domingo, septiembre 27, 2026
Ideas
Consuelo Albornoz Tinajero

Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

¿Quiénes son los responsables?

Yo no fui, dicen muchos. Yo no fui, fue teté, dicen otros. ¿Quiénes son los que están desencadenando el caos y queriendo arrebatarnos la paz social?

Nadie está respondiendo por el vandalismo que Ecuador, sus ciudades y sus ciudadanos sufrimos desde el jueves 3 de octubre, cuando los transportistas iniciaron su paro para inmovilizar al 80 por ciento de ecuatorianos que no dispone de vehículo propio. Tampoco hay quien responda por los ataques a edificios de organismos del estado como los del Congreso Nacional y de la Contraloría General.  Menos aún por las acciones de bandolerismo de quienes saquearon, destruyeron y atacaron a los trabajadores de empresas productoras de lácteos y de papel en Cotopaxi, así como a fincas florícolas y productoras de brócoli en Cotopaxi; o de quienes asaltaron a contenedores de un supermercado que trasladaban mercancía y alimentos a sus locales, en procura de proveer a los ecuatorianos de aquellos productos que escasean ya en los mercados de las ciudades.

Desde otro costado, no hay autoridad que se responsabilice por las golpizas que propinaron algunos uniformados a varios de los manifestantes; o por los desmanes que hemos advertido y que la fuerza pública no ha podido enfrentar como se espera de una policía profesional, que restablezca el orden pero que no reaccione de forma brutal o desmedida.

Y aunque todos hemos mirado videos, ciertos y reales sobre esas atrocidades, nadie encuentra a sus responsables. Sus rostros están visibles, pero… ¿quiénes serán? Tampoco parece que autoridad alguna conozca quiénes son los actores que abiertamente convocan a la destrucción del orden constitucional, y que tomen las medidas legales y constitucionales para enfrentar esta incitación a la anarquía. Varias de estas expresiones han sido acciones de terrorismo que han tenido como efecto mantener a los ciudadanos recluidos en sus espacios privados y hasta a silenciar sus voces en las redes sociales: no vaya a ser que alguno de sus contactos se enoje.

Yo no fui, dicen muchos.  Yo no fui, fue teté, dicen otros. ¿Quiénes son los que están desencadenando el caos y queriendo arrebatarnos la paz social?

Yo me animo a proponer una responsable, una culpable:  la cultura que nos heredó el correismo y que se mantiene viva y pujante, a pesar de que el ex presidente Correa esté ausente y algunos de sus compadres se encuentren prófugos, escondidos o encarcelados. Una cultura que permeó en casi todos los sectores de la sociedad, debilitó el lazo social, el sentido de comunidad y de solidaridad que nos animaba a los ecuatorianos y que ahora parece que están perdidos, o al menos debilitados.

Yo me animo a proponer una responsable, una culpable:  la cultura que nos heredó el correismo y que se mantiene viva y pujante, a pesar de que el ex presidente Correa esté ausente y algunos de sus compadres se encuentren prófugos, escondidos o encarcelados.

Una cultura que se caracterizó por 10 años de difusión de un discurso de odio, de resentimiento y de polarización.  De designar como enemigo a quien no concordaba absolutamente con nuestras posiciones, porque cada quien se sentía dueño de la verdad. Una cultura que abominó de la deliberación y de la discusión en todo espacio público y que para ello conformó piquetes de asalariados para atacar la disidencia y acallar en el espacio de lo virtual a quien discrepara.

Una cultura que se aprovechó de la frustración social de diferentes conglomerados de compatriotas para abonar y cultivar en ellos resentimientos y desconfianza, seguramente en muchos casos justificados.

Una cultura que desencadenó con sus efectos corrosivos la partición de los movimientos sociales. Dividió a las organizaciones de los pueblos indios, a las de los trabajadores, por citar las más fragmentadas, con el único objetivo de debilitarlas y deslegitimarlas como en esos momentos está acaeciendo.

Aquel mensaje de odio se alimentó con la coexistencia de los dobles y triples discursos y el distanciamiento de las palabras con las prácticas.  Como si solo importara la retórica y fueran irrelevantes las acciones de respeto y de comprensión hacia el otro, hacia el diferente. Estos son elementos generados desde la constitución correista, repleta de principios garantistas y plagada de prácticas represoras y de desconocimiento de todos los derechos humanos y de su plena vigencia. El triunfo pírrico de lo po-li-ti-ca-men-te co-rrec-to.

Frente a esto ¿qué nos corresponde a los ciudadanos? Podemos mantenernos en la indiferencia, en el silencio o en la inacción.  O hacernos cargo de nuestro pequeñísimo espacio de responsabilidad y asumirlo.  Con esto ya habremos hecho bastante. Somos 17 millones los ecuatorianos. ¿Cuántos asumiremos nuestra responsabilidad?

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