Loja se cuenta entre las diez provincias con mayor extensión territorial del Ecuador. Con alrededor de 11.066 km2, supera incluso a jurisdicciones como Pichincha, Azuay, Los Ríos, El Oro, Imbabura, Tungurahua, entre otras. Esa condición geográfica conlleva a que la totalidad de su red vial, incluida la estatal, provincial y cantonal, superen los 6.400 kilómetros. De ahí la importancia, como se intuirá, de atender adecuadamente los problemas de carácter estructural que afectan su conectividad, producto de un deficiente mantenimiento de carreteras y caminos vecinales, esto como resultado del abandono histórico del gobierno central hacia la zona sur fronteriza.
Precisamente, a propósito de la reciente visita que realizó a Loja, el presidente Daniel Noboa, destacó esta preocupación en los lojanos y frente a lo cual el gobierno del “Nuevo Ecuador” apenas si mencionó, en un discurso por demás breve, la intención de ubicar 48 millones de dólares para intervenir algunos tramos de la red estatal. Entonces, si en lo concreto (aunque solo hasta ahora refrendado con palabras) llegasen a invertir ese monto (el cual es ciertamente marginal frente a las necesidades y dimensión del problema), esto quiere decir que, en promedio, el gobierno nacional asignaría a Loja un presupuesto de 7.500 dólares por kilómetro para atender las necesidades de mantenimiento y mejoras de seguridad vial, lo cual es absoluta y ridículamente insuficiente para dar respuesta a las justas demandas de la población y de los sectores productivos.
El desinterés del régimen frente al problema vial de Loja fue tal que ni siquiera se abrió un espacio en la agenda presidencial, para atender a los alcaldes de varios cantones, quienes fueron excluidos del diálogo con las autoridades de gobierno.
Nada se dijo, verbigracia, de la vía de cuatro carriles que conecte a la ciudad de Loja con su aeropuerto. Este ansiado proyecto se ha convertido en una especie de tomadura de pelo, que se lo desempolva cada vez que se aproxima un proceso electoral y donde las ofertas de campaña suelen inundar las alocuciones de aquellos charlatanes de feria que se aprovechan, una y otra vez, de la candidez de un pueblo que no es capaz de reconocer a los impostores.
El desinterés del régimen frente al problema vial de Loja fue tal que ni siquiera se abrió un espacio en la agenda presidencial, para atender a los alcaldes de varios cantones, quienes fueron excluidos del diálogo con las autoridades de gobierno, lo cual fue considerado, y con razón, como un desaire no sólo para los alcaldes ahí presentes sino, sobre todo, para las comunidades fronterizas representadas por sus respectivos burgomaestres quienes, además, deseaban plantear aspectos medulares como la necesidad de atender oportunamente las transferencias atrasadas, además del enorme problema económico surgido con el cierre de la frontera sur, en la provincia de Loja, lo cual tiene un impacto directo y negativo en el intercambio comercial entre las poblaciones de Ecuador y Perú, así como en el movimiento turístico, cultural, social, del que se nutre a diario la línea de frontera.
Ciertamente, la visita del presidente Daniel Noboa sirvió para que las instituciones dependientes del Ejecutivo, en horas previas al arribo del Primer Mandatario, cubrieran los baches y cráteres que definen lo calamitoso del estado en que se encuentran las vías de ingreso y salida con que cuenta la cabecera provincial. Se intentó, con poco resultado, una especie de ‘maquillaje express’.
En definitiva, se trató de una visita oficial llena de anuncios y ofrecimientos, muchos de ellos, sin plazos, responsables ni montos de ejecución. Entonces, ya veremos, dijo un ciego.
