En la célebre novela de Mario Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, uno de los personajes centrales empieza preguntándose cuándo se jodió el Perú. A lo largo del libro, la frase termina convertida en una suerte de credo para reflexionar también sobre las vidas individuales frustradas por la dura realidad. Sobre todo, las de aquellos personajes que en algún momento se propusieron grandes objetivos políticos o intelectuales para transformar su país.
La referencia puede ser extrapolada a nuestro país para intentar entender lo que nos ocurre hoy. ¿En qué momento la sociedad ecuatoriana se volvió tan conservadora? Porque no de otra manera se explica que dos binomios con una postura provida y contraria a los derechos de las mujeres hayan llegado a la segunda vuelta.
Otra explicación podría ser que los electores están demasiado agobiados por problemas urgentes y dramáticos (por ejemplo, la inseguridad y el desempleo) como para preocuparse por estos temas. Esperemos que así sea.
Lo cierto es que ni Luisa González ni Verónica Abad tienen el más mínimo empacho en proponerle al país sus convicciones más reaccionarias. Es más, ambas se vanaglorian de profesar ideas oscurantistas a propósito de temas como el aborto o la igualdad de derechos sexuales entre hombres y mujeres. En el caso de la candidata correista, la situación es todavía más vergonzosa, porque además de ser la titular del binomio se supone que responde a una propuesta progresista.
Hasta ahora no se ha escuchado a ninguna de las figuras y colectivos correistas auto designados feministas cuestionar estos pronunciamientos, a pesar de haber construido su imagen pública a partir de la agenda de los derechos de las mujeres. Seguramente no se atreven a contrariar al caudillo prófugo. O están a la espera de un improbable éxito electoral, para luego justificar su silencio desde las prebendas burocráticas y el autoritarismo.
Frente a esta encrucijada, el voto nulo en las próximas elecciones cobra más sentido. No se trata de un simple rechazo a las dos candidaturas. Ni tampoco de una actitud pasiva e indiferente, como algunos la quieren presentar.
Se trata de una decisión crucial frente a una agenda retrógrada global que se propaga por todo el planeta.
La ofensiva de los sectores conservadores no da tregua. Y tanto el patriarcado como el fundamentalismo machista encubren un proyecto de dominación que va mucho más allá que una embestida ideológica. Exactamente igual a lo que sucede con la arremetida extractivista en contra de los derechos de la naturaleza. Son parte sustancial del capitalismo.
Ya saldrán las sumisas seguidoras del patriarca de la revolución ciudadana a advertir que el voto nulo le hace el juego a la derecha. La pregunta de cajón es: ¿a cuál derecha? Porque en estricto rigor, no hay ninguna diferencia entre las dos propuestas.

