lunes, febrero 23, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Generación Z: ¿Puriteens?

Ellos se miran sin mirarse, quieren conocerse, pero están más lejos que nunca porque lo que realmente les seduce es la pantalla plana del dispositivo de marco metálico.

Dos jóvenes en una cafetería beben mocachinos mientras conversan animadamente. Se miran con cierto interés, se sonríen, pero al mismo tiempo están pendientes de las diferentes notificaciones que reciben a sus teléfonos celulares. Por un lado, está el otro, existe un intento por conocer al otro, de mirarlo, pero por otro lado está la seducción tecnológica de la pantalla del móvil. La bifurcación narcisista se da, los jóvenes se distraen continuamente mostrándose nuevos contenidos de Instagram y Tiktok. Ellos se miran sin mirarse, quieren conocerse, pero están más lejos que nunca porque lo que realmente les seduce es la pantalla plana del dispositivo de marco metálico.  Pasan la cuenta de mi capuchino, lo pago y percibo la lejanía de todos como sociedad, grupo, humanidad.

Byung Chul Han, en La tonalidad del pensamiento, señala que actualmente el amor ha sido cosificado. Solo funciona como un objeto que debe generar sentimientos agradables y estar exento de negatividad. No existe el reconocimiento del otro, el amor tiene que ser pura positividad y debe estar ajeno a cualquier sentimiento que provoque tristeza. Por otro lado, el sexo debe ser cuantificable y valorado desde el rendimiento. Las ideas actuales sobre el amor y el sexo se encuentran reñidas con la capacidad de profundizar y conocer al otro y a uno mismo, a través de la otredad.

Esta oleada narcisista coincide con el aumento de las enfermedades de salud mental y con una paulatina disminución de las relaciones sexuales de los jóvenes de la generación Z (chicos nacidos entre 1997 y 2012). Varias investigaciones de universidades norteamericanas y europeas coinciden en cifras que señalan que entre el 35 y el 40% de chicos de esta generación, prácticamente no tienen sexo. La sociedad infocrática produce jóvenes conservadores, puriteens. Las cifras coinciden con la visión de Byung Chul Han respecto a las relaciones sociales digitalizadas e infocráticas donde la energía libidinal se ha reducido al yo.

El amor se ha limitado a una búsqueda de satisfacción personal y control sobre el otro. El exceso de consumo de información está provocando un impacto negativo en los seres humanos que buscan una satisfacción inmediata, totalmente digitalizada y exenta de interés por el otro. Entonces, si la nueva matriz social está marcada por la producción de relaciones algorítmicas y de alto rendimiento, de una u otra forma, el amor termina desintegrándose como búsqueda, a través de la alteridad, de algún sentido a nuestra existencia. La deshumanización brutal de la que habla Han tiene que ver con los nuevos patrones de relacionamiento de una generación que a partir de la pandemia creció con un temor progresivo hacia el contacto físico.

Sigmund Freud hablaba de que la energía libidinal debía ser canalizada hacia la relación y el conocimiento del otro. Allí podía encontrarse un equilibrio en la salud mental que fortalecería la resiliencia emocional y la autoestima de los individuos. Una sociedad narcisista termina siendo autodestructiva porque desaparece al otro y distorsiona la existencia humana. La mirada se reduce a realizarse selfies hasta la extenuación y buscar algún tipo de reconocimiento digital, se pierde el sentido de la mirada como eje de la seducción.

Para Jean Baudrillard, la seducción era un juego de signos y la mirada trascendía lo sexual, o terminaba siendo una dimensión de contacto simbólico que nos humanizaba al ser reconocidos por la mirada del otro. Sartre decía que la mirada del otro nos objetivaba, pero también desafiaba a practicar nuestra responsabilidad ética. Ahora las pantallas de los dispositivos crean la sensación de compañía a través de las diversas plataformas. Aquí no existe un juego de seducción sino un acto de consumo rápido y desechable del otro. Baudrillard planteaba que la seducción estaba en el misterio, en lo no dicho, hoy las redes sociales son un performance donde no hay misterio, todo está dicho porque el ser humano quiere exhibir su vida privada hasta el extremo.

En una conversación con mis estudiantes de la universidad sobre este tema, encontré, en ellos, una mayor desconexión con el mundo social, desde lo físico, porque lo social está totalmente mediado por lo virtual. En definitiva, estamos frente a una generación que se siente cómoda en sus burbujas tecnológicas donde no necesita profundizar en el misterio del descubrimiento del otro, para la mayoría es algo que se da por sentado o puede ser una experiencia aburrida. La otredad termina siendo un accesorio, una anécdota de lo social. La banalización de la relación con el otro nos está llevando a una sociedad más distópica, cada vez más alejada del humanismo existencial.

Qué seduce más: ¿la tecnología o la belleza?

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