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Prisión en EE.UU. o mansión en El Caribe: Maduro en su encrucijada

Maduro

Maduro en una de sus constantes alucuciones Foto: Presidencia de Venezuela

El cuestionado presidente venezolano Nicolás Maduro está viviendo sus peores horas. Pero, aunque se encuentra asediado, se mantiene inamovible en el poder, con las Fuerzas Armadas y la Seguridad como sus escuderos y los carteles del narcotráfico como sus garantes. Maduro lo tiene todo, pero le falta todo. El líder chavista sigue atrincherado sin señales de fisuras internas ante la escalada militar de EE. UU. Está cercado, pero será muy difícil que se caiga. El régimen chavista está firme, sigue atacando a sus interlocutores y ajustando cuentas con sus enemigos y reprimiendo.

No queda ninguna duda de que el régimen lo controla todo, está al mando y todavía cuenta con una base de respaldo popular, no tan grande como la que tuvo Hugo Chávez, pero suficiente para seguir atornillado en el poder. Las amenazas externas, en lugar de asustarlo han consolidado la tesis de la víctima que tanto le favorece para conservar un espacio de hegemonía.

Ni siquiera la concesión del Premio Nobel de la Paz a la opositora María Corina Machado ha frenado los ímpetus del mandatario que, aunque está casi aislado internacionalmente, todavía conserva el apoyo de algunos gobiernos -casi todos de talante autoritario-, como Rusia, Irán, Cuba, Nicaragua, Colombia y China (aunque la potencia asiática mira de reojo los últimos acontecimientos). Ni siquiera el Brasil de Lula o el Chile de Boric lo apoyan -más bien guardan un llamativo silencio-.

La tutela que hoy tiene la llamada revolución bolivariana sobre la sociedad no tiene precedentes en décadas, con niveles de censura casi totales y una sola verdad, la oficial, con el aparato de inteligencia por todo lado. Por eso, hay que tener cuidado con lo que se afirma en charlas privadas o en WhatsApp, mientras que las conversaciones en la calle -como las quejas en voz alta- no son tan seguras como antes. Y la figura de la opositora María Corina Machado, recién reconocida con el premio Nobel de la Paz, es un tabú porque no se puede hablar de ella en público.

Maduro es impopular, como su Gobierno, pero sigue atrincherado, en máxima alerta y con su diatriba antiimperialista llamando a la sociedad civil a enlistarse o para recibir subsidios estatales (cada vez más risibles), pero también involucrado en actividades culturales y musicales, mostrándose como un pacifista y humanista.

Varias personas participaron en una jornada de inscripción a la Milicia Bolivariana de Venezuela llevada a cabo en Caracas. Foto: EFE. Ronald Pena R

El chavismo empieza a sentir las amenazas y presiones de Washington, que ha atacado embarcaciones supuestamente cargadas de drogas en el Caribe. Las decisiones de Maduro muestran su preocupación por la crisis militar.

El partido Vente Venezuela, fundado por Machado, denunció que “la ola represiva” desatada por los cuerpos de seguridad del Estado “ha generado al menos 30 detenciones arbitrarias, y múltiples allanamientos”, sobre registros arbitrarios de viviendas. Se trata de operaciones realizadas “de manera violenta y sin orden judicial”.

La clase política chavista empieza a sentir las amenazas y presiones de Washington, que ha atacado embarcaciones supuestamente cargadas de drogas en el Caribe. Las decisiones del mandatario muestran su preocupación por la crisis militar y falta de previsión sobre las actuaciones de Trump a lo que se añaden múltiples problemas de gobernabilidad, un visible hartazgo de la población y el diagnóstico crítico, incluso dentro del oficialismo. Pero la cúpula sigue inamovible.

El mismo Maduro declaró ante medios estatales que “hoy en el alto mando político-militar de la revolución estamos más unidos y decididos que nunca en defender nuestra patria, imbéciles”, ante las tesis de medios estadounidenses, que señalan que existe una división entre los principales cuadros del régimen y rumores de reuniones de la CIA estadounidense con algunos altos cuadros del chavismo.

