos, la esperanza de que, en sus sentimientos de corazón, que la humanidad triunfará. En la oración, y siempre amándolos, espero prueba de ello. ‘Paulus PP VI.»

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O La muerte de Aldo Moro hizo que el asesinato fuera criticado no solo por algunas de las personalidades de la izquierda radical italiana, sino incluso por los presos de la organización.

El asesinato de Moro fue el principio del fin de las Brigadas Rojas, pues posibilitó un endurecimiento de las políticas de control del Gobierno. Entre otras medidas, se decretó la obligación por parte de los docentes universitarios de prestar un «Juramento de Lealtad a la República», imposibilitando cualquier postura, no ya de apoyo a las organizaciones revolucionarias, sino de crítica al Estado.

La muerte de Aldo Moro hizo que el asesinato fuera criticado no solo por algunas de las personalidades de la izquierda radical italiana, sino incluso por los presos de la organización. La policía italiana hizo detenciones masivas el 7 de abril de 1979, entre las cuales cobraría fama la de un grupo de intelectuales del área de la Autonomía Operaria, colaboradores de la revista Metrópoli, entre los que se contaba Paolo Virno, además de Toni Negri, Oreste Scalzone, Luciano Ferrari Bravo y otros.

Tras años de prisión, finalmente se reconoció que no estaban vinculados a la organización. Algunos años más tarde se especularía sobre la verdadera autoría del asesinato de Aldo Moro. No son pocos los que insinúan que detrás de aquella acción estuvo la organización paramilitar conservadora Operación Gladio, fundada en los años 50 para impedir el acceso al poder del Partido Comunista.

En 1981 la organización secuestró al general de brigada del ejército estadounidense James Dozier, posteriormente rescatado en una operación policial. La policía italiana arrestó a varios miembros que proporcionarían información sobre otros activistas, conduciendo a más detenciones.

El asesinato de Moro fue el principio del fin de las Brigadas Rojas, pues posibilitó un endurecimiento de las políticas de control del Gobierno. Entre otras medidas, se decretó la obligación a los docentes universitarios de prestar un «Juramento de Lealtad a la República».

Otras Brigadas Rojas se formaron en la década de los 80’ tras la escisión del grupo original: la BR-WA, la Walter Alassia; BR-PCC, El Partido Comunista Combatiente; BR-PG, El Partido de la Guerrilla; y la BR-UdCC, Unión de los Comunistas Combatientes. En 1984, las Brigadas Rojas reivindicaron el asesinato de Leamon Hunt, responsable estadounidense del Grupo de Observadores Internacionales para la Península del Sinaí. En 1985 algunos terroristas asilados en Francia regresaron a Italia. Al mismo tiempo se incrementaron las detenciones.

Después de 1988, las autoridades imputaron a supuestas reconstrucciones de las Brigadas Rojas algunas acciones, sin haberse demostrado el vínculo: el asesinato en mayo de 1999 de Massimo D’Antona, consejero del gabinete centroizquierdista de Massimo D’Alema. Con la misma pistola usada para este asesinato se atentó contra Marco Biagi, otro consejero económico, en este caso del gobierno centroderechista de Silvio Berlusconi,

En marzo de 2003: dos activistas, Mario Galesi y Nadia Desdemona Lioce, iniciaron un tiroteo con la policía en un tren en la estación de Terontola, en donde murió un policía. El 23 de octubre de 2003 los carabineros arrestaron a seis miembros de las Brigadas en redadas simultáneas en Florencia, Cerdeña, Roma y Pisa, en una operación relacionada con el asesinato de Massimo D’Antona. En mayo de 2012 las Brigadas Rojas de Italia atentaron contra políticos, a los que acusaron de la crisis.

La reciente detención en Argentina de un italiano que es uno de los presuntos responsables del asesinato de Aldo Moro, recordó los difíciles años por los que pasó Italia entre los 60 y 70. El gobierno de Javier Milei retiró a Leonardo Bertulazzi la resolución de refugio que tenía desde 2002 (desde tiempos de Néstor Kirchner y que se mantuvo en los posteriores períodos peronistas), que había impedido su extradición a Italia, agregó el comunicado. El Gobierno señaló a Bertulazzi como exintegrante de las Brigadas Rojas, el grupo de izquierda que operó en Italia entre 1970 y 1980.

“Entre los crímenes más resonantes del grupo se encuentra el secuestro y posterior asesinato del ex primer ministro de Italia, Aldo Moro, en 1978. Bertulazzi, con un alto rango dentro de la organización, estuvo vinculado a la logística del secuestro de Moro”, dijo el Gobierno de Argentina en su comunicado.

Ugo Stornaiolo

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