miércoles, marzo 4, 2026
Ideas
Carlos Rivera

Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

Dolarización a la ecuatoriana

Una buena explicación para la obsesión de los revolucionarios por la expansión forzosa de la liquidez de la economía y un financiamiento rápido al gobierno central es la esencia misma del populismo, que es estimular la demanda rápidamente para inflar una burbuja de prosperidad económica que le dé réditos políticos.

El 2024, el presidente Noboa apagó el incendio fiscal que encontró a fines del 2023, que amenazaba ser más fuerte que el incendio forestal de California de enero 2025, con medidas prudentes que alcanzaron la estabilidad económica y la sostenibilidad de las finanzas públicas. El siguiente reto es emprender una vigorosa dinámica de crecimiento económico y empleo, que permita alcanzar una convivencia más sana con el dólar. La política pública del gobierno está comprometida con esta causa y pondrá el acelerador a fondo de la inversión pública y privada con este objetivo.

En contraste, los bomberos de la revolución ciudadana en la perspectiva de un nuevo gobierno quieren apagar el “incendio”  conectando las mangueras a un tanque de gasolina con su propuesta de “dolarización a la ecuatoriana”, que no hace más que revivir sus propuestas históricas de “desdolarización buena” del 2020 o la “desdolarización ordenada y no morir en el intento”.

Debe destacarse que estas ideas no son nuevas, ni provienen de un ejercicio puramente teórico, ya que se aplicaron en la práctica en el gobierno del entonces presidente Correa a través de la expansión del balance del Banco Central, BC, entre el 2014 y el 2017, con una acreditación de más de 8 mil millones a las cuentas del MEF y bancos públicos. Esto a cambio de títulos que redujeron la cobertura del total de pasivos exigibles a menos de la mitad, además de reducir las propias reservas internacionales y la liquidez general del BC como efectos negativos de primer impacto. Como no hay almuerzo gratis en economía, el pago posterior de esta deuda ha significado una afección al equilibrio fiscal y un efecto crowding out nada despreciable con los consabidos efectos negativos en el crecimiento económico, no obstante de las otras medidas derivadas para poder apaciguar el efecto en las reservas internacionales, como fueron las restricciones comerciales e impuesto a la salida de divisas entre otros.

Una buena explicación para la extrema obsesión de los revolucionarios por la expansión forzosa de la liquidez de la economía y un financiamiento rápido al gobierno central es la esencia misma del populismo, del socialismo del siglo XXI, del foro de Sao Paulo o como quiera identificarse a la revolución ciudadana, que es estimular la demanda rápidamente para inflar una burbuja de prosperidad económica que le dé réditos políticos, a fin de poder sostener los otros y más importantes objetivos que están detrás de su proyecto político que es el manejo de la justicia y de los entes de control.

Como la dolarización es una verdadera camisa de fuerza para los revolucionarios y el dólar es extremadamente popular, no se atreven a buscar el camino de la desdolarización como tal, pero si buscan subterfugios como la expansión del balance del BC antes citada, o la búsqueda de una moneda paralela al dóla;  esto es, un dólar electrónico ecuatoriano o ecuadólar, que no es más que una apuesta por el rol del multiplicador monetario de los bancos comerciales.

Con el objetivo de tener efectos sentidos en la economía, el respaldo físico de esa moneda electrónica, uno a uno, obviamente que estaría en duda. Sobre todo el peligroso uso del dinero de los depositantes del BC por fuera del gobierno central precipitaría los primeros costos de esta propuesta, que pagarían los empleados públicos, proveedores y contratistas del Estado. Recibiendo sus pagos en la nueva moneda, al momento de realizar sus compras, el mercado les castigaría con un descuento que será función creciente del nivel de liquidez del banco central.

Posteriormente vendrá el ejercicio pleno de los principios activos de la Ley de Gresham, como consecuencia de esta demencial propuesta que activaría alarmas rojas y pondría en jaque la sostenibilidad del mercado financiero y de la propia dolarización. Si nos juegan una mala pasada las expectativas de cualquiera de los agentes económicos que tienen depositados sus dólares en el BC, estos pueden ser alentados a realizar corridas bancarias y/o fuga de capitales al perderse el respaldo de liquidez de sus depósitos en el BC.

No hay que olvidar que a un divorcio se llega por cualquiera de los cónyuges. En este caso, nosotros quisiéramos seguir casados con el dólar, pero éste nos puede botar.

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