Maduro no va solo a ningún lado y ha ordenado el alistamiento de sus militantes y el despliegue de unidades militares en la línea costera del país y en las fronteras. Las ciudades abarrotadas de policías y el presidente apareciendo mucho, inaugurando hospitales, con adultos mayores y participando en actos con militantes. Al caer la tarde, las cadenas difunden sus actividades: Maduro visitando viviendas sociales, conversando con sus colaboradores o reuniéndose con algún colectivo, con buen humor y advertencias.

Tras decretar el estado de excepción por conmoción exterior ante la amenaza de EE. UU., Maduro adelantó nuevamente la Navidad, las celebraciones públicas, las vacaciones y un clima festivo. “Todos a rumbear”, dijo. “Rumbear, rumbear y rumbear”, ordenó.

Y de esa manera se sostiene en el poder, con una capacidad reconocida incluso por sus opositores. Desde el primer año de su Gobierno, cuando sucedió a Chávez tras su muerte (marzo 2013), ha logrado conservar las riendas y lo hace bajo mucha presión ante protestas, insurrecciones fallidas, negociaciones internacionales, sanciones, una economía quebrada, el rechazo internacional y pérdida de apoyo político.

Mientras la tensión diplomática y militar con EE. UU. crece a diario y se desconocen las potenciales consecuencias de la escalada, muchos analistas creen que si los estadounidenses atacan imprevistamente -algo que no asoma en los cálculos de Trump o de sus colaboradores- esto puede provocar un estallido de violencia en el país que va a ser muy difícil de controlar.

Maduro mantiene el control de los cuerpos de seguridad que han crecido en estos estos años. Los cuadros clave siguen leales a Maduro y, como en otros momentos críticos para el régimen, las Fuerzas Armadas, comandadas por el ministro, Vladimir Padrino López, sostienen su poder. No hay posibilidad de que haya en un futuro cercano una insubordinación castrense.

Maduro busca ser más prudente con trump. Los insultos en respuesta a los movimientos de Washington los hace cuidadosamente, apuntando sus dardos al secretario de Estado, Marco Rubio.

“Nicolás Maduro me ha ofrecido todo”, dijo Trump. “No quiere meterse con los Estados Unidos”. “Hace poco atacamos un submarino narcotraficante construido para transportar grandes cantidades de drogas. No era gente inocente”, añadió. Entre los tripulantes dos supervivientes que, según la agencia Reuters, están detenidos en un buque estadounidense sin saberse su futuro judicial.

Maduro busca ser más prudente. Los insultos en respuesta a los movimientos de Washington los hace cuidadosamente, apuntando sus dardos al secretario de Estado, Marco Rubio y contra los senadores republicanos que insisten en presionar al chavismo. Maduro pide la intervención de una comunidad internacional, a la que por mucho tiempo despreció, incluso a la propia ONU, con la que no tiene una buena relación por las denuncias de violaciones de derechos humanos a su Gobierno o del Vaticano (más bien distante tras la muerte de Francisco).

A principios de octubre, cuando cinco aviones de combate estadounidenses se estuvieron a 75 kilómetros de la costa venezolana, Maduro publicó un comunicado contra el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Para Trump, Maduro se ha reservado hasta halagos, dejando una puerta abierta a una negociación con Washington, diciendo que su objetivo es la paz. Pero, la posibilidad de que salga del poder es algo imposible para él.

Para el analista Andrés Oppenheimer la admisión pública de que Donald Trump ordenó operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela -incluso se habla de que fueron contactados los hermanos Delcy (actual vicepresidenta) y Jorge Rodríguez (presidente de la asamblea)- abrió las puertas a una salida que tendría como objetivo un “madurismo sin Maduro” que no conduzca a una restauración democrática en Venezuela.

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“Todo lo que ve y todo lo que oye”

Esta medida del gobernante venezolano busca que la propia población delate a quienes puedan estar en desacuerdo. Maduro pidió crear aplicación para que la gente reporte «todo lo que ve, todo lo que oye». El mandatario venezolano ordenó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) crear una aplicación telefónica para que la población reporte a las autoridades “las 24 horas de día”. El objetivo es fortalecer la inteligencia popular y seguir garantizando la paz. La creación de esta red de informantes, en un momento de máxima tensión política con EE. UU. y con el chavismo obsesionado con la seguridad nacional, se apoya en los mecanismos que la Fuerza Armada tiene dentro de la estructura del Gobierno.

