Ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso. Ser amigo es fatal.
Henry Kissinger
Un pletórico Donald Trump informaba sobre la exitosa misión de destrucción de instalaciones nucleares en Irán. Lo que más llamó la atención es que además de su euforia triunfalista en menos de quince segundos mencionó la palabra dios tres veces: “Y quiero agradecer a todos, en particular a dios, solo te quiero decir que te amamos dios y nosotros amamos a nuestro gran ejército, protégelos dios y bendice Medio Oriente.” ¿De qué teocracia iraní hablamos si la comparamos con la de Estados Unidos? Trump es un fanático religioso que representa al capital especulativo en estado salvaje. Al bombardear Irán, utilizando al ejército más poderoso del mundo, simplemente empezó a vender acciones para la tercera guerra mundial. Porque la guerra es el negocio más lucrativo para Estados Unidos.
José Saramago dijo alguna vez que el origen de todas las guerras era religioso.
Hoy, en 2025, con una tercera conflagración mundial en ciernes, esta frase tiene más vigencia. En 2003, George Bush justificó la invasión contra Irak por la sospecha de armas de destrucción masiva y porque Estados Unidos estaba del lado de dios. Obviamente, la guerra santa de occidente contra Saddam Hussein, el monstruo islamista que amenazaba al mundo, fue una completa farsa. Nunca encontraron las armas de destrucción masiva, sí destruyeron un país y asesinaron a decenas de miles de inocentes, todo en nombre de dios.
Ahora Donald Trump y sus secuaces republicanos defienden el apoyo incondicional a Israel porque es un mandato bíblico que está escrito en el Génesis. ¿Podemos estar regresando a un mundo de fundamentalismos tan tenebrosos como el que se dio en la Edad Media? ¿Qué tanta diferencia existe entre Osama bin Laden y Netanyahu o Trump?
Recordemos que lo que pretendía Osama era desestabilizar a Estados Unidos para que no invada militarmente Arabia Saudita y las ciudades sagradas de La Meca y Medina. Además, quería debilitar el poder geopolítico de Israel, todo desde el terrorismo, con la protección religiosa de Alá.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Primo Lévi dijo Dios no existe, Auschwitz sí. Hoy diría Dios no existe, Gaza sí. Lo grave es que el mundo “civilizado”, de las democracias europeas y norteamericana, no ha hecho absolutamente nada para frenar al sionismo que ha devenido en un nuevo tipo de fascismo, más cobarde que el del mismo Hitler. Más de 100.000 asesinatos en Gaza, perpetrados por el criminal de guerra Netanyahu, en menos de dos años ante la impavidez del mundo civilizado constituyen la distopía más grande del siglo XXI.
El poder económico de Israel es tan grande que controla el 60% de la industria cinematográfica norteamericana, la máxima productora de imaginarios en el mundo. Obviamente es dueño de las corporaciones mediáticas más grandes y tiene injerencia en la mayoría de las universidades. Y lleva 40 años deslegitimando a Irán, vendiendo la narrativa de que es una sociedad monstruosa y decadente.
Donald Trump utilizó 7 aviones B2 Spirit, que han lanzado 13 bombas de penetración masiva a las tres instalaciones nucleares claves de Irán. Al hacer estallar más de 15.000 kilogramos de explosivos en territorio iraní, el “pacificador” Trump simplemente se sumó a la cruzada sionista de Netanyahu que busca el control absoluto del Medio Oriente. Por cierto, el gobierno islamista del Ayatollah Alí Jameneí ha sido el único que se ha enfrentado a Israel. Ha disparado numerosos misiles sobre Tel Aviv y otras ciudades israelíes. El equilibrio geopolítico en Asia Occidental no lo logró la ONU, ni el mundo de las democracias de papel en la que vivimos, ha sido un país teocrático que se defendió ante las repetidas provocaciones militares de Israel. Irán es el único contrapeso que ha tenido Israel, la demonizada sociedad iraní ha dicho claramente a Netanyahu que quien siembra vientos cosecha tempestades.
El sociópata de Trump ha mostrado su faceta más putrefacta, al agredir a una nación que no poseía armas nucleares, basta recordar que Irán es signatario del tratado de no proliferación nuclear desde 1968. Además, la nación persa no ha invadido a ningún país vecino y no provocó militarmente a Estados Unidos. Trump ha violado el derecho internacional que prohíbe cualquier tipo de agresión militar si es que no se ha dado ningún ataque armado ya consumado ni ningún tipo de ataque inminente.
Gaza es un territorio donde se juega el destino de la humanidad. Si no detenemos el genocidio contra Palestina, fracasaremos como especie. Edward Said, el destacado filósofo palestino-estadounidense, proponía como solución para el conflicto entre Palestina e Israel, la construcción de un Estado único democrático y secular donde palestinos y judíos coexistan con igualdad de derechos y obligaciones. El problema es que mientras más avanza el capitalismo, versión libertaria, o neofascista, más crecen los fundamentalismos religiosos. El mundo libre, laico y democrático, se aleja en medio del estruendo de misiles y nuevas bendiciones de falsos profetas.
