Las dinámicas delincuenciales experimentan un repunte en Quito. Robos y extorsiones aumentaron considerablemente en el primer cuatrimestre del presente año. Las denuncias para cada delito suman, en este lapso, 4.890 y 280, respectivamente, de acuerdo con Fiscalía. Y, no obstante, se trata de un subregistro, por el temor de la ciudadanía a represalias por denunciar.
Desde los análisis de la Policía Judicial (PJ), una de las causas de este fenómeno es la reubicación hacia la capital de miembros de grupos delincuenciales que antes operaban en provincias en las cuales actualmente hay mayor presencia policial y militar.
Pero también han sido detectados otros casos en que delincuentes buscan la capital como “santuario” para continuar con sus acciones criminales a distancia. Nauris Aureliano E., por ejemplo, vivía en las afueras de Sangolquí, camino a las cascadas, y se hacía pasar por técnico en celulares e informática.

De acuerdo con las bitácoras de la Operación Gran Fénix 132, Aureliano es alias Mama Huevo, un sujeto venezolano que dice ser parte de Los Tiguerones y que lideraba redes de extorsión en la Nueva Prosperina, uno de los suburbios del noroccidente de Guayaquil. Las últimas semanas se dedicaba a este crimen desde el Valle de Los Chillos, al suroriente de Quito.
Así, un dato referencial que se maneja en la PJ es que por cada 100 casos de robo en la capital, un 60% tiene como principal involucrado a un delincuente que antes actuaba en Esmeraldas, Los Ríos o Guayas.
Zonas como Calderón y Cotocollao, al norte; Solanda, Chimbacalle y la Ferroviaria, al sur, y Tumbaco y Los Chillos, al oriente, registran una ola delictiva comparable con la que se vivía en la ciudad en 2023.
Los 4.890 robos denunciados en Quito superan en 496 a los denunciados en el mismo periodo en 2024. En este tipo de delito, la mayor cantidad se ubica en el robo a personas, seguido por el robo de piezas de vehículos (memorias, radios, retrovisores, puertas…).
El círculo vicioso del robo de celulares

En cuanto a robo a personas, uno de los casos más recurrentes es el robo de oportunidad, es decir, cuando el delincuente aprovecha una distracción o un descuido de una persona y se hace de sus pertenencias, principalmente de teléfonos celulares.
En este punto se inicia un círculo vicioso. Entre las personas que se atreven a denunciar el robo de sus equipos cuentan que los sistemas de rastreo de los dispositivos apuntan a tres sectores en particular: el Centro Comercial Montúfar, en el Centro Histórico de Quito, y el Mercado Las Cuadras y comercios populares en la zona de Caupicho, estos dos puntos en el suroccidente y suroriente de la capital, respectivamente.
Son tres puntos históricamente conocidos por las autoridades, sin una respuesta definitiva, por más que la Policía haga periódicos operativos. En el Centro Comercial Montúfar, el hecho curioso es que de sus 411 locales, el 96% tiene la Licencia Única para el Ejercicio de Actividades Económicas, emitida por el Municipio de Quito.
El Mercado Las Cuadras, también bajo control municipal, fue intervenido a finales de abril, en una operación interinstitucional entre Policía Nacional, Intendencia de Pichincha y las agencias metropolitanas de Control y de Coordinación del Comercio. Resultado: el decomiso de 50 celulares ante los cuales los comerciantes no pudieron mostrar documentación de respaldo, amén de una decena de relojes electrodomésticos menores y autopartes.
La razón recurrente de los comerciantes a quienes se retuvo dichos objetos es que ellos los adquieren a los recicladores o que ellos mismos los encuentran en los contenedores de basura. Sí: en Quito es usual hallar un iPhone 14 en esas circunstancias…
Luego, cuando se logra efectuar la trazabilidad de ciertos equipos telefónicos robados, la PJ ha encontrado que varios de ellos van a parar a las cárceles del país, en las cuales su ingreso y comercialización puede representar entre USD 800 y USD 1.200. Y en estos casos no se trata de equipos de gama alta.
En la cárcel de El Inca, el pasado jueves 15 de mayo, fueron incautados 113 celulares, tras la Operación Apolo 1. Los partes de esta acción dan cuenta de que estos equipos fueron empleados para determinar nuevos delitos en la capital, como extorsiones, sicariatos, reorganización de rutas de microtráfico, y robo y tráfico de autopartes.
Las mafias de las autopartes

En este último delito, en lo que va del año se han registrado 910 denuncias de bienes y autopartes, 823 por robo de vehículos y 429 por robo de motos. A muchos de estos automotores se les cambia las series alfanuméricas de sus motores, chasises y placas para emplearlos en la logística de robos y sicariatos.
Otros son desarmados para comercializar ilegalmente sus partes, en mecánicas clandestinas tanto del noroccidente como del suroriente de Quito. El jueves pasado, por ejemplo, la Policía se incautó de 200 componentes de vehículos (computadoras, radios, volantes, tableros, puertas, retrovisores) localizados en un taller en la Ferroviaria, al sur. El dueño no pudo justificar la procedencia de los objetos y fue detenido. Para más señas, en dicha mecánica se halló dos vehículos con sus series alfanuméricas adulteradas.
Extorsiones

En este hecho delictivo, en lo que va del año, se conocen 280 denuncias por extorsión, dos menos que todas las registradas en la capital a lo largo de 2020. Y este es uno de los delitos que menos se denuncia, por temor a represalias.
En esta dinámica, la PJ sostiene que pequeñas bandas involucran cada vez más a menores de edad y que varias se hacen pasar por miembros d grupos terroristas como Los Lobos, Los Choneros y Los Tiguerones.
Darío Q, por ejemplo, se salvó de ser linchado, a inicios de abril, cuando los comerciantes y vecinos de La Tola, en el centro oriente de la capital, se cansaron de sus amenazas con arma blanca. Este sujeto se identificaba como miembro de Los Lobos y actuaba en el Centro Histórico.
En todo caso, las extorsiones y los secuestros extorsivos parecieran reemplazar al microtráfico, en Quito, como el mecanismo más rápido para la consecución de dinero por parte de estas células criminales. ¿Con qué objetivo? Con el propósito de adquirir armas y municiones, y así aumentar su poder de fuego e incidencia criminal, y ponerse al “servicio logístico” de bandas más estructuradas.