“El sistema VenApp (aplicación creada por el Ejecutivo de Maduro) permite a los ciudadanos reportar problemas de servicios públicos y tiene una línea telefónica para presentar denuncias. Mientras aumenta la tensión diplomática y militar con Washington, el régimen bolivariano busca reforzar el ya férreo control político y social sobre la población.

Poco antes de este anuncio de Maduro, el ministro de Interior y de Justicia, el número dos del Gobierno, Diosdado Cabello, anunciaba la instalación masiva de cámaras de vigilancia “para reforzar la seguridad pública”, que se suma a la presencia de los cuerpos de seguridad del Estado en las calles, especialmente a altas horas de la noche, evidente en Caracas y en otras ciudades del país.

Los “patriotas cooperantes”, creados en 2011, son agentes informantes. Uno de sus promotores es el ministro Cabello, quien alude a infidencias o denuncias anónimas en sus programas de televisión para asustar a sus enemigos políticos.

Estas medidas podrían desembocar en un polémico decreto de conmoción exterior, anunciado por Maduro como una posibilidad, sobre todo si las tensiones con Washington siguen o si se produce una operación militar. Se trata de un decreto que interpreta, sin soporte constitucional, las atribuciones del Ejecutivo para imponer la seguridad y castigar a opositores al chavismo que, presuntamente, hayan fomentado “el asesinato de personas o acciones militares contra la patria” (cualquiera puede ser acusado de traición).

Este sistema de informantes, que ya ha sido usado en las pugnas con la oposición, no es nuevo. Los “patriotas cooperantes” son militantes y activistas chavistas que viven en las barriadas populares o urbanizaciones y reportan a las autoridades movimientos extraños o denuncian la conducta de terceros en momentos excepcionales como ocurrió en las protestas sociales antigubernamentales tras las elecciones presidenciales de julio de 2024 en donde hubo denuncias de un fraude fraguado por el régimen.

Los “patriotas cooperantes”, creados en 2011, tienen una intensidad variable como agentes informantes. Uno de sus promotores es el ministro Cabello, quien alude a infidencias o denuncias anónimas en sus programas de televisión para asustar a sus enemigos políticos. La mayoría de las mil personas que están presas desde las últimas elecciones, cuando salieron a protestar por el anuncio oficial que daba como ganador a Maduro, fueron delatadas por militantes chavistas y “patriotas cooperantes”.

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Tontos útiles y opositores

Y a Maduro le surgió un tonto útil que, por defenderlo, se está jugando el futuro de su país en las relaciones con EE. UU. Se trata del presidente colombiano Gustavo Petro quien, en uno de sus clásicos arrebatos, ante la acusación estadounidense de que en su gobierno ha aumentado el tráfico de drogas a EE. UU., respondió que “luchar contra el narcotráfico durante décadas me ha traído esta medida del gobierno de la misma sociedad a la que tanto ayudamos a reducir su consumo de cocaína”, refiriéndose a EE. UU. “Toda una paradoja, pero ni un paso atrás, y nunca de rodillas”.

Las tensiones entre el Gobierno de Petro y el presidente de EE.UU., Donald Trump, han aumentado, especialmente desde que la potencia norteamericana comenzó a incrementar la actividad militar en el sur del Caribe. El Departamento del Tesoro de EE.UU. anunció sanciones al presidente de Colombia, Gustavo Petro, “por su papel en el comercio mundial ilícito de drogas”. También fueron sancionados la esposa y el hijo de Petro, así como el ministro del Interior de Colombia. Todos ellos han sido incluidos en la llamada lista Clinton.

Como si se tratase de un Daniel Ortega cualquiera, ahora Maduro ha pedido que se le retire la nacionalidad al opositor exiliado en España, Leopoldo López. Este, quien estuvo en la cárcel por un largo período, declaró que esta decisión no tiene precedentes y muestra el grado de desesperación en el que se encuentra el régimen madurista. Muchos opositores sostienen que a Maduro le quedan dos opciones cuando todo acabe: “una prisión en EE. UU. o una mansión en el Caribe”.

 

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