Ya no sorprende que los victimarios sean los mismos que te ofrecen protección en el mundo digital, pues ellos son el antídoto y el veneno de la violencia digital. Esta afirmación surge debido a que en los últimos días tuve la suerte (o la desdicha) de leer unas “propuestas” tecno-solucionistas, que se presentan como “alternativas” para que los derechos de las personas y los niños no sean vulnerados por la era digital y la inteligencia artificial. Específicamente, por el uso de fotos para generar deepfake (ultrafalsificaciones) pornográficos u otro tipo de esas aberraciones, para las que solo tienen tiempo seres enfermos y codiciosos.
Inmediatamente me vinieron a la mente aquellas polémicas sentencias judiciales mediante las que se endilgaba la responsabilidad a una mujer de haber sido violada: por usar escote y falda corta. Ventajosamente, después, sentencias severamente criticadas y corregidas por tribunales superiores. Este último problema refleja el machismo de los jueces y la violencia estructural, a veces creada por el propio sistema.
Pero el tema central de este artículo, que trata sobre responsabilizar de la violencia digital al propio usuario, a más de ser un problema estructural y sistemático refleja mediocridad y codicia por parte de quienes ofrecen estas “alternativas”. Así, se proponía en uno de esos amarillistas posts entregar otra foto (sí, entregar nuevamente una foto con nuestros datos personales a quienes los explotan indiscriminadamente) para activar algunas herramientas administradas por las mismas empresas que deberían proteger nuestros datos, iniciando, de esta manera, un proceso de eliminación de datos de la red. Tecno-soluciones que no reflejan la realidad y el problema de raíz y que reproducen aquel lenguaje mundano:
No salgas a la calle para que no te roben, no uses falda corta para que no te violen, no subas fotos a la red para que no destruyan tu dignidad.
Este tipo de expresiones, alternativas y lenguajes reflejan el grave problema en el que nos encontramos ante el dominio del ciberespacio por parte del oligopolio digital, que no quiere ser regulado y que de paso se encarga, a través de su comunicación y manipulación masivas, de moldear el lenguaje y el pensamiento para hacernos creer que el problema somos nosotros y ellos lo adalides que solo traen “progreso y desarrollo”. Esto con adeptos inconscientes de lo que reproducen y comunican, sin que podamos visualizar el abismo sin fondo al que cada día nos arrastran. Y si de una medida de ciberseguridad se trata, de no exponer nuestros datos personales en la red, muy diferente es que se la recomiende por parte de los organismos de seguridad o de órganos competentes, a que sean los mismos que lucran de nuestros datos quienes, con ayuda de cualquier necesitado de likes y fama, los que nos impulse a ser revictimizados.
Y sin apartarnos del tema central, es importante mencionar que con la misma sutileza que nos dicen “si te expones es tu culpa y debes seguir alimentando mi base de datos para protegerte”. De esa misma forma, han implantado la falacia de que: “la regulación mata la innovación”, ingenuamente aun creída en países de Latinoamérica, pero superada en Europa (en parte), para evadir responsabilidades sobre la violencia digital, encargándose de que cuantos más enajenados la repitan, mejor. De eso va la estrategia, de manipulación. Seguir el juego de objetivos oscuros, incluido el lucrar también de la solución a la violencia. Ellos generan el problema y también la supuesta solución. Parece un juego de extorsión o vacunas en el que los mismos GDOs te ofrecen protección.
Pero no, el camino correcto para contrarrestar la violencia digital no es seguir entregando datos, ese es solo un fácil, pero, momentáneo atajo. Se requiere autoeducación, alfabetización, regulación responsable y técnica, incluso prohibición del uso de redes sociales a los menores de edad como ya lo vienen implementando Australia, Francia, Italia, Dinamarca, etc.
¿Se han preguntado por qué las grandes empresas tecnológicas no sugieren esta última alternativa? ¿Conocerán o se preguntaran las tecno-solucionistas ecuatorianas que es obligación de las empresas etiquetar el contenido sintético? Esto último, porque así lo dispone el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, y si bien no es parte de nuestro ordenamiento jurídico, es una directriz que debe ser implementada en nuestro país para que quienes ofrecen esos servicios y generan esos contenidos asuman su responsabilidad; no la propia víctima, como dice una nota publicada en Expreso: “Hoy, más que nunca, verificar, contrastar y pensar antes de compartir es una responsabilidad individual.”
¡No!, No sean tan irresponsables endosando la responsabilidad a la víctima. Es responsabilidad y obligación de las empresas etiquetar el contenido generado con IA.
El sendero florido no es seguir dejando el cuidado de las gallinas al lobo, ni que títulos amarillistas hagan publicidad de las subsidiarias. La experiencia que dejó el reciente caso de los deepfake sexuales, en el que uno de sus propios dueños sufrió las consecuencias, es prueba de que a todos nos pueden pasar. Solo ahí (tal vez) dejaran de ser instrumentos reproductores del daño y del discurso oligopólico. Pero que duro es leer que sean mujeres cosificadas las que arrastran a personas, niños y mujeres a ser instrumentalizadas mucho más.
