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Neoconservadurismo, paternidades y victimización: los desafíos del feminismo

feminismo

Por Cristina Vega (Programa Sociología y Estudios de Género FLACSO-Ecuador), Erika Arteaga Cruz (Doctorado Salud Colectiva/ Universidad Andina Simón Bolívar) y Clara Merino (Movimiento de Mujeres de Sectores Populares Luna Creciente)

Alrededor del globo vemos un recrudecimiento de la violencia y discriminación hacia las mujeres, al tiempo que asistimos a movilizaciones feministas sin precedentes. Varios colectivos académicos se han pronunciado respecto de la utilización de la retórica de la “ideología de género” como una estrategia de ataque contra las conquistas de derechos fundamentales de las mujeres y de las personas no heteronormativas. Desde la crítica se advierte un rearme de valores reaccionarios que aspira a consolidar la subalternidad de las mujeres y las personas no alineadas en el binario de género.12 Junto a estos discursos se producen otros, de corte liberal, que acogiéndose a principios abstractos de igualdad y ruptura de estereotipos entienden el cambio como el resultado de una equiparación formal entre mujeres y hombres en la legislación sin que ésta deba entenderse en relación a las dinámicas sociales.

En Ecuador la expresión de estas posiciones se da tanto en el contexto de los debates sobre la reforma del Código de la Niñez y la Adolescencia como durante los debates de la Ley de No Violencia contra la mujer o del Código Orgánico de la Salud.

El ejemplo paradigmático del derecho al aborto –que reconoce la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo- cobra sentido tras una década de “revolución ciudadana en salud”, que a pesar de haber implementado una inversión importante del presupuesto para construcción de infraestructura, no logró reducir mortalidad materna3. Una parte importante de esa inversión terminó en bolsillos privados de la industria/ complejo médico industrial y la tendencia en mortalidad materna no cambió debido a la regresión en derechos de las mujeres. A modo de contraste, un informe del International Journal of Gynecology and Obstretics coloca a Uruguay como el segundo país con menor mortalidad materna: pasó del 37.5% de muertes maternas en 2001- 2005 a SOLO el 8.1% en 2011-2015. Este importante avance para la salud pública se logró gracias a la implementación del modelo de reducción de riesgo y daños que causa el aborto inseguro y la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, aprobada en 20124. Esto pone de relieve que la consecución de los derechos de las mujeres ES fundamental para todos los países. En Ecuador, la escasa prioridad que tienen esos derechos para el Estado, más allá de los discursos grandilocuentes, no ha cambiado de manera sustancial. Basta mencionar la ausencia evidente del Gobierno ecuatoriano, a pesar de contar con una Jefa de la Diplomacia mujer, en la audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Bogotá el pasado 28 de febrero.5En Ecuador la expresión de estas posiciones se da tanto en el contexto de los debates sobre la reforma del Código de la Niñez y la Adolescencia como durante los debates de la Ley de No Violencia contra la mujer o del Código Orgánico de la Salud. En el curso de la aprobación de la  Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia de Género contra las Mujeres, el movimiento de mujeres tuvo que pelear dentro y fuera de la Asamblea para que no se incluya en el texto final de esa ley, justo aquella que se supone iba a prevenir/ reparar/ evitar la violencia marcada de género, la criminalización del aborto, de sus cuerpos y sus decisiones; la lucha fue dura, por fortuna, 48 hrs después primó la razón.

En un contexto mundial y nacional así de regresivos, no cabe duda que la academia y los debates que se propician en su entorno también incluyen esa tendencia. En este sentido, es necesario volver sobre algunos conceptos básicos en el desarrollo de los Estudios de Género y Feministas que parten de la idea, por lo demás sencilla y radical, de que las mujeres somos sujetos, y que el objetivo de cualquier análisis no es victimizar sino entender el cruce de desigualdades que se hayan en la base de la discriminación y las experiencias de abuso que experimentan muchas mujeres a lo largo y ancho de nuestra geografía. La inequidad marca la vida de las mujeres, es un hecho histórico y es un hecho que nos vemos compelidas a cambiar. Decir que las mujeres experimentan la desigualdad siendo víctimas de la misma por el hecho de ser mujeres no es lo mismo que fomentar el victimismo.

Resulta inverosímil hablar de victimización cuando se verifica lo siguiente:

Queda sí debatir y volver a abrir el espectro del intercambio de ideas en un ambiente deliberativo, libre de insultos y descalificaciones antifeministas. Eso se ha tratado de hacer en las universidades del país y se seguirá promoviendo siempre que el respeto sea la base del diálogo y de la construcción colectiva, y siempre que no se vulneren los derechos humanos.

En este camino, los desafíos que afrontan los feminismos incluyen:

Estos retos desplazan los lugares comunes sobre los que se atrincheran algunos sectores de un liberalismo neoconservador y nos invitan a incursionar en espacios donde reclamar la custodia sea reclamar un auténtico cambio para la sociedad. Los feminismos ya están en la tarea, y muchos hombres que quieren repensar su masculinidad y su paternidad, se están sumando.

 

